Rabia es la palabra

Con entrega y mucho sacrificio han pasado los últimos meses en el frente de batalla contra la pandemia. Ayer salieron de su clínica UMAE 48 de Alta Especialidad del Seguro Social para reclamar vacunas.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Con entrega y mucho sacrificio han pasado los últimos meses en el frente de batalla contra la pandemia. Ayer salieron de su clínica UMAE 48 de Alta Especialidad del Seguro Social para reclamar vacunas. Saben del dolor humano como nadie y comprenden a la perfección los estragos que causa el COVID-19. Y no por estar en hospitales que no atienden coronavirus directamente, están libres de la infección. 

A ellos se las prometieron antes que a nadie, como se ha hecho en todo el mundo. Primero doctores, enfermeras y personal de apoyo, ese es el protocolo. Sin embargo les ha ido mal, muy mal. México es el país donde más personal médico ha fallecido y no en números relativos sino en cuentas totales. Veinticuatro tan solo en Guanajuato. Miles más enfermaron, sufrieron la calamidad de un virus nuevo y desconocido. 

La mayoría trabajan tiempo extra en condiciones extraordinarias de tensión y ansiedad. Sus familias los acompañan en la mayor odisea de salud pública del siglo. También sufren, se angustian y viven la incertidumbre de un contagio. Todos sabemos que son los héroes, que reciben homenajes oficiales y el reconocimiento de la mayoría de los ciudadanos. Pero pareciera que no todos son iguales en el trato que les da el Gobierno y los jefes de la institución. 

Mientras Claudia Sheinbaum, jefa de gobierno de la CDMX, presume que todos los doctores de la capital están vacunados, nuestros doctores reciben un trato diferenciado. Ven que se vacuna a adultos mayores, a los “Servidores de la Nación” y a maestros de Campeche a quienes no les urge como a ellos. 

Cuando los vemos reclamar algo tan sencillo como una vacuna, pensamos que detrás de sus batas blancas y sus tapabocas hay cientos de historias de salvamento. Resulta vergonzoso que los hayan descuidado. La única palabra que puede describir lo que deben sentir es “rabia”. Porque enojo no es suficiente. 

Imaginemos qué sienten cuando ven que jóvenes “siervos de la Nación” reciben vacunas porque serán agentes políticos del partido en el poder y ellos quedan para después. O cuando la vacunación de adultos mayores comienza en zonas de bajo contagio en pueblos alejados. 

¿Dónde están sus líderes sindicales, dónde encontramos a los directores médicos, a los delegados?, ¿es tanto el temor al nuevo autoritarismo vertical que viene del centro? Sí, los adultos mayores son vulnerables, pero nadie como ellos que están en contacto diario con enfermos que pueden ser asintomáticos. 

La desorganización y las mentiras cotidianas de que “ya viene la vacuna, ya llegó y la recibimos con todo el gabinete”, sólo eleva el dolor, el ardor en la herida abierta. La rabia es la palabra. Y ni siquiera todos pueden mostrarla. Mientras algunos se manifiestan, otros tienen que seguir en el cuidado de los enfermos. Tal vez reclamen en tandas porque son lo suficientemente humanos y profesionales como para hacer una huelga o un paro en las condiciones que vivimos. 

Escuchamos un anuncio del Partido del Trabajo, ese palero de cualquiera, “dupliquemos el sueldo a los doctores, a los trabajadores de la salud”. Sinvergüenzas de la política: bien saben que es imposible hacerlo, pero lo anuncian como si fuéramos idiotas para creerles. 

Una vacuna, una simple vacuna para todo el personal es lo que urge, ¿será tan difícil que lo entiendan en la Secretaría de Salud, que lo comprenda Hugo López Gatell y Zoé Robledo del Seguro Social?

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