Valero y Dos Bocas

Si pensáramos en el país como la empresa de todos los mexicanos, apreciaríamos mejor  las aberraciones de la actual administración.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Si pensáramos en el país como la empresa de todos los mexicanos, apreciaríamos mejor  las aberraciones de la actual administración. Pongamos como ejemplo Pemex y la construcción de la refinería en Dos Bocas. Este año Pemex perderá unos 22 mil millones de dólares mientras que Dos Bocas costará más de 12 mil millones de dólares y no tiene para cuándo comenzar operaciones. 

Si Pemex estuviera en la Bolsa de Valores y fuera una empresa como cualquiera, lo primero que debería hacer es ajustar sus costos de producción, su plantilla de trabajadores, negociar con el sindicato las pensiones y darles participación de acciones para comprometerlos en el futuro de la institución. Sin embargo, como “todos somos dueños de la paraestatal”, de nadie es la responsabilidad de su productividad.  

Hace algunos años, alguien sensato sugirió que Pemex comprara Valero, la mayor refinadora de petróleo de Estados Unidos. Entonces el petróleo estaba a la baja, como ahora, y la empresa podía adquirirse barata y con crédito. 

Hoy las 15 refinerías de Valero, sus 6 mil 800 gasolineras y 11 plantas de etanol tienen un valor en el mercado de 16 mil millones de dólares. El año pasado tuvo utilidades de operación y su capacidad de refinar llega a los 3 millones de barriles diarios, por lo menos cinco veces de lo que se podría producir en Dos Bocas al cien por ciento de su capacidad. Valero tiene parques eólicos para generar 50 megavatios y si Pemex la comprara, no tendría que esperar el tiempo en que arrancará Dos Bocas. 

El Gobierno mexicano encabezado por la llamada 4T no tiene la menor idea de lo que son los negocios públicos. Con lo que va a invertir en la refinería de Tabasco podría comprar el control de la empresa texana. Tendría un destino asegurado para el petróleo y  muchísima inversión en investigación y desarrollo. 

Los países deben de verse como la empresa de todos los ciudadanos. En 40 años China multiplica su producción nacional 50 veces. En dos generaciones pasó de ser un país pobre y tercermundista a convertirse en la segunda potencia mundial. Japón y Europa no le vieron ni el polvo en su carrera de prosperidad. En 10 años será el número 1 del Siglo 21. Todo porque vieron que había negocio en fabricar de todo.

Despertaron en la población el ansia de la superación, y por qué no decirlo, la ambición de abandonar esa pobreza del comunismo y su planeación central. Hoy todo lo que hacen es con un afán de generar utilidades y crecimiento. Antes de que termine la década habrán eliminado la pobreza. Y lo harán por la fuerza, trasladando poblaciones completas de campesinos a las zonas urbanas donde mejor puedan producir, educarse y prosperar. 

Pensar que con trapiches, carbón, combustóleo y un sistema ferroviario congestionado por la voluntad de unos cuantos podremos prosperar es pura ignorancia. Nuestro país puede salir rápido del estancamiento si consideramos los recursos humanos como la verdadera fuente de riqueza, si explotamos racionalmente los recursos naturales y consideramos que el mundo es nuestra área de trabajo, como alguna vez lo consideró Singapur. Tarde o temprano regresaremos a ese camino, el único para prosperar. Al tiempo, la visión de Carlos Salinas de Gortari y la construcción del TLC nos convirtió en el principal exportador de Latinoamérica. México puede ser un gran negocio y tener utilidades para eliminar el hambre, la inseguridad, la ignorancia y la desigualdad. 

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