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Trump puede alegar demencia

Queda preguntarse si Donald Trump goza de salud mental. Después del asalto al Capitolio, nadie imaginó que un presidente norteamericano podría enviar a sus seguidores fanatizados en contra de la mayor institución democrática de su país. 

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Por: Enrique Gómez Orozco

Queda preguntarse si Donald Trump goza de salud mental. Después del asalto al Capitolio, nadie imaginó que un presidente norteamericano podría enviar a sus seguidores fanatizados en contra de la mayor institución democrática de su país. 

Vimos películas tremendistas donde enemigos alienígenas desataron sus armas para volar la Casa Blanca o el Capitolio. También nos sorprendió la realidad de cómo los yihadistas de Al Qaeda robaban aviones para hacerlos explotar en el Pentágono y a un grupo de patriotas inmolados en el vuelo 93 de United Airlines en tierras de Pensilvania, para evitar estrellarse precisamente en la Casa Blanca. 

Sólo un lunático que pierde la elección y fabrica en su imaginación un robo electoral que nadie vio, se atreve, desde la Casa Blanca a encender los ánimos de miles para que tomen el Capitolio. Los abogados de Trump podrían establecer un caso de demencia senil, de ofuscación temporal o de afectación postraumática después de haber enfermado de Covid. 

En algunas fotografías de ayer, vemos a un Trump lívido y ajado. No hubo ya maquillaje suficiente para encenderle el rostro de naranja; ni siquiera en su mirada hay ya el fuego de odio que tenía hace una semana cuando arreó a las turbas en Washington. 

Por fortuna Estados Unidos tiene una verdadera división de poderes y el Congreso, al verse agredido, inicia un proceso legal para quitarlo de la Casa Blanca. En las dos semanas que faltan será difícil que Trump se vaya, aunque le convendría negociar su salida para que Mike Pence asumiera la presidencia por lo menos durante unas horas. Entonces el hoy vicepresidente podría darle el perdón a Trump, un último gesto de clemencia ante la tragedia que representa para Estados Unidos el ataque al Capitolio. 

Pence podría alegar locura, demencia, principio de Alzheimer o cualquier otra enfermedad mental. El problema sería cómo juzgar a sus seguidores, como establecer que esa paranoia fue transmitida a millones de norteamericanos primitivos. Hitler envenenó el alma de los alemanes y los hizo creer mil barbaridades hasta convertirlos en un pueblo criminal. Lo mismo pasó con Stalin

¿Puede suceder lo mismo en México? Con todo el poder en sus manos López Obrador podría perder la cordura. De hecho hay quienes ven una transformación real del líder en los últimos meses, a partir del desquiciamiento en la salud pública, la economía y la seguridad del país. La única forma de lograr un contrapeso es un Congreso plural e independiente. Aún así, ¿quién detendría a una turba violenta que allanara San Lázaro por órdenes del Presidente? Su respuesta es la correcta. Nadie.

Trump vive hoy la cruda de sus decisiones extraviadas, de sus mentiras vertidas desde la tribuna para tirar la elección. Fracasó y ahora es un “loser” o un perdedor, como tanto le gustaba hacer sentir a sus entrevistados en el show de “El Aprendiz”.

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