Opinión

Todos los caminos llevan a Peña Nieto

Por fin salió a la luz una presunta investigación de la Fiscalía General de la República a un ex presidente. La noticia filtrada a The Wall Street Journal por “funcionarios de alto nivel” es el primer indicio de que a un ex mandatario se le investiga.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Por fin salió a la luz una presunta investigación de la Fiscalía General de la República a un ex presidente. La noticia filtrada a The Wall Street Journal por “funcionarios de alto nivel” es el primer indicio de que a un ex mandatario se le investiga. Esto no tiene precedente. 

En su mañanera, el presidente López Obrador dijo que él no había iniciado alguna indagación, pero luego aseguró que la corrupción provenía desde primer nivel de gobierno. 

Parecería una contradicción: ¿por qué si sabe que la corrupción provino desde el primer nivel  no lo denuncia ante la Fiscalía? La respuesta está en que, por alguna razón que desconocemos, dejará que el fiscal Alejandro Gertz Manero declare, en fecha futura, que Emilio Lozoya diga que “él no se mandaba solo” y que detrás de todo estaba una conspiración para defraudar a Pemex desde la Presidencia de la República. 

La corrupción durante el pasado sexenio fue extensa y profunda. Tocó casi a todas las secretarías. Para los funcionarios fue el mayor libertinaje administrativo desde los días de Miguel Alemán. 

La primera señal fue la Casa Blanca, mansión que se mandó construir Enrique Peña Nieto desde antes de habitar Los Pinos, con dinero de la constructora Higa, favorita en el Estado de México durante su sexenio.

El golpe de la investigación realizada por Carmen Aristegui desestabilizó a Peña, al grado que tuvo que cancelar la construcción ya contratada del tren rápido México-Querétaro. Deshicieron los contratos con China, país que financiaría el proyecto, todo porque Higa estaba metida en el enjuague. 

Luego vendrían los escándalos de los gobernadores priistas que presuntamente patrocinaron su campaña. Javier Duarte, amparado en la idea de que nunca lo tocarían por ese apoyo, comenzó a robar como nunca un gobernador lo había hecho. César Duarte, de Chihuahua, tuvo que ser protegido por Peña Nieto para que no respondiera ante los desvíos realizados para el PRI. 

Luego vino el descubrimiento de la Estafa Maestra, un diseño perverso para sustraer 7 mil millones de pesos de fondos públicos a través de universidades estatales y empresas fantasma. La estafa sólo pudo darse con la autorización de Peña Nieto. 

Igual sucedió en Pemex y la compra de una planta chatarra de fertilizantes a Alonso Ancira, propietario de Altos Hornos de México. Como si eso fuera poco, la empresa OHL, concesionaria de varias carreteras de cuota, era patrocinada desde el poder para cobrar a su gusto. Qué decir de la empresa Odebrecht, patrocinadora también de la campaña del PRI y de sobornos para Lozoya. 

Podríamos continuar con los contratos de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, entregados a cercanos del poder como la familia de Jesús Murillo Karam.

Luego vino la corrupción del Poder Legislativo con la entrega de presupuesto a los diputados para que los repartieran en los municipios a cambio de hasta un 35% de comisión. 

Peña nunca imaginó que la marea de corrupción promovida y tolerada por él, traería el cambio que enterraría sus reformas y su partido. Para el fiscal Gertz Manero será imposible no llamarlo a cuentas. Lo único que espera es la luz verde con el presidente López Obrador. Tal vez sea más pronto de lo que creemos. 

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