Ricardo Anaya tiene la mesa puesta

Pronto se dio cuenta Ricardo Anaya: sus opiniones semanales en Youtube no lo iban a llevar a ningún lugar.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Pronto se dio cuenta Ricardo Anaya: sus opiniones semanales en Youtube no lo iban a llevar a ningún lugar. Unos minutos de críticas a Andrés Manuel y algunos comentarios sobre su libro recién publicado no le generaban más lectores y auditorio que el de la mayoría de “youtubers”.

Ahora habla con claridad sobre su intención de ser candidato de nueva cuenta en el 2024. Para lograrlo caminará por todo el país. Visitará mil municipios y verá a decenas de miles de personas para tomar el pulso de la nación. Ese es el camino correcto.

Ante la falta de un líder opositor real, Anaya podría hacer más, mucho más cosas para plantarse en el centro del debate político. Debe participar en todos los medios. Dondequiera que le den espacio a cualquier hora del día. Su presencia debe ser permanente. Hay varias razones para hacerlo: evitar que sea una sola voz la que tenga la audiencia política cautiva; alinear a la oposición en temas concretos; darle rostro al futuro.

Anaya no es carismático aunque denota inteligencia, agilidad mental y un profundo conocimiento del mundo en que vivimos. Le falta el fogueo fuera de las oficinas gubernamentales donde ha trabajado y en las telarañas de la vida partidista que por cierto dominó brincando a Felipe Calderón y a Margarita Zavala, quien era la candidata más popular en el PAN hace tres años.

Es una tarea de siembra de esperanzas, igual que lo hizo durante 15 años López Obrador quien cosechó su empeño gracias al carisma desarrollado untando tanto pueblo. También por la ayuda que le dieron tres sexenios anteriores de promesas incumplidas. Lo que necesita Ricardo para empezar es saberse líder de todos los disgustados con el actual sexenio. Cada día son más por el normal desgaste de cualquier político y por los desatinos  económicos del equipo que gobierna.

Guanajuato y Querétaro, su tierra, son dos de los estados que lo apoyaron y lo impulsarán sin duda. Recuerdo el resultado de la votación en la casilla al norte de León, donde me tocó ser secretario. La cuenta final en la elección federal fue de 470 votos a favor de Anaya, 33 para José Antonio Meade y 18 para López Obrador. Lo más azul de todo México.

Ricardo tiene puesta la mesa para entusiasmar a la oposición y convertirse en el líder que tanta falta le hace a México. Necesita escuchar mucho y hacer las paces con sus ex adversarios del PAN, comenzando por Felipe Calderón y Margarita Zavala. Algo que en otra circunstancia parecía tan imposible como la unión del PRI-PAN-PRD en su alianza “Va por México”. Sumar, sumar y sumar, son los tres actos de campaña que deben repetirse en los mil municipios que piensa visitar. Aunque se escuche repetitivo y copia del modelo de Morena, Anaya tiene que encabezar un movimiento hacia el futuro.

Puede alinearse hacia la ruta presidencial después de la elección de junio, cuando la tendencia natural de la alianza de la oposición tiende a disgregarse. Aunque sería mejor que inicie ya ese movimiento en apoyo del bloque opositor. Para ello es indispensable que se despoje del odio anidado en su alma después de la acusación que le hizo el PRI de malos manejos en plena campaña electoral. Al parecer está exonerado de ese presunto delito. Los priistas ahora no cuentan con un gallo para el 2024.

A muchos nos gustaría también que regresara Meade, quien es seguramente el hombre más preparado en el país para transformarlo desde la presidencia. Pero eso son figuraciones propias de la pandemia. Por lo pronto bienvenido de nueva cuenta Anaya, de tiempo completo, al ruedo político. 

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