Opinión

Vivir en la anormalidad

Seguramente cuando usted lea esto, ya resolvió su problema para llenar su tanque de gasolina en algún lugar de Guanajuato

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Vivir en la anormalidad

Vivir en la anormalidad

Seguramente cuando usted lea esto, ya resolvió su problema para llenar su tanque de gasolina en algún lugar de Guanajuato, o está pensando a dónde irá a hacerlo, o a quién pedirle información para saber en qué lugar tienen combustible.

Al mismo tiempo, probablemente, Carlos Romero Deschamps, el líder del sindicato petrolero, desayuna, come o cena gustoso, un buen platillo con la más cara botella de vino tinto, acompañado de su familia o de sus focas aplaudidoras del gremio, que se han servido con la cuchara grande de esa caja chica interminable llamada Pemex.

Y mientras la lucha contra el huachicol -indispensable, pero que arroja cada vez más pérdidas económicas- continúa, parece que ya nos acostumbramos a esta anormalidad: ver gasolineras cerradas, hacer filas, pedir fichas, intercambiar mensajes en WhatsApp para decirnos dónde hay gasolina, ilusionarnos con que en tal o cual lugar habrá combustible porque acaba de pasar una pipa, o contactar al amigo de un amigo para que llegue con una garrafa llena de “deliciosa” gasolina y calme la ansiedad.

Y entonces la anormalidad queda en pausa para poder ir y venir al trabajo, llevar a los niños a la escuela, ir al banco, y realizar, al menos, las actividades indispensables. Porque hay que cuidar la gasolina y ya bajó una rayita en el tablero…

Reitero que mientras usted lee esto, la refinería de Salamanca está, técnicamente, en paro. Técnicamente, porque las condiciones no permiten que se produzca absolutamente nada, pero el personal trabaja arreglando las plantas, recirculando el producto existente y quitando refaccionamiento de un lugar a escondidas de alguna planta chatarra, por ejemplo, ya vendida para emplearlo en otra que sí esté en funciones -no le diga a nadie que yo se lo conté-.

Increíblemente, la normalidad es lo que prevalece en la refinería. No, no es cierto, las condiciones en la que están son normales, son las mismas de hace un año, seis, doce, y tal vez un poco más: reina el desgobierno y la desinformación, porque lo único que se sabe es que las actividades serán reactivadas, oficialmente, entre el 5 y el 9 de febrero. Es decir, hasta entonces, estarán en condiciones de generar gasolina, aceite o algún otro producto terminado, según fuentes de Pemex.

Y la gente de Romero Deschamps en Salamanca, ¿qué le dice a su gente? Nada, porque no aparecen por ningún lado. La situación está tan podrida, que quien manda en la sección sindical 24, que corresponde a la refinería Antonio M. Amor, ni siquiera es el que ocupa el número uno en el escalafón, Raúl Rodríguez Gutiérrez, sino el tres, Fernando Pacheco Martínez. Es decir, Pachecho heredó en el cargo a uno de sus incondicionales, para no fallarle al patrón Romero Deschamps.

Y mientras, usted, sigue pensando en lo afortunado que es por ya tener gasolina en el tanque o en lo que tendrá que hacer para ubicar una gasolinera y al menos ponerle unos 300 pesos al coche o la camioneta del negocio.

La normalidad no volverá cuando se reabra el ducto y las gasolineras funcionen como en diciembre, cuando usted y yo, todos, nos dábamos el lujo de dejar pasar una gasolinera y llegar a otra, porque no importaba, en todas había combustible.

La situación será realmente normal cuando tengamos claro que el huachicolero, el gasolinero, el sindicato, el sindicalizado y el funcionario público que nos trajeron a esta anormalidad, sientan la angustia de no poder sentirse tranquilos: cuando estén tras las rejas.

Al menos para mí, ese debería ser el final de la anormalidad.

El autor es Director Editorial de Quinto Poder y colaborador de am en la Ciudad de México.

Twitter: @memocrois

Comentarios: memocruz8@gmail.com

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