Opinión

Un país empantanado (Primera parte)

El discurso sigue como un disco rayado que se repite una y otra vez, las ideas son simples: “acabaremos con la corrupción, daremos bienestar al pueblo y por el bien de todos primero los pobres”.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Las ideas son fáciles, la ejecución es lo difícil”.- John Doerr

El discurso sigue como un disco rayado que se repite una y otra vez, las ideas son simples: “acabaremos con la corrupción, daremos bienestar al pueblo y por el bien de todos primero los pobres”.

La voz no se cansa, es infatigable y se convierte en un sermón diario y hasta dominical, sin parar. Asombra la intensidad y la tenacidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, su esfuerzo de trabajo con 70, tal vez 80 horas por semana. Pero el país no avanza, algunas ideas son buenas pero no se ejecutan bien, otras, por ser ocurrencia, hundirán poco a poco la economía.

Mineros se acercan a AMLO en Chihuahua y le piden que no se cancele su empleo en una mina de la empresa Frisco, propiedad de Carlos Slim. Son ochenta trabajadores. El Presidente dice que hablará con Slim porque es una buena persona, un empresario humano. 

Es el mismo empresario que le pidió al presidente seguir con Texcoco, que daría empleo a más de 400 mil mexicanos e incidiría en el bienestar de otros 4 millones por lo menos. Firme, AMLO se lo negó. Prefirió su idea sin fundamento e inhumana de sustituirlo con Santa Lucía.

Son paradojas de la llamada “Cuarta Transformación”. La mala ejecución en las políticas públicas comienzan a erosionar el ánimo y la confianza de quienes invierten en el país, de quienes representan al menos el 75% del motor del crecimiento y desarrollo: la iniciativa privada.

Cualquier administrador, político o líder tiene que conocer las consecuencias de sus decisiones. Tomemos el caso de lo que dijo ayer respecto a los créditos del Infonavit.

Prometió cancelar todos los adeudos de quienes ya habían pagado suficiente. Tal vez se refería al capital original del crédito. Es un hecho que el Infonavit se convirtió en un banco cualquiera que presta a tasas impagables. Los saldos de los créditos sólo se reducían en función de la inflación, pero nunca en relación al ingreso de los trabajadores o a su monto nominal. Trabajadores seguían y siguen con la misma deuda después de años de pagar, con una atadura permanente.

El Presidente dice que eso se acabó, que se cancelarán esos créditos. Magnífica la liberación de los acreditados actuales, pésimo el resultado para las siguientes generaciones que no encontrarán a un Infonavit con suficientes recursos y reservas para cumplir a quienes tienen su ahorro en su fondo de jubilación.

Usar el machete para borrar miles de millones en créditos es una medida populista que no resuelve el problema de vivienda, sólo lo agrava. Lo que pueden hacer el Gobierno y el Infonavit es un programa gradual de alivio. Eliminar el pago de intereses mediante periodos de gracia; bajar la tasa de interés y planear a largo plazo las condiciones de cada acreditado o hacer reducciones parciales a la deuda.

Todo se puede hacer con modelos matemáticos para equilibrar el bienestar actual con el futuro posible del propio Instituto. El machete sólo destruye.

Muchos acreditados abandonan su casa porque saben que, a pesar de todo lo pagado durante años, su casa vale menos que el saldo del crédito. Es urgente corregir el problema. La idea de López Obrador es buena, el problema es la ejecución, como gran parte de los trastornos que sufriremos por decisiones mal tomadas y peor ejecutadas en esta 4T.

(Continuará)

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