Opinión

Requiem por un banco

El Banco del Ahorro Famsa, un modelo de institución financiera al que le llaman “banco tienda”, fue intervenido por las autoridades de Hacienda. Hay dos versiones sobre el hecho.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El Banco del Ahorro Famsa, un modelo de institución financiera al que le llaman “banco tienda”, fue intervenido por las autoridades de Hacienda. Hay dos versiones sobre el hecho. Para algunos tuvo que ver con una decisión precipitada del Gobierno; para otros era imposible sostenerlo en pie.

El problema es que el IPAB o Instituto para la Protección al Ahorro Bancario, tendrá que sacar entre 24 y 30 mil millones de pesos para liquidar los depósitos de sus clientes. Todo cuentahabiente con más de 2.4 millones de pesos perderá su ahorro. El Banco era uno de los pequeños en México. La Comisión Nacional Bancaria y de Valores reporta que a mayo pasado sus activos eran de 41 mil millones.

Algunos analistas dicen que el IPAB disminuirá un 40 por ciento de sus ahorros sólo para liquidar las garantías que da a los ahorradores. Si otro banco un poco más grande tuviera que ser liquidado, barrería con el IPAB. Entonces tendría que intervenir el Gobierno con un salvamento como lo hizo el Gran Zedillo con el invento del Fobaproa. ¿Qué tan lejos estamos de eso? Todo depende. Tomemos como ejemplo otro “banco tienda”. Banco Azteca, ese que se encargó de dispersar las dádivas de la 4T. Su capital es de 25 mil millones pero reporta pérdidas de 5 mil millones de pesos en abril y mayo. Si la situación de la economía no mejora, podría perder todo su capital en un año. Creemos que eso no sucederá. Rogamos al cielo que no pase.

También dicen fuentes cercanas a la banca que hay por lo menos cuatro bancos pequeños en problemas, no tan importantes como Famsa, pero que también harán olas en los mercados. Para los dueños de Famsa es una tragedia. A mayo aún reportaban un capital positivo de 5 mil millones. Una vida de ahorro y esfuerzo que se lleva el Covid-19 y la mala economía del país. Lo perdieron de un plumazo. Quienes les confiaron más de 2.4 millones, en sus cuentas individuales, perderán su ahorro. Un quebranto difícil de asimilar para familias de Nuevo León y de todo el país.

Cuando una empresa de ese tamaño muere, con ella se van miles de empleos. Desaparecen patrimonios, perdemos los proveedores, pierde el Gobierno ingresos por impuestos sobre la renta y por IVA en las ventas de sus tiendas. Si ese fenómeno se repite una y otra vez, disminuye el patrimonio de los mexicanos. Porque las empresas no son sólo de los accionistas. Es mito que nada más los empresarios pierden cuando quiebra un negocio.

Nada más ver lo que pasa en la Bolsa Mexicana de Valores espanta. Sólo leer la última minuta del Banco de México publicada ayer, nos hace reflexionar sobre el grave peligro que se avecina si prevalece la desunión, el encono y la austeridad gubernamental. Ya lo hemos planteado aquí. ¿Qué pasa si Aeroméxico se hunde? ¿Serán las líneas aéreas extranjeras quienes recojan los pedazos y las rutas abandonadas? ¿Cuánto perderían los hoteles de las playas, los restaurantes de los destinos turísticos y las empresas con una movilidad nacional disminuida? Aunque usted no lo crea, las empresas mexicanas y de capital extranjero afincadas en México son un patrimonio nacional. Sin ellas, sin su prosperidad, el país se hundiría en la desgracia, como Cuba y Venezuela. Dictaduras en la igualdad de la carencia.(Continuará)

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