Vamos hacia la autocracia

Una autocracia es un gobierno de una persona sin limitaciones o contrapesos, que puede promulgar o modificar leyes a su antojo.

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Por: Jorge Suárez-Vélez

Una autocracia es un gobierno de una persona sin limitaciones o contrapesos, que puede promulgar o modificar leyes a su antojo. El gobierno de AMLO merece cada vez más ese calificativo. Lo confirma el proceso para aprobar la reforma a la Ley de la Industria Eléctrica "sin cambiarle ni una coma" como le exigió al líder a su bancada. El proceso de debate legislativo para mejorar una propuesta escuchando otras voces pasó a ser una contrariedad, un trámite engorroso que demora complacer al autócrata. Pasa intacta una propuesta que tendrá consecuencias terribles sobre el medio ambiente y la salud de los mexicanos, sobre la productividad de las empresas y la generación de empleos, sobre el bienestar y la economía de las familias. El autócrata sabe más y no acepta otro punto de vista.

Para el autócrata no hay datos que valgan. La CFE perdió 79 mil millones de pesos el año pasado a pesar de que, según el IMCO, ahorró 211 mil millones de pesos comprándole 56% de su energía a empresas privadas. Sin éstas, las pérdidas se multiplicarán y los apagones también. Las demandas por violar acuerdos pactados con socios nacionales y extranjeros podrían costarnos 400 mil millones de pesos que tiraremos a la basura. Recordemos que la Ley Combustóleo es inconstitucional.

Pemex, el otro capricho del autócrata, perdió 482 mil millones de pesos (de nuestro dinero) el año pasado. Ese dinero alcanzaría para comprar 53 aviones como el de Peña, o para vacunar 10 veces a todos los mexicanos. La producción de crudo ha caído a 1.67 millones de barriles diarios durante la 4T. Pemex es una tragedia que nos costará más cada año. Eso no importa. La prioridad del autócrata es consolidar su propio poder. Ya hartan las molestias que causa una pandemia inoportuna. Es mala leche reportar los muertos. Ya chole con las mujeres que se quejan de estar siendo discriminadas, ultrajadas y asesinadas. Estamos en el proceso de banalización del mal, al que hiciera referencia la brillante teórica política Hannah Arendt, donde se desarrolla indiferencia entre quien está en una posición de poder y la gente que sufre por sus decisiones. 

En su libro Sobreviviendo a la autocracia, Masha Gessen dice que ésta tiene tres etapas: en la "tentativa", todavía es posible detenerla por la vía democrática. En esta etapa, el autócrata en ciernes busca generar condiciones favorables (para su proyecto) en las cortes, los medios y en el Poder Legislativo. Ataca la credibilidad de los medios y de sus críticos, miente sin cesar y genera confusión informativa. Después viene un periodo de "ruptura" en el cual la vía democrática es ya imposible pues se vulnera al sistema electoral restándole credibilidad para fomentar abstención y permitir fraudes. Por último, viene el periodo de "consolidación" en el cual el autócrata, y quienes lo apoyan, acumulan poder y riqueza. 

La primera etapa de la autocracia lopezobradorista podría culminar el 6 de junio. Si la mayoría de Morena y sus satélites se arraigan, la fase de rompimiento será inevitable. Ya vemos el ataque inmisericorde a medios como éste donde escribo, donde el acoso a anunciantes es ya flagrante. 

La 4T ha tenido éxito polarizándonos, dividiéndonos. Mientras estamos ocupados discutiendo la ocurrencia Mañanera, la destrucción institucional, financiera y reputacional de México ocurre. Como dice el historiador Tim Snyder, hemos pasado de ser una sociedad sustentada en la confianza a una que lo está en las creencias. Éramos una sociedad en la que confiábamos en que los demás tenían los mismos intereses que nosotros -patriotismo, búsqueda del bienestar de nuestras familias- donde confiábamos en que teníamos acceso a la misma información, aunque a veces tuviéramos puntos de vista distintos. Ahora, la gente sólo confía en quien cree lo mismo que ellos. Con preocupante frecuencia, "estás conmigo o contra mí". Creen sólo en medios que reflejen la realidad como ellos la ven, o en redes sociales en las que sus sesgos se acaban volviendo certezas, haciéndoles más fácil desconfiar de quien los cuestiona. 

Si no abrimos los ojos pronto, cuando lo hagamos será tarde y esta autocracia será irreversible.

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