Opinión

Si Guanajuato fuera un país (Un partido arcaico)

El partido que gobierna Guanajuato se convirtió en el instrumento de una secta de fanáticos religiosos encabezada por un “guía espiritual o moral” que tuvo a bien imponer a los últimos 5 gobernadores.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El partido que gobierna Guanajuato se convirtió en el instrumento de una secta de fanáticos religiosos encabezada por un “guía espiritual o moral” que tuvo a bien imponer a los últimos 5 gobernadores. Algo que ni el mejor discípulo de Plutarco Elías Calles hubiera soñado. 

El PAN, infestado por los dogmas religiosos anacrónicos de sectores de ultraderecha, vive como el PRI, esperando la señal de “arriba” para cualquier movimiento. 

Esa estructura tiene que cambiar para que a la representación popular lleguen los más capaces, los más preparados y no levantadedos. 

La falta de democracia interna en Acción Nacional y su obediencia pasiva al gran elector, disminuye su dimensión, su influencia en la vida cotidiana de los ciudadanos y se vuelve un simple instrumento electoral. Igualito al PRI de antaño. 

Esa aridez donde ningún partido brilla y donde ningún dirigente tiene estatura, muestra la tragedia de la política en Guanajuato. ¿Acaso sabemos cuáles son las propuestas de los líderes o, siquiera quiénes son y cuál es su trayectoria?

Para que exista un renacimiento político en Guanajuato necesitamos partidos con elecciones internas sancionadas por la autoridad electoral. Necesitamos instituciones abiertas a las ideas y a los jóvenes que no encuentran camino de participación. 

En nuestras universidades, en las empresas y en el sector público hay miles de jóvenes que podrían enriquecer la vida política de la entidad. Gente con ideales cuyo interés no tiene nada que ver con el puesto o la prebenda. Hay jóvenes con estudios avanzados, con preparación en otros países, desde maestros o doctores en ciencias y humanidades con la más alta calificación. 

¿Hemos visto pasar alguno por el PAN, el PRI o Morena? Los partidos tienen dirigentes mediocres adaptados a los “procesos” electorales donde deben ceñirse al “sí señor”. 

Juan Manuel Oliva fue ordenado por Elías Villegas; Miguel Márquez fue el indicado por Juan Manuel Oliva con la aprobación de Villegas y Diego Sinhue Rodríguez fue el indicado por Márquez para sucederlo. Un largo dedo donde el partido no tuvo mucho que ver, salvo la ratificación en lo interno y el triunfo electoral frente a competidores muy disminuidos. 

Si Guanajuato quiere trascender como ejemplo de vida política vibrante, se debe aceptar y tolerar la disidencia. No sólo se deben abrir esas puertas cerradas y cuidadas por “Pedro” del Yunque, el viejo cancerbero alejado de la realidad; es imperioso que haya una enjundiosa búsqueda de nuevos valores. 

Ninguna renovación, ningún cambio hacia el Primer Mundo en Guanajuato puede suceder sin un “golpe de timón” político. Hay una ventaja en la juventud de Diego Sinhue Rodríguez, quien aprende rápido y puede contemplar el horizonte del estado a dos o tres décadas de distancia. 

Su generación debe ser la responsable de hacer que el PAN mude de piel y retome su vocación en la mejor filosofía de la Democracia Cristiana. 

Frente a la amenaza del populismo y el regreso del viejo PRI envuelto en la cobija de Morena, el PAN local debió aprender la lección después de la derrota del 2012, después del ascenso de Andrés Manuel López Obrador. O resucitan a la vida democrática o pierden el poder en 5 años. 

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