Salud: cuando el desorden apremia

Puede ser válido tomar la afrenta epidemiológica actual como una contienda y bajo esta visión podrían aplicar algunos principios de estrategia de combate.

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Por: Dr. Juan Manuel Cisneros Carrasco

Puede ser válido tomar la afrenta epidemiológica actual como una contienda y bajo esta visión podrían aplicar algunos principios de estrategia de combate. Derivado de ello, se entiende que no reflexionar de manera seria sobre todo lo concerniente a este desafío, resulta en una indiferencia que puede llegar a transformarse en la pérdida de lo que nos es más preciado como bien personal, es decir, la salud.

El 24 de noviembre de 2021, Sudáfrica hizo la notificación a la Organización Mundial de la Salud sobre una nueva variante de SARS-CoV-2, identificada en muestras obtenidas en Botswana y pasados algunos días se empezó a hacer evidente que era una variante con una capacidad de propagación mucho mayor que el virus original.

Si bien la ventana de tiempo no fue demasiado amplia, el arribo de esta variante a nuestro país se pudo anticipar y es innegable que la planeación y diseño de estrategias para su atención, debieron establecerse para lidiar con esta nueva versión bajo condiciones sociales y económicas que son completamente distintas a las de hace dos años.

Sin embargo, a pesar de estas ventanas de “oportunidad” y de manera desafortunada, lastimosa y preocupante, sigue apelando un total y absoluto desorden en los distintos niveles de los sistemas sanitarios, que están de nuevo frente a un escenario de potencial colapso, que es de hacer notar, es diferente al que se vivió en oleadas anteriores.

Por ello, es importante hablar de algunas circunstancias que ocurren al día de hoy en diversos centros de atención hospitalaria, que son o deberían ser objeto de atención de los altos directivos en salud, para establecer medidas de atención, contención o resolución.

Una de ellas es el “desabasto” de personal clínico y asistencial en todas las categorías hospitalarias, derivado de esta nueva variante más eficiente en su transmisión, que origina brotes intrahospitalarios con la consecuente incapacidad resultante de los trabajadores, mermando la capacidad de respuesta de multitud de servicios, con el añadido de la reapertura y vuelta a la atención de otras condiciones de salud que no pueden esperar más tiempo para ser atendidas (consultas, cirugías programadas, terapéuticas de carácter ordinario, etc.).  Es notorio el aumento de tiempos de espera, largas filas y el malestar de los usuarios de los servicios.

De igual manera, es notoria la falta de un plan sensato o política pública de atención a la salud, que permita a los diferentes centros hospitalarios tomar decisiones razonables para continuar con la atención clínica, preservando la salud de los trabajadores. Las directrices centralizadas, muchas de ellas meramente cretinas, son fuente de generación, desarrollo, implementación y perfeccionamiento de procesos y procedimientos redundantes, anquilosados o simplemente disparatados, no acordes a las diversas realidades de las diferentes regiones, estados, localidades e incluso centros hospitalarios. La burocracia en salud y la pésima formación en administración y gestión de multitud de altos directivos se hace presente y redunda en una operatividad trastocada, realmente similar a un “ente sin cabeza”.

De igual manera, se percibe un tufo de “pues que pase lo que tenga que pasar” y lejos quedaron todas esas promesas de mejores condiciones para el personal de salud, generación de nuevas fuentes de empleo y garantía de abasto seguro y suficiente de insumos para la atención a esta nueva fase de contingencia.

Como se ha comentado anteriormente, apremia la desinformación, falta de educación y sensibilización con respecto a ponderación de riesgos y las autoridades en salud envían mensajes no solamente contradictorios, ahora incluso algunos tienen tintes locuaces (rayando en una negra comedia) que derivan en una población confundida, abandonada y entregada a su suerte. Realidad obscura que solamente nosotros, como población, podemos recomponer. Hagamos lo necesario.

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