Opinión

Una ficción infame

Ya es del conocimiento de la ciudadanía en general que existe una verdad histórica y legal sobre la autoría del asesinato de Luis Donaldo Colosio hace 25 años y que fue un sujeto de nombre Mario Aburto, quien fue condenado en primera y segunda instancia, así como también un juicio de amparo directo cuya protección jurídica le fue negada.

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Por: Paulino Lorea Hernández

Ya es del conocimiento de la ciudadanía en general que existe una verdad histórica y legal sobre la autoría del asesinato de Luis Donaldo Colosio hace 25 años y que fue un sujeto de nombre Mario Aburto, quien fue condenado en primera y segunda instancia, así como también un juicio de amparo directo cuya protección jurídica le fue negada. Actualmente compurga su condena por homicidio calificado a 45 años de prisión.
Pese a que indebidamente, una vez concluida la investigación de la Fiscalía Especial para ese caso, se continuó la misma por nuevos fiscales especiales en diversos periodos, la conclusión de todos fue la misma: un solo autor con las características sociales, económicas, anímicas y mentales del sentenciado Mario Aburto (leer “Ciudadano Cero”, Editorial Amazon año 2014, de Zamora Pierce, Jesús) y (Juan Velásquez, entrevista Milenio fecha 25/marzo/2019).
No obstante y pese al tiempo transcurrido, en nuestra sociedad se han producido dos fenómenos: 1) Por un lado, quienes aún eran unos niños en esa época (1994) ajenos a esos hechos y quienes aún no nacían, ahora son indiferentes en su mayoría a ese acontecimiento y ni siquiera lo comentan o si lo hacen, no ahondan en el mismo porque no les interesa. 
Fue muy significativo el cartón de FRAN del día del aniversario del asesinato (periódico am 23/marzo/2019) donde se representan dos jóvenes con su celular, y uno le pregunta al otro: ¿quién es Colosio? Y le contesta el interpelado “Es la nueva serie de Netflix”; lo cual denota claramente la indiferencia y desconocimiento sobre el tema. 
2) Por otro lado, quienes vivimos ese fatal suceso y estuvimos pendientes de las noticias sobre el proceso de investigación a su conclusión y que a la fecha sabemos del caso cuando es comentado.
Quienes tenemos afortunadamente una formación profesional en el estudio del Derecho, pues una de nuestras premisas es probar lo que se afirma y más aún el resultado de una investigación exhaustiva.
Sabemos que en el caso quedó acreditada la responsabilidad plena de Mario Aburto; todo lo que más se agregue o insinúe no son más que especulaciones, elucubraciones de aquel momento político que se vivía, pero nada más.
Desafortunadamente una gran porción de quienes al igual que nosotros también estuvieron pendientes del hecho y de las noticias, fueron presa fácil de otras versiones sobre confabulaciones políticas para asesinar a Colosio; de la participación oficial del gobierno de entonces; de montajes en los escenarios del crimen; de la existencia de “tres Aburtos”; y otras barbaridades.
Lo cual ha contribuido a que, para saciar esa morbosa atracción, se formalicen películas, documentales y recientemente una serie de ocho capítulos, aún 25 años después de ese episodio de la vida e historia real en México.
Estas manifestaciones fílmicas, novelescas pretenden ser arte y cultura, pero estimo que sólo son válidas como una forma de entretenimiento y solaz para los espectadores, máxime que constituyen ficciones que tratan de aprovechar las dudas que pudieran quedar por ignorancia sobre las particularidades y detalles del asunto.
Lo que no es válido es que en ese afán de obtener notoriedad y ganancias con un trabajo de esa naturaleza, se pisoteen la honra y el prestigio de quienes aún sobreviven y que fueron protagonistas de aquellos hechos entregando su esfuerzo y reputación por investigar y llegar a la verdad, exponiéndolos a  falsedades e inexactitudes en sus ficciones, pero utilizando nombres verdaderos y atribuyendo conductas deleznables, impropias, que rayan en la infamia y, por qué no decirlo, muy canallas, pues no son compatibles con la realidad.
Tal es el caso del Maestro Don Miguel Montes, un hombre probo, honesto y recto a carta cabal que como servidor público ha sido ejemplo para varias generaciones de abogados en México.
Mi apoyo total a su ética y moralidad intachables en la función pública donde ha servido y mi protesta formal contra esa grotesca versión plagada de mentiras e inexactitudes sobre un hecho histórico.

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