Opinión

Una nueva ANP municipal

Pasan por el lago la línea de drenaje de SAPAL y las aguas negras circulan sin tratamiento pues la planta de tratamiento fue abandonada hace años ¡y no la tiene en operación SAPAL! 

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Por: José Luis Palacios Blanco

Un área natural protegida (ANP) es un ecosistema que el Estado decide cuidar para que sea un patrimonio de las siguientes generaciones. 

Así como los países tienen “reservas de la biósfera” y los estados (como Guanajuato) tienen ANP, también es posible (y necesario) que los municipios hagan estas declaratorias para que sociedad, gobierno y empresas, canalicemos nuestros esfuerzos y preservemos esos ecosistemas. 

Pues bien, en este espacio por años, he presentado el caso del Parque Chapalita y cómo, con el paso del tiempo, hemos logrado acciones importantes para preservar ese ecosistema que debe ser declarado –y pronto-, por la autoridad municipal, como una ANP. 

En otras ocasiones a propósito de la escasez de agua en León y del último vestigio de venero que nos queda y que se ubica precisamente en el parque Chapalita, es que debemos hacer la declaratoria de ANP municipal.

Un venero es la corriente de agua que brota de un manantial. 

Para nosotros es algo inusual, maravilloso, extraordinario, pues ya sólo existe uno, el último, en León de donde brota el agua para al lago del Parque Chapalita para que puedan conocerle y protegerle. 

En el cerro de la colonia Arbide nace el agua, la toma el Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de León (SAPAL) y otra parte escurre allí. 

Pero unos vecinos pillos (no encuentro otra palabra), por años han arrojado escombro sobre los terrenos municipales que tiene en resguardo la Comisión Municipal del Deporte (Comude) y han creado una montaña enorme para hacer crecer sus terrenos a costa del predio donde brota el último venero. 

En completa impunidad, a pesar de las quejas y denuncias que hemos puesto algunos ciudadanos, rompieron hace años la cerca para crecer sus propiedades y desde el parque puede verse este monumento al robo de lo público para provecho privado. 

La declaratoria de ANP es necesaria para que esos 13 mil metros donde está el venero y donde se conserva flora y fauna endémica, se cuiden, y así evitar que los vecinos sigan robando terreno y que paguen el daño que se ha hecho al patrimonio municipal. 

Desconozco quién sea el propietario de esos predios que han crecido a costa de los terrenos municipales. 

Con una ANP municipal en Chapalita incrementaremos las redes vecinales que se lograron afianzar con el proyecto de remodelación que se está concluyendo con fondos federales y que incluye podas sanitarias de muérdago, áreas de deportes, reparación de luminarias y el foro del 
lago. 

Sin cultura de ahorro o de captación seguiremos en León acabando con el agua. Nuestros “veneros” originales se agotaron rápidamente: Como los que surgían de las cuatro elevaciones mayores: Cerro Gordo, Cerrito de Jerez, El Calvario y la Arbide.

Todavía hoy se puede ver el último venero, que, ayudado con dos pequeños escurrimientos laterales, formó como vaso regulador, hace más de 100 años el lago del Parque Chapalita. 
Pero el vaso se está acabando. La caída de agua del cerro de la Arbide fue aprovechada por SAPAL para bombear agua a su tanque y de allí bajarla por gravedad a la zona poniente de León para apagar nuestra sed. 

Pasan por el lago la línea de drenaje de SAPAL y las aguas negras circulan sin tratamiento pues la planta de tratamiento fue abandonada hace años ¡y no la tiene en operación SAPAL! 

Crear un ANP -como se lo expuse al Alcalde- es la verdadera sustentabilidad del Lago Chapalita donde ahora se construye una concha acústica para eventos culturales y deportivos que reconstruyan el tejido social de esta zona. 

Fabuloso: SAPAL recicla el agua negra de la Arbide y ya no la pasa por el lago sino la devuelve al lago, limpia. Asunto arreglado: habría lago para el futuro.

El último venero se puede hoy admirar y notar a pesar de la enorme montaña de escombro donde un vecino “muy vivo” ha pasado años ganando terreno al parque.

Todavía hoy se puede admirar cómo riega la flora de centenarios sauces llorones creando un microclima en una zona de propiedad municipal. 

Este venero es la última posibilidad de contemplar lo que fue la toma de agua centenaria de nuestros ancestros leoneses. Tendría que ser un museo vivo del agua.  

En estudios de prospectiva ambiental, nuestro terruño es un desierto, con migraciones de gente al exterior por la falta de agua. 

Para sostener este ecosistema deberíamos respetar, “venerar”, amar, al agua.

Nuestro último venero todavía se puede contemplar; lo protegeremos, denunciando hoy, el robo del predio municipal que debe ser declarado pronto una ANP municipal.
 

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