Retornó…¡El día del Presidente! No estaba muerto…

Aunque el primer interruptor de un informe presidencial fue el diputado blanquiazul, Edmundo Gurza Villarreal, que paró en seco al entonces presidente López Portillo, para denunciar y reclamar fraude en Torreón, la izquierda resultó  manejadora del guillotinazo a la en ese tiempo pleitesía que se le rendía al Primer Mandatario.

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Por: Juan Aguilera Azpeitia

Aunque el primer interruptor de un informe presidencial fue el diputado blanquiazul, Edmundo Gurza Villarreal, que paró en seco al entonces presidente López Portillo, para denunciar y reclamar fraude en Torreón, la izquierda resultó  manejadora del guillotinazo a la en ese tiempo pleitesía que se le rendía al Primer Mandatario.

Ya no paseo triunfal por las callas del entonces Distrito Federal, con porras de acarreados que movilizaban los sectores del tricolor en el poder; tampoco hurras ni vítores de regreso a Palacio menos esa nada digna salutación cortesana y zalamera, organizada por el mismo poder entronizado.

Luego de muchas interrupciones al kilométrico documento que se llegó a denominar "la danza de los millones", en donde la izquierda se  lució con burletas y hasta máscaras porcinas,se le dio la puntilla al ceremonial, que parecía definitiva, cuando a Fox mandatario entonces, no se le dejó entrar al Palacio Legislativo de San Lázaro.

Para la toma de posesión de Felipe Calderón todas las izquierdas, de diversos tonos y ambiciones, se opusieron radicalmente a grado que el michoacano  hubo de entrar, con estrategia muy bien montada, por una puerta trasera. Y rápido el ceremonial y la banda, para ganarle  tiempo a las izquierdas.

A partir  de allí, el formato se cambió: ahora el Mandatario enviaría por escrito su informe, luego daría su mensaje desde Palacio y, si eran llamados los  secretarios a comparecer  ante legisladores,a "glosar", o sea aclarar dudas y términos o acciones, se presentaban; pero el Presidente ya no.

Se antojaba esa especie de acto reivindicatorio, como una forma de indicar que el Mandante es el pueblo que no tenía por qué rendir tributo a su representante.

Pero ahora, para profunda contradicción histórica la misma y definida izquierda, de todos los tonos, colores y extremismos, le da una vuelta al torniquete y resucita nada más y nada menos que: ¡El día del Presidente!.Y no  un día.

Con bombo y platillo, acarreos, dádivas y no solamente eso sino además la exaltación al Mandatario que ha tomado como tarea diaria no solamente informar, sino mostrar y publicitar, en ocasiones con nombres y apellidos, a quienes  no están de acuerdo con él, la nueva "democracia" se manifestó a todas luces y pulmón,en la plancha del zócalo este pasado día primero  del mes frente a Palacio, para escuchar las arengas, exhortos , señalamientos presidenciales.

Los acarreos resurgieron, renació el aplausómetro, lo mismo que las promesas desde la cumbre del poder.

Quienes tengan memoria sin ataduras ni compromisos, se van a dar o mejor dicho ya se dieron cuenta que la izquierda política ha retornado a su andar. Lo que veía mal, ahora le parece positivo, bueno y hasta necesario, o sea exaltar a un personaje y convertirlo en factotum, el poderoso en turno que marcha a la centralización del poder en forma absolutista.

Lo lamentable de estos hechos es que la Democracia, que significa pluralidad, divergencia, coincidencia razonada, se ve muy apabullada y hasta pulverizada con lo que el republicanismo casi expira.

Lo que ahora ocurre o sea la suma del poder en unas cuantas manos, es un reto, sobre todo para esta generación de ciudadanos, que si entienden que la diversidad razonada da equilibrio al gobierno, han de actuar, en su ámbito y momento por lograr que sea frenado el autoritarismo que está en marcha, desde el poder mismo.

Ya viene la Revocación de Mandato, un acto totalmente inútil e innecesario supuesto que, por una parte no estaba contemplado desde principio del presente sexenio y por la otra ya sabemos que la movilización de Morena está en marcha para mostrar fuerza y poder  numérico, pero por otro lado nadie, con un pelo de vivo discute la continuidad de AMLO, hasta el final de su sexenio, luego entonces se trata, al menos en este caso, de un artificio legaloide encaminado a darle fuerza al centralismo político.

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