Opinión

Todo el poder

El último presidente “imperial” que tuvo México fue Carlos Salinas de Gortari. Cuando el priista encarceló al líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, estableció una raya: nadie podía más que el Presidente. Aunque alguien tuviera la intención de regresar a esa época y gobernar como lo hizo Salinas, no es posible en esta era. El país cambió.

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Por: Enrique Gómez Orozco

El último presidente “imperial” que tuvo México fue Carlos Salinas de Gortari. Cuando el priista encarceló al líder petrolero Joaquín Hernández Galicia, “La Quina”, estableció una raya: nadie podía más que el Presidente. Aunque alguien tuviera la intención de regresar a esa época y gobernar como lo hizo Salinas, no es posible en esta era. El país cambió. 

Cuando a Salinas no le gustaba cómo gobernaba alguien, lo echaba del puesto aunque fuera un representante electo. De 32 gobernadores, Salinas removió a 14 sin siquiera despeinarse.

La crisis del agua en Chihuahua enfrenta al presidente López Obrador con el gobernador Javier Corral. Acusaciones vienen y van sobre el origen del pleito por la dotación de agua a los agricultores o al cumplimiento de acuerdos entre México y Estados Unidos. 

Detrás de todo hay una puja de poder. ¿Quién puede más, el Presidente de México o el Gobernador de Chihuahua? A primera vista la respuesta es simple: el Presidente de México, si tuviera la mayoría en el Congreso y en el Senado, podría influir para suspender poderes en ese estado. 

Cuando ganó la elección Ramón Aguirre, a Salinas le convenía que se fuera, que renunciara al cargo para ventilar la política frente a los norteamericanos. Fácil: le pidió su renuncia sin tener poder legal para hacerlo. Ramón accedió porque era un disciplinado priista o porque sabía que resistir era suicida frente al poder del Presidente. Salinas escogió con su dedito a Carlos Medina Plascencia, entonces alcalde panista de León. Tenía todo el poder. Como premio de consolación, Salinas le regaló un permiso para un banco, firmado por Pedro Aspe, entonces secretario de Hacienda. 

Como López Obrador no puede tirar a Javier Corral y el norteño responde cada vez que puede, entramos a un conflicto político desconocido. Para Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto y sus gobernantes opositores, lo más fácil fue llegar a acuerdos. Todos los conflictos se resolvían en bola en la Conferencia de Gobernadores o en lo particular cuando el problema era local. 

En tiempos de paz política los problemas se resuelven cediendo algo las partes. El “todo o nada” no funciona. Ahora juegan mucho la feria de vanidades. Lo normal es arreglar el problema con una reunión entre las partes. El diálogo tiene que ser el camino. El propio López Obrador menciona una y otra vez que no usará la fuerza para destrabar parones de tren o manifestaciones violentas como la toma de las oficinas de la CNDH

En una negociación de buena fe, los agricultores podrían negociar un volumen de agua para el próximo ciclo, la federación a su vez arreglar con los Estados Unidos plazo para cumplir. No habrá otra solución. A quienes destrozaron los controles de la presa La Boquilla se les deberá hacer cargos por daños al patrimonio de la CFE y a los elementos de la Guardia Nacional que asesinaron por la espalda a Jessica ‘S’, también tendrán que llevarlos a juicio. 

Javier Corral quiere mostrar que él no es lacayo del Presidente, que su estado es “libre y soberano”, pero eso puede traer complicaciones para su gobierno. Los estados necesitan de la federación y el Presidente requiere de paz para gobernar. Esperemos que prevalezca la razón y no la tozudez de dos políticos poco dispuestos a ceder.

Gracias al Sr. Raúl Gutiérrez y Montero por aclarar un error. El gobernador del Banco de México se llama Alejandro Díaz de León y no Alejandro González de León.

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