Opinión

Resurrección

El reportero Hugo Alconada Mon, del periódico La Nación de Argentina, hace una entrevista extraordinaria a uno de los pensadores más lúcidos de nuestro tiempo: Jacques Attali. En ella, el intelectual francés estima que la salida de la pandemia será más larga de lo imaginado.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El reportero Hugo Alconada Mon, del periódico La Nación de Argentina, hace una entrevista extraordinaria a uno de los pensadores más lúcidos de nuestro tiempo: Jacques Attali. En ella, el intelectual francés estima que la salida de la pandemia será más larga de lo imaginado. 

Le dice al periodista argentino que: La humanidad aún no comprendió la profundidad de la crisis que se avecina y el costo de la resurrección”. 

Predice que la curva de la economía en el futuro cercano no será como una V o una “palomita Nike”. Va a ser una silla: bajaremos, luego estaremos estables y volveremos a bajar. 

Las inyecciones de dinero que todos los países dan a sus economías serán un paliativo que terminará pronto y comenzará lo que debiera ser una economía de guerra. 

Attali ve muchas industrias muertas (las alimentadas por el petróleo) y también avizora que surgirán otras alrededor de la llamada “economía de la vida”. Crecerán  “salud, educación, higiene, alimentación, agricultura y cultura digital”, dice el pensador. 

Además de lo que menciona, podemos agregar de nuestra cosecha que hay una aceleración de todo. Un dato: durante la pandemia 2 mil 500 millones de personas pasaron a trabajar en forma remota en apenas unos días. Un fenómeno que todos experimentamos y repercutirá en la forma de relacionarnos con los demás, en la optimización del tiempo y la productividad personal. 

El coronavirus nos cambió de cancha literalmente, pisamos terrenos desconocidos donde todos preguntamos qué pasó y qué sigue. La visión un tanto aguafiestas sobre la recuperación o la “resurrección” de la economía mundial contrasta con la esperanza del cambio hacia la protección de nuestro planeta. 

Los jóvenes aprenden rápido y seguro tendrán en el futuro las herramientas para descarbonizar nuestra atmósfera, limpiar los océanos y restituir la biósfera. Con la inteligencia artificial, las nuevas fuentes de energía limpia y el consumo de bienes “vitales”, nacerá una cultura nueva. 

Esta no será la gran depresión del Siglo XXI sino el gran bache de su tercera década. El conocimiento y la información multiplicarán las opciones para salir de la crisis. En la década anterior a la Segunda Guerra Mundial, tardaron en aprender los beneficios de la política sugerida por Keynes. Sufrieron por la ignorancia, por no saber que la falta de una intervención fuerte de los gobiernos era indispensable. 

Una lección que, 90 años después, no aprende nuestro gobierno actual. La economía nacional se hunde con una piedra amarrada al tobillo  de todos llamada Pemex. Tan sólo en el primer semestre del año, cada mexicano perdió por lo menos 5 mil pesos. Porque los 600 mil millones de pérdidas en la empresa “productiva del Estado”, tendrán que repartirse entre sus dueños. 

Apostar al petróleo, a la economía del carbón y el combustóleo, es ir exactamente hacia el pasado donde la pobreza y la desesperanza nos esperan. El futuro vital estará en las energías renovables, en fuentes de poder que verán la luz en pocos años como las celdas de hidrógeno o la fusión nuclear. 

En contrapunto de Attali, siempre estará el optimismo de Steven Pinker, o de Bill Gates quienes ven a largo plazo siempre las oportunidades que aportan las crisis. La humanidad estará mejor en el futuro que en el pasado. Siempre. La evolución es nuestra razón vital. 

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