‘Tractatus Logico-Philosophicus’

Una encuesta realizada entre departamentos de filosofía de universidades anglosajonas y escandinavas considera al libro “Tractatus Logico-Philosophicus”, escrito por Ludwig Wittgenstein y publicado hace cien años, en 1921, como: “el libro de filosofía más importante escrito en el siglo veinte” (junto con las “Investigaciones Filosóficas” del mismo autor).

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Por: Vicente Aboites

Una encuesta realizada entre departamentos de filosofía de universidades anglosajonas y escandinavas considera al libro “Tractatus Logico-Philosophicus”, escrito por Ludwig Wittgenstein y publicado hace cien años, en 1921, como: “el libro de filosofía más importante escrito en el siglo veinte” (junto con las “Investigaciones Filosóficas” del mismo autor).

No es tampoco sorprendente que, en las listas de los más importantes filósofos del mundo, digamos; los filósofos de “primera liga”, aparece Wittgenstein al lado de Platón, Aristóteles y Kant. En “segunda liga” hay grandes figuras como son Descartes, Leibniz y Spinoza, representantes del racionalismo, y, Locke, Hume y Berkeley, representantes del Idealismo. 

Posteriormente se tiene una plétora de distinguidos filósofos que están más o menos alejados en importancia de los incluidos en la primera y segunda lista de las “ligas mayores” de la filosofía. Se podrá estar o no estar de acuerdo con esta apreciación, pero ésta claramente sugiere que la importancia y originalidad del pensamiento de Wittgenstein es indiscutible.

El Tractatus fue el único libro que Wittgenstein publicó en vida, al morir se publicó otro titulado “Investigaciones Filosóficas”.  Es interesante que en este segundo libro critica mucho de lo escrito en el primer libro y por tanto se habla del “primer Wittgenstein” y del “segundo Wittgenstein”. La historia del Tractatus es fascinante.  Después de estudiar ingeniería mecánica en Berlín en donde se diplomó en 1908, Wittgenstein fue a Manchester a estudiar aeronáutica, sin embargo, la lectura de los libros; “Los principios de la matemática” de Bertrand Russel, y, “Los fundamentos de la aritmética” de Gottlob Frege, le causaron una profunda impresión. 

Por tanto, sin ninguna cita de por medio, en 1911 se presentó en la Universidad de Cambridge con Bertrand Russell para platicar sobre sus intereses filosóficos y preguntar si estos valían la pena o si era un idiota, en este último caso regresaría a Manchester a terminar su doctorado en aeronáutica. Russell quedó hondamente impresionado por la profundidad y originalidad del pensamiento de Wittgenstein y reconoció que estaba frente a un genio. Russell prologó el Tractatus de Wittgenstein y éste se publicó en una edición bilingüe alemán-ingles. Después de la primera guerra mundial Wittgenstein regresó a Cambridge en donde se le ofreció una plaza de profesor sin embargo dado que no estaba doctorado, por reglamentación universitaria interna no podían contratarlo. 

Para resolver este problema Russell tomó el Tractatus como tesis doctoral y junto con Moore realizaron el examen requerido, al terminar el examen Wittgenstein, dando una palmada al hombro de Russell y Moore, añadió, “no se preocupen, sé que no entendieron nada”. En el reporte del examen Moore escribió, coincidiendo con Russell, que se trataba del trabajo de un genio y que esa tesis doctoral estaba absolutamente arriba del nivel requerido.  

El Tractatus ejerció una profunda influencia entre los filósofos del positivismo lógico, del llamado Círculo de Viena, como Rudolf Carnap, quien escribió un interesantísimo artículo titulado “La superación de la metafísica mediante el análisis lógico del lenguaje”.  Por otra parte, el artículo “La filosofía del atomismo lógico” de Russell también está fuertemente influenciado por este libro.

El Tractatus esencialmente estudia las relaciones necesarias entre las palabras y las cosas en cualquier lenguaje y aplica estos resultados a diferentes áreas de la filosofía.  Se discuten las condiciones que un lenguaje lógicamente perfecto debe de satisfacer. Se concluye que la lógica tiene dos problemas al tratar con problemas simbólicos; i) las condiciones para el sentido o carencia de sentido de una combinación de símbolos, y ii) las condiciones de unicidad para el significado o referencia de una combinación de símbolos. Así mismo concluye que la mayoría de las preguntas y proposiciones de la filosofía no son falsas, simplemente carecen de sentido.

Esto ocurre debido a que muchas preguntas y proposiciones de los filósofos resultan del hecho de no comprender la lógica de nuestro lenguaje.  Wittgenstein afirma que nosotros hacemos representaciones de los hechos y estas representaciones (pictures) son un modelo de la realidad, la representación en sí misma es un hecho.

Se concluye de acuerdo a Russell, que toda proposición filosófica es simplemente el resultado de mala gramática y que lo mejor que podemos lograr a través de la discusión filosófica es mostrar que la discusión filosófica es un error.  

El Prólogo del Tractatus escrito por Bertrand Russell significativamente concluye que: “I find myself unable to be sure of the rightness of a theory, merely on the ground that I cannot see any point on which it is wrong” (soy incapaz de afirmar que una teoría es correcta a partir del hecho de que no pueda ver ningún punto en que sea incorrecta).

Las dos últimas proposiciones del Tractatus son:

Mis proposiciones son elucidaciones del modo siguiente: Quien me entiende, después de escalar a través de ellas hasta la cima, las reconoce como carentes de sentido. (Figurativamente diríamos: Después de usar la escalera para llegar al tope, debe tirar la escalera)

Sobre lo que no se puede hablar mejor es guardar silencio.

Con esto el primer Wittgenstein deja claro la carencia de sentido de las proposiciones filosóficas. El segundo Wittgenstein se encargará de refutar lo anterior.

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