Opinión

Un gerente para la crisis (Un comité ciudadano de ayuda)

Un administrador de la crisis es una figura de centralización de fuerzas. En una emergencia, en una guerra como la que vivimos, necesitamos un “general” que apoye a la autoridad (Diego Sinhue) en la tarea de coordinar esfuerzos.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Un gerente para la crisis (Un comité ciudadano de ayuda)

Un gerente para la crisis (Un comité ciudadano de ayuda)

Navegando por Amazon Kindle Books, el Amazonas de los libros, encontré una joya inesperada:  “Administración Gubernamental de las Crisis”. Una edición recién publicada de estudiosos norteamericanos sobre desastres naturales.

El libro reúne varios artículos con diferentes ángulos, escritos como una reflexión de lo que se puede y debe hacer cuando hay catástrofes como el huracán Katrina que azotó a Nueva Orleans o el Maria que destruyó Puerto Rico.

Lo compré de inmediato en formato electrónico para no perder una hora de tiempo. Escogí dos temas fundamentales para iniciar el salvamento de nuestro amado Guanajuato. El primero trata sobre cómo en cada crisis, la FEMA o Federal Emergency Management Administration o Agencia Federal de Administración de Emergencias, nombra siempre a un “Crisis Manager” o gerente de la crisis.

El administrador de la crisis es alguien con capacidad y experiencia administrativa. Alguien que coordina el esfuerzo de Gobierno y sociedad civil para hacer un mejor frente al desastre. En el caso de huracanes, tornados o inundaciones, la mayor parte de las tareas son de reconstrucción, de regresar las zonas afectadas a la normalidad.

Otro tema tiene un nombre sugerente: “El Gobierno como jardinero: Cultivando el Medioambiente para la Respuesta del Sector Privado al Desastre”. Durante los desastres y destrozos en el Golfo de México, después del huracán Katrina en 2005, Walmart y McDonalds, junto con iglesias de culto y varios grupos comunitarios, ayudaron más a aliviar el sufrimiento de las víctimas que los diferentes niveles de Gobierno.

El argumento de Steven Horwitz, del Departamento de Economía de la Universidad Ball State de Muncie, Indiana, es que la respuesta de la FEMA fue tardía e incluso se criticó al presidente George Bush por su lenta respuesta ante la tragedia de Nueva Orleans. Una de las tareas del sector privado fue llevar comestibles y provisiones a los sectores más dañados para evitar rapiña y desorden.

Un administrador de la crisis es una figura de centralización de fuerzas. En una emergencia, en una guerra como la que vivimos, necesitamos un “general” que apoye a la autoridad (Diego Sinhue) en la tarea de coordinar esfuerzos.

El Gobernador puede delegar con grandes beneficios. Cargar con todo no es posible porque las tareas del

Ejecutivo son tan variadas que no hay tiempo para todo.

Al leer las recomendaciones de la autora del artículo, Amy LePore, de la organización Anthem Planning Inc. de Middletown, Delaware descubrí el papel que juega el administrador de la crisis. Su trabajo es enlazar el esfuerzo del Gobierno con el de la Sociedad Civil. Es quien dirige todas las acciones del “cuarto de guerra”. El Chairman of the Board o Presidente del Consejo, debe ser el Gobernador y el CEO o Director Ejecutivo, un ciudadano con extraordinarias habilidades de coordinación, alguien que conozca igual a banqueros que a líderes de cámaras y representantes de organizaciones sociales.

Luego platiqué con algunos empresarios para plantearles el tema, no tanto como intrusión en las responsabilidades políticas del Estado sino como investigación de las posibilidades de la idea. Me sorprendió el entusiasmo con el que participarían. No terminaba de platicar el tema cuando ya tenía una lista de nombres que aportarían ideas valiosas que no se me habían ocurrido.

Dos de ellas, tan sencillas como valiosas: pedir auxilio al fondo de pensiones del ISSEG para que no le falte parque al Gobierno en el financiamiento de la crisis. Otra: hablar con J.P. Morgan o alguna correduría y conseguir un crédito sindicado a largo plazo para el Estado. Sí, sé que se necesitaría la autorización de Hacienda. Hay que intentarlo a través de la banca local o de cualquier agujero legal que se pueda. Recordemos que estamos en guerra.

Son ideas que pueden articularse para tener una meta común que nos una a todos para que nadie sufra hambre, para que nadie quede fuera, para que seamos un ejemplo nacional. Si esperamos a que la Federación nos salve, nos vamos a hundir, como sucederá con muchas entidades menos preparadas.

Hay que invitar a la sociedad civil a participar en esta gesta y extender nuestros brazos de ayuda al Gobierno.

Como dije antes, la sorpresa es que hay cientos, miles de guanajuatenses que quieren compartir la carga. También sabemos que Diego Sinhue tendrá la visión y la determinación inquebrantable de ganar esta guerra. 

Ahora, debo terminar el libro para seguir narrando como, con las experiencias de otros, podemos mejorar nuestra respuesta al Covid-19.
(Continuará) 
 

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