Sobreviviendo a las pandemias

Está muy documentado en la historia de la humanidad, el efecto que han provocado las pandemias; cómo han creado crisis y éstas, a pesar de todo, han desarrollado más a la humanidad.

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Por: José Luis Palacio Blanco

Está muy documentado en la historia de la humanidad, el efecto que han provocado las pandemias; cómo han creado crisis y éstas, a pesar de todo, han desarrollado más a la humanidad. Tanto, que, a pesar de la viruela, del sarampión, de la mal llamada ‘gripe española’ de 1918, de la peste negra, y más recientemente, del VIH, nos hemos podido adaptar y sobrevivir. Tanto, que aquí seguimos. Nuestros ancestros pasaron por periodos traumáticos, pues si bien las epidemias y sus virus y sus bacterias amenazaron acabar con nosotros, con todo, sobrevivimos. 

Fueron también, hechos provocados por las colectividades humanas que marcaron la historia que vivieron nuestros ancestros. Hambre, guerras mundiales, recesiones, tecnologías mortíferas, que amenazaron con acabar a la humanidad. Y aquí seguimos. El sarampión, mató a más de 200 millones de personas, y creamos una vacuna. La ‘gripe española’ de 1918, mató a algunos de nuestros abuelos en México e iniciamos la cultura sanitaria. La peste negra que asoló a Europa a mediados del siglo XIV (un bacilo que se transmitía a través de parásitos como pulgas y piojos que vivían en roedores y en los propios humanos), provocó casi 50 millones de muertos. El VIH que hoy mata al 80% de los infectados y que se calculan hay 40 millones en el mundo, ha sido controlado parcialmente.  

Hoy, el coronavirus, el Covid-19, mata a miles de personas y su velocidad de contagio es sorprendente y no está lejana la fecha en que se obtendrá una vacuna, pues las pandemias mueven hoy a empresas globales que compiten para desarrollar un remedio y comercializarlo. Los lineamientos gubernamentales y la OMS (Organización Mundial de la Salud) para enfrentar la pandemia, nos movieron hacia la contención y al distanciamiento social. Y esto, a la recesión global, pues los seres humanos, a pesar de los enormes avances científicos y tecnológicos, tenemos miedo a las pandemias. La crisis del Covid-19, marcó ya este año, el 2020, en la historia, como el de la recesión global, con cambios enormes en nuestro estilo de vida. Uno de ellos, es que las grandes metrópolis son las más vulnerables a las pandemias, pues, aunque era previsible, las grandes concentraciones urbanas y la densidad poblacional, incrementen el contagio.

Otro aprendizaje, es que las economías locales tendrán mayor importancia, pues con sus ventajas competitivas reflejadas en mejores ingresos, exigirán (como ahora lo hace el norte de México con la iniciativa del Nortexit para separarse de la federación) mejores condiciones fiscales e incluso, la autonomía. El caso de Guanajuato, de Jalisco, de Nuevo León, de Aguascalientes, de Querétaro, es claro: reclaman equidad, y mejor trato fiscal para la devolución de sus impuestos tomados por la federación. Pero también la convivencia social estará más inmersa en las redes sociales para paliar el aislamiento; las fiestas virtuales, los encuentros de negocio, los acuerdos comerciales, se seguirán realizando más aceleradamente, por medio de plataformas digitales. 

La educación misma, cambió de golpe. La virtualidad, promovida en México durante 3 décadas por el ITESM ha sacudido a las grandes universidades tradicionales y al mismo gobierno que tendrá que reconocer que la escuela y su modalidad presencial, ya no es la principal fuente de conocimiento. Ya la industria, las aulas virtuales, la misma casa y los espacios de oficina, han mostrado en esta crisis, que son iguales o mejores que los sistemas tradicionales. Reconocimos a fuerza de realidades, la importancia que tiene el campo, la producción de alimentos y la cadena de suministro para que las provisiones, lleguen a hogares a través de puntos de venta que incluso se muestran en servicios a domicilio. La familia, en todos sus modelos, se ha recreado para tomar más importancia. 

La gran crisis mostró la vulnerabilidad del sector turístico por la falta de movilidad de la humanidad; la baja demanda cambió los precios del petróleo. Las empresas más flexibles e innovadoras crearon nuevos productos y servicios para esta nueva realidad. Los políticos y los gobiernos fueron rebasados por una sociedad dinámica y vibrante que reclamó respuestas que no obtuvo para enfrentar la pandemia. Salieron a flote esquemas de gobierno, como el del Gobierno federal de México, que no comprendieron –si no tarde–, la importancia que tiene el ejemplo en el distanciamiento social y las MiPyMEs como generadoras de empleo. 

Pero el más relevante de los hallazgos en mi opinión, fue redescubrir la importancia del sistema de salud público, pues sus lentas respuestas, su falta de financiamiento, mostraron en todo el mundo la realidad de su reducida capacidad de respuesta y a países como México, nos tomó con la creación del Insabi, la falta de inversión federal, el subejercicio de presupuesto y una cadena de suministro lenta para provocar reclamos enormes de parte de los derechohabientes y del personal de salud. Sin duda, saldremos de la pandemia, con o sin o a pesar del Gobierno. Será la ciudadanía, la esperanza en un futuro mejor, la que nos mueva para dar confianza a las siguientes generaciones, de que la humanidad sobrevivirá a las pandemias y creará mejores esquemas de vida compartida. 

*Consejero local del INE

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