Opinión

Una decisión suicida

El acuerdo para garantizar supuestamente la eficiencia del sistema eléctrico nacional, publicado el pasado 29 de abril debería ser considerado un día de luto nacional.

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Por: Francisco Martín Moreno

El acuerdo para garantizar supuestamente la eficiencia del sistema eléctrico nacional, publicado el pasado 29 de abril debería ser considerado un día de luto nacional para la economía, para la ecología y para la confianza internacional en México.

Al bloquear dicho acuerdo la entrada de nuevas centrales solares y eólicas en el sistema eléctrico nacional, no sólo significa un salto mortal regresivo en materia de uso de energías limpias y baratas, sino que viola la Constitución, la ley General de cambio climático, la ley General de la industria eléctrica, la ley de transición energética y el acuerdo de París y eso que AMLO protestó guardar y hacer guardar la Constitución y las leyes que de ella emanen y si no que la nación se lo demande.

Pues bien, en este momento le demanda airadamente lo siguiente: AMLO está obligado a someterse al artículo 4 de nuestra Carta Magna y respetar el derecho humano a un medio ambiente sano, porque las refinerías de Minatitlán, Tula, Cadereyta, Salina Cruz, Ciudad Madero, producen combustóleo, prohibido ya en buena parte del mundo, pero sí utilizado por las termoeléctricas de Pemex que al quemarlo, emiten en la atmósfera millones de toneladas de contaminantes altamente tóxicos como las cenizas, azufre y nitrógeno, que causan cáncer, además de enfermedades pulmonares, cardiovasculares, cerebrales y respiratorias y hasta la muerte prematura de 40,000 personas al año, cifra muy superior a los fallecimientos derivados del coronavirus.

Imposible olvidar que las personas con debilidades respiratorias son más propensas a ser víctimas del Covid, de ahí que se deba recurrir a energías limpias y mucho más baratas, como la eólica y la solar. 

AMLO está obligado a evitar la pérdida de 30,000 empleos y de casi 35,000 millones de dólares invertidos en instalaciones de energías limpias, si se les impide conectarse a las redes de CFE.

No debe ignorar a 7 gobernadores suscriptores de un manifiesto, por medio del cual rechazan no solo el uso del combustóleo que producirá veneno ambiental, además de descargas fatales en los mantos freáticos, sino la cancelación de las inversiones en energías limpias en sus estados que provocará desempleo, además de cuantiosas demandas internacionales por incumplimiento de convenios.

AMLO no puede despreciar, de acuerdo a convicciones anacrónicas absurdas, la existencia de 28 proyectos ecológicos nacionales e internacionales ni perjudicar a millones de familias de escasos recursos que podrían consumir energía eléctrica barata, la limpia, la solar, la eólica ni mucho menos archivar la queja de 18 embajadores de la Unión Europea que protestan por el atropello en contra sus inversionistas.

AMLO debe escuchar las voces de quienes denunciamos que la termoeléctrica de Tula y la refinería de Cadereyta, entre otras más, contaminan mortalmente a la Ciudad de México y a Monterrey, hecho demostrable desde que la contaminación no cedió al disminuirse sensiblemente el tráfico automovilístico citadino en ambas localidades.

AMLO debe entender, no solo que el combustóleo es veneno atmosférico, sino agregar que su producción en Pemex ha generado 1,100 millones de pérdidas al año, entre 2005 y 2017. Mientras que todo el mundo busca energías limpias y baratas al tratar de cuidar la salud y la economía de sus ciudadanos, AMLO da marcha atrás a la evolución ecológica de nuestros tiempos y recurre a los combustibles fósiles, con sus consecuentes riesgos para la salud y para la economía, nos acerca a otra crisis climática, viola la Constitución, los convenios internacionales y las leyes, envenena el medio ambiente, atenta contra los pobres, las personas de escasos recursos, contamina a las grandes urbes mexicanas y mientras tanto, la nación, en general ni se informa ni protesta.

La nación protesta ante una decisión sanitaria y suicida, le demanda al Presidente ver por la salud y el bienestar de la sociedad, en tanto, el Jefe de la Nación ignora las peticiones de auxilio y todavía invierte en refinerías tóxicas al precio que sea y con las consecuencias que sean con tal de salvar a Pemex: un cadáver insepulto.

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