Opinión

Radiografía

Carlos Urzúa nos dio una mirada profunda de la actual Administración a siete meses de su inicio.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Carlos Urzúa nos dio una mirada profunda de la actual Administración a siete meses de su inicio. El exsecretario de Hacienda explica a la revista Proceso cada punto de la carta que había hecho pública con su renuncia. 

Es algo que sospechábamos pero no sabíamos: 

  1. Dentro del gabinete hay mentes lúcidas y preparadas como la de Urzúa que se opusieron al derroche y a la necedad de acabar con el proyecto del NAIM, en Texcoco.
  2. El escaso dinero de las finanzas públicas se debe utilizar para extraer petróleo y no para refinar el que no tenemos en Dos Bocas. 
  3. Los funcionarios públicos no pueden escogerse por capricho y compadrazgos (una forma de corrupción), sino por su competencia, palpablemente ausente en muchas designaciones, según el propio Urzúa. 
  4. El conflicto de intereses que representa para el Gobierno la presencia de Alfonso Romo por sus empresas familiares que podrían aprovechar la información privilegiada del jefe de la oficina del Presidente. 
  5. La urgencia de una reforma fiscal que ayude a mejorar las condiciones de vida de quienes menos tienen y hagan más justo el gasto público. 
  6. La importancia de invertir en proyectos de infraestructura que sean rentables socialmente y no ocurrencias. Aplauso al Tren Interoceánico y trompetillas al Tren Maya.
  7. La liberación de recursos públicos para acelerar el crecimiento con un espíritu “neokeynesiano”, como lo dice tener el exsecretario. 
  8. Respeto a los contratos que México adquiere como el del gasoducto de Texas a Tuxpan, fuente vital de energía para la operación presente y futura de nuestra industria. 
  9. El conflicto grave entre quienes no saben siquiera lo que es el Valor Presente de una inversión como lo es el octogenario Manuel Bartlett, quien está a punto de tronar al país por su visión estatista de los ochentas. 
  10. Un punto ciego que no dijo: una señal de rompimiento terrible con su jefe Andrés Manuel por alguna decisión demasiado grave para ventilar. 

Urzúa reconoce el poder político del Presidente, su capacidad de penetrar en las capas sociales y dijo que estaba: “Convencido de que es, por mucho, el mejor político vivo que existe hoy en México. Es muy impresionante verlo, tiene una inteligencia social extraordinaria”. 

El cumplido ayuda a suavizar la demoledora crítica que hace el economista sobre la operación del Gobierno. Porque, ¿de qué sirve toda la empatía social si se quiere gobernar de oídas, de “feeling” como si México fuera un tendajón antiguo?

La carta primero y luego la entrevista de Proceso son una radiografía que nos muestra parte del desastre, el que tiene que ver con las decisiones que afectan a la economía. Hay otras áreas expuestas como fue la carta de Germán Martínez del Seguro Social. En escala menor pero igualmente significativo fue el desmantelamiento de la Policía Federal con sus futuras consecuencias. 

Por más empatía social, carisma y popularidad que tenga “el mejor político de su generación”, será imposible llevar a México al crecimiento y el verdadero desarrollo. Ni siquiera las grandes dádivas en efectivo a jóvenes y viejos tendrán un efecto político a largo plazo. 

Urzúa nos recuerda con su visión y libertad que México no es Venezuela, qué hay gente honesta en lo material y en lo intelectual y se atreve a disentir, a decir la verdad.

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