Opinión

Visión equivocada

De nuevo el presidente López Obrador vuelve a la carga contra las “grandes empresas”. Dice que no va a rescatarlas, que los empresarios deben hacerlo.

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Por: Enrique Gómez Orozco

De nuevo el presidente López Obrador vuelve a la carga contra las “grandes empresas”. Dice que no va a rescatarlas, que los empresarios deben hacerlo. Una decisión incorrecta y perdedora para el mismo Gobierno.

Tomemos como ejemplo Aeroméxico, la mayor línea aérea del país y una de las grandes de Latinoamérica. Sus vuelos se quedaron en tierra y con ellos las ventas y buena parte del turismo nacional y extranjero.

Antes de la pandemia, en el primer trimestre, perdió mil 790 millones de pesos. En el segundo trimestre en curso su pérdida crecerá al doble. Los dueños son miles de inversionistas e instituciones nacionales y extranjeras. Su acción cayó a la mitad: pasó de 19.52 pesos hace un año a 9.08 al día de ayer. Si el turismo tarda en regresar y sus pérdidas se acrecientan, entrará en quiebra técnica. No digo que suceda pero las líneas aéreas son muy “volátiles”.

En otro tiempo “Aeronaves de México”, su antecesora, fue nacionalizada con grandes pérdidas para el Gobierno. Luego se privatizó y ha crecido y apoyado al turismo nacional y extranjero.

Aeroméxico tenía un capital contable de 5 mil millones al día último de marzo. Si sumara dos trimestres más de pérdidas, a finales de septiembre tendría capital negativo. Supongamos que los socios tiran la toalla y su acción se desfonda. Una quiebra total o un paro de la aerolínea sería un golpe para sus trabajadores: pilotos, sobrecargos, mecánicos y el personal de tierra quedarían sin ingreso. Una bomba expansiva para todos los servicios turísticos nacionales. Si sus 119 aviones dejaran de volar, la recuperación del sector hotelero tardaría años en recuperarse. Además el Gobierno perdería un excelente socio.

De entrada la empresa paga 30 por ciento de sus utilidades en ISR; los empleados contribuyen con las deducciones del ISPT y las ventas proporcionan IVA. La cadena de servicios que alimenta la aerolínea también dejarían de contribuir como sucede hoy con la mayoría de los hoteles y restaurantes. La pérdida mayor sería para el país en su conjunto.

Una empresa insignia desde 1934 sin volver a despegar, resulta un mal social y una tontería económica. Por cada desempleado de Aeroméxico podría haber 30 en la industria turística y en el comercio. Por eso los Estados Unidos hoy extienden la mano a las aerolíneas como hace diez años lo hicieron con la General Motors y la Chrysler.

También rescataron a la banca de su país en 2008 con la aportación de 700 mil millones de dólares del Tesoro, que luego pudieron recuperar sin lastimar a los contribuyentes. En el muy difamado Fobaproa, la idea fue no permitir que la economía se derritiera e impedir que el dinero de todos se esfumara como en la Gran Depresión de 1930.

Dice el Presidente que no va a rescatar a “potentados”. Pero no hay tales personajes detrás de empresas en el mercado de valores. Son miles de inversionistas, incluidos los fondos de pensiones. Aeroméxico transportó a 151 mil pasajeros en abril pasado. Un 91 por ciento menos que el mismo mes de 2019.

Una debacle como la de todo el sector turístico. El país no puede darse el lujo de perderla por una mala racha en la pandemia. Quienes sufren más por la quiebra de grandes empresas, paradójicamente, no son los llamados “potentados”, sino cientos de miles de mexicanos que quedan sin ingreso y un buen empleo.

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