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Redes con odio

La bilis invade las redes sociales y se mete a empellones en la agenda nacional. En Estados Unidos, los cuatro grandes del mundo digital ante el congreso estadounidense y el INE, Twitter y Facebook buscan cómo frenar las noticias falsas en las próximas elecciones. 

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Por: Sergio Aguayo

La bilis invade las redes sociales y se mete a empellones en la agenda nacional. En Estados Unidos, los cuatro grandes del mundo digital ante el congreso estadounidense y el INE, Twitter y Facebook buscan cómo frenar las noticias falsas en las próximas elecciones. 

La revolución tecnológica ha sido un medio formidable para diseminar información e ideas, para denunciar abusos y defender casos y causas y, lo mejor de todo, ¡conectarnos durante el aislamiento forzoso! También ha emponzoñado conciencia y convivencia. El anonimato es ideal para vomitar mentiras, plantar falsedades y aniquilar al “otro”. El periodismo es uno de los oficios más afectados. 

Quienes contamos con una tribuna permanente estamos sometidos a la presión brutal de los bandos, exigiendo obediencia a sus filias y fobias. Algunos resistimos y hacemos un esfuerzo por evitar la parcialidad intencionada; estoy convencido que la función de un columnista es opinar, después de pasar la información y la razón por los cedazos de la verificación y el método.

El rencor en las redes ha provocado las reacciones de los afectados. Crece el número de periodistas buscando formas para conectarse, sin afectar el trabajo intelectual o alterar el equilibrio emocional. Algunos la manejan como una adicción y regulan los momentos de acceso, otros abren cuentas anónimas para seguir lo que pasa, sin involucrarse en las riñas de cada día.  

También se han creado plataformas alternativas. Mastodon, por ejemplo, impone “normas de conducta mínimas para evitar mensajes sexistas, racistas, xenófobos, la pornografía infantil o la publicidad excesiva”. Entretanto, mil anunciantes lanzaron un boicot publicitario a Facebook, por su tolerancia a los mensajes falsos o difamatorios (la medida ha sido más llamativa que efectiva). Es un panorama que cambia constantemente.  La última semana fue particularmente importante. 

Los gobiernos buscan soluciones a los problemas económicos, políticos y culturales creados por la revolución digital y el subcomité antimonopolios del Comité Judicial de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, culminó un año de investigaciones con una audiencia virtual, en la que convocó a los directores de los cuatro mastodontes de ese universo: Alphabet (dueña de Google) Amazon, Apple y Facebook. Representantes demócratas y republicanos los cuestionaron sobre su control del comercio, las comunicaciones y el discurso público. En el otoño harán sus recomendaciones sobre las medidas que deberían tomarse para domar tanto poder. 

Algunas fuerzas políticas operan en sentido inverso. En España, el partido de ultraderecha Vox, presentó una iniciativa de ley para controlar a quienes verifican la veracidad de lo puesto en redes; quieren libertad para difundir su propaganda cargada de noticias falsas e inflamatorias. 

En México, el Consejo General del Instituto Nacional Electoral (INE) llegó a un acuerdo con Twitter y Facebook, para detectar noticias falsas y mejorar la fiscalización de las elecciones del próximo año. Casi al mismo tiempo, un funcionario de la cancillería propuso en El Paso la creación del instituto “César Chávez” para combatir el supremacismo, la discriminación y los discursos de odio contra inmigrantes en Estados Unidos. 

Al Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED) se le acumulan los pendientes. Este organismo público fue descabezado cuando su última titular renunció, después de una polémica en redes, en la cual fueron protagonistas un youtubero y la esposa del presidente. La nueva titular deberá abocarse a esclarecer un diferendo que enturbia el día a día: ¿contribuye el presidente a la polarización con sus ataques permanentes a medios y columnistas? ¿Existe una conjura de columnistas para desprestigiar al presidente? 

Mi generación fue incapaz de frenar el odio que se apoderó del ágora. Observo una polarización similar a la de los años sesenta cuando, en mi natal Jalisco, atacábamos a la gobiernista Federación de Estudiantes de Guadalajara con el grito de “mafiosos” y nos respondían con un despectivo “mugrosos”. Todos pagamos las consecuencias durante la Guerra Sucia. Todavía estamos a tiempo de actualizar la agenda nacional de riesgos para ponerle diques a esos rencores, que van erosionando una frágil cultura democrática. 

@sergioaguayo

Colaboró: Alfonso David Aparicio Bolaños.

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