Víctimas de una extorsión

Primero te robo y luego te quiero vender lo que te robé. Esa es la historia del Estadio León.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Primero te robo y luego te quiero vender lo que te robé. Esa es la historia del Estadio León. La ineptitud de ayuntamientos anteriores de la ciudad, permitieron que un bien público quedara en manos de particulares. Un descuido legal del Municipio, una pésima defensa y una increíble extinción de un fideicomiso entregaron a Roberto Zermeño y a Héctor González la propiedad del estadio que desde hace medio siglo era del Club León.

La historia la conocemos de sobra: Juan José Torres Landa entregó los terrenos en los sesentas para que el equipo saliera de La Martinica a un estadio nuevo y glamuroso para la época. Con el tiempo el bien sirvió de palanca para crédito, y ayudó a financiar la operación del equipo en tiempos de dificultad. Nadie podría objetarlo. Ahora el bien público se convirtió en privado porque la autoridad nunca supo defenderlo.

De pronto resulta que estadio y terrenos aledaños pertenecen a quien, por descuido de la autoridad panista, permitió que se saliera de la legítima propiedad de la comuna y la afición. Todos saben que fue un truco, un despojo. Ahora quienes maniobraron para quedárselo quieren venderlo en 500 o 700 millones a sus originales dueños. Lo más sorprendente es que el gobierno estatal y el municipal están dispuestos a sacar de las bolsas de los contribuyentes el monto de esa extorsión.

Lo quieren comprar para quedar bien con la afición cuando sería un atentado contra la ética y un terrible ejemplo político y social. De cerca y de lejos vemos falta de carácter y capacidad para enfrentar con todo al extorsionador. El Gobierno tiene los medios para disuadir a los presuntos dueños con medidas legales.

El Ayuntamiento de León puede definir el uso de suelo de ese predio para ahuyentar la intención de venderlo al mejor postor; puede litigar ad infinitum su destino y frenar cualquier compraventa. Puede, en síntesis, negociar bajo una posición de poder que el atraco no de frutos a los atracadores.

La salida fácil es firmar un cheque con fondos públicos para que el León pueda seguir en su original campo de juego. Pobre lección de dignidad. Quienes se ostentan como dueños legales del estadio amenazan con echar a La Fiera, dejarla sin guarida como si fuera el único lugar donde puede jugar. Preferible acondicionar un estadio en la deportiva Enrique Fernández Martinez o en el Seguro Social o en cualquier lugar con tribunas temporales; preferible que jueguen en un campo llanero que permitir la extorsión, el chantaje y la vergüenza que viviría por siempre de dilapidar fondos públicos y premiar a quienes, a ojos de la afición, despojaron al León de su estadio.

Qué decir de los palcohabientes, quienes no hemos sido vencidos en juicio sobre el derecho y la propiedad legítima de lo que pagamos para ver al equipo durante 99 años. Hay historias verdaderas de robo de palcos por parte de quienes hoy se ostentan como dueños. Tenemos pruebas. Tengo pruebas. Hoy quieren robarse todos los palcos. Todos. Palcos que por lo menos valen entre 500 mil pesos y un millón. ¿Acaso Zermeño y González pagarán ese dinero a sus legítimos propietarios? No lo creo.

Si el Gobierno dispone premiar la extorsión y la chicanería legal por razones políticas o electorales, quedará marcado el Ayuntamiento y el gobierno estatal  como cómplices del atraco. Sólo tienen que recordar: La Fiera somos todos. No usen fondos públicos para pagar la extorsión. 

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