Silencio suicida

Mi columna previa provocó fuerte reacción de empresarios, líderes de opinión y de las cúpulas empresariales mismas.

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Por: Jorge Suárez-Vélez

Mi columna previa provocó fuerte reacción de empresarios, líderes de opinión y de las cúpulas empresariales mismas. En un país donde el Presidente sostiene que el gobierno puede hacer mejor todo lo que la iniciativa privada hace (lo ha dicho literalmente), es difícil encontrar el espacio y tono con el que inversionistas privados se relacionan con el Estado.

Si la edad promedio de las 6 empresas más grandes en la bolsa de México es de 91 años, varias generaciones de empresarios han sobrevivido gobiernos de ideologías distintas. Pero desde la expropiación bancaria de 1982, ningún gobierno ha propuesto una medida tan letal como esta Reforma Bartlett.

Empresarios y cúpulas le cedieron a la 4T la narrativa en redes sociales y medios. Permitieron que verdades a medias o mentiras flagrantes se tatúen en el credo popular: todos los empresarios son perversos, la inversión extranjera implica pérdida de soberanía, la autosuficiencia (alimentaria, energética, etc.) es deseable, a Pemex le hizo falta más inversión para ser rentable, la CFE subsidió a las empresas, la escasez de medicamentos se debe a corrupción privada, México no se ha endeudado este sexenio y un larguísimo etcétera. Cada aseveración merecía ser desafiada y corregida por la oposición, pero también por cúpulas defendiendo no sus privilegios sino sus valores. Esa narrativa envenena el ecosistema del emprendimiento en México. Preguntémonos, de paso, por qué de febrero de 2020 a la fecha han salido 592 mil millones de pesos que extranjeros invertían en México. Sólo se oye un silencio suicida, tan estridente que es cómplice de la grave destrucción que padecemos.

No, la negociación entre cúpulas y gobierno ya no se puede confinar a un cuarto cerrado. No, porque los mexicanos tienen que entender el terrible futuro que nos aguarda si esta reforma prospera y mata de tajo a la inversión privada y cancela nuestro futuro. Hagamos el debate abierto y público. Forcemos a que todos escuchen las afirmaciones falaces de los funcionarios, pongámosle el reflector a cada mentira, ofreciendo el mejor antídoto: la verdad y los datos reales.

Las 6 empresas más grandes cotizando en la bolsa de EU tienen 29 años de edad promedio y valen 47 veces más que sus equivalentes en México. Apple sola vale 5 veces más que toda la Bolsa Mexicana de Valores. 5 de las 10 más grandes cotizando en EU son tecnológicas, 8 si consideramos a Tesla, Amazon y Alibaba como tales. ¿Cómo puede México integrarse en los sectores del futuro sin generar energía confiable, limpia y barata?

Pensemos en cuántos dispositivos, que antes no usábamos, hoy ponemos a cargar diario. ¿Cuánta energía requieren las poderosas computadoras nuevas? Brasil consume más de 5% de su generación total de energía sólo minando criptomonedas. También aumentará exponencialmente la demanda por electricidad para automóviles eléctricos y líneas de producción robotizadas. El gran reto será generar la energía indispensable sin asfixiarnos. Por eso se celebró la COP26 en Glasgow y por eso es inverosímil que nuestro Presidente no asistiera, que por sus complejos margine a México de un foro crucial. El tema no sólo es el "recibo de la luz", se trata de tener al menos la posibilidad de que seamos parte de cadenas de valor globales y de que nuestros emprendedores puedan innovar en blockchain y no sólo abriendo changarros. Este tema afectará a generaciones y, por ello, trasciende al sexenio.

La mayor falacia no desmentida es que todo en México estaba mal y que había que empezar de cero. Hasta 2017, el ingreso per cápita de México era mayor que el chino, tanto nominal ($9,224 vs. $8,612 dólares) como con paridad de poder de compra ($18,656 vs. $16,842). Evidentemente, hay mucho que podemos hacer mejor y colosales problemas por resolver (seguridad, corrupción, desigualdad, educación, falta de Estado de derecho, etc.). Pero no podemos volver a dinamitar lo que había para después comprobar que la alternativa era mucho peor. Y sí, esto empieza con las cúpulas empresariales asumiendo el rol histórico que les toca. Si no éstas, ¿quién?

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