¿Y las cúpulas?

Las empresas y los empresarios de México son sólo un microcosmos de lo que somos como país, nada más, nada menos. Hay empresarios buenos y malos, responsables y abusivos, valientes y temerosos.

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Por: Jorge Suárez-Vélez

Las empresas y los empresarios de México son sólo un microcosmos de lo que somos como país, nada más, nada menos. Hay empresarios buenos y malos, responsables y abusivos, valientes y temerosos. Nuestro ecosistema nunca ha propiciado el emprendimiento y aun así no pocos han logrado construir empresas admirables. Es absurdo exigir de ellos un comportamiento que como sociedad se nos escapa al esperar que como caballeros medievales monten en su corcel blanco para enfrentar la injusticia y la opresión. No les toca hacerlo, al menos no individualmente. Si un empresario se asume como Quijote y enfrenta al gobierno autoritario, puede comprometer los intereses de accionistas, empleados, clientes y proveedores.

Pero para eso están las cúpulas empresariales, para defender los intereses y los valores del gremio. Por ello, resulta incomprensible la tibieza con la que encaran el alarmante peligro implícito en la "Reforma Bartlett". Hay un punto en el que se guarda silencio en detrimento del país y del Estado de derecho que anhelamos. Ahí estamos. Siguen discutiendo si tendría sentido hacer una campaña masiva de comunicación cuándo sólo las cúpulas cuentan con los recursos para ser contrapeso a la campaña de desinformación que sí hace el gobierno, a la ignominiosa sarta de mentiras que sobre el mérito de la contrarreforma se repiten en las Mañaneras, a la total falta de entendimiento -o descarado ánimo de confundir- sobre el alcance de lo propuesto entre quienes defienden al régimen. Para cuando decidan intervenir, la batalla estará perdida, al menos en la opinión pública que se creerá beneficiada porque "la luz volverá a ser suya", como si se tratara de un bien preciado que nos define como mexicanos, sin ver por qué serán sus familias las grandes perdedoras si cuaja esta barrabasada.

Es cierto que la complejidad natural del tema es terreno fértil para demagogia chafa, mentira y engaño. Pero resulta increíble que, hasta hoy, quienes se oponen ni siquiera han homologado la información para hacer asequible el mensaje. Dan montones de cifras, todas ciertas pero todas distintas, para comprobar la ineficiencia relativa de la CFE. Por eso la gente se cree la patraña de que a las empresas privadas se les subsidia el costo de transmisión, y no entienden el riesgo en la salud de sus hijos si crece la generación de electricidad quemando combustóleo. Nadie les ha expuesto con pesos y centavos el enorme costo para sus bolsillos de las descaradas concesiones con las que Bartlett ha comprado el favor del sindicato. Nadie les ha explicado con claridad por qué sus empleos están en riesgo si el abasto de energía se encarece y deja de ser confiable. Se sigue repitiendo que al abaratarse la generación de electricidad con la reforma energética del sexenio pasado, ellos no recibieron el beneficio de "luz" más barata, sin entender que los privados le tienen que vender a CFE, por ley, la energía que generan y que fue ésta quien se embolsó el ahorro.

La contrarreforma propuesta les quita a nuestras empresas la posibilidad de competir internacionalmente en condiciones iguales. Más aún, elimina cualquier posibilidad de que México sea parte del prometedor salto cuántico implícito en la revolución tecnológica que vivimos. Este no es un momento para agachar la cabeza y esperar a que pase el vendaval, porque se corre el riesgo de jamás poder volverla a levantar. Las medidas propuestas le dan al Estado control total sobre toda actividad económica en México al permitirle decidir sobre quién merece acceso a la energía esencial, quién no y a qué costo.

No es momento para hacer concesiones y negociar cada pedazo. Hay que presionar para que la propuesta se vote de inmediato, tal y como se presenta. Hay que exigir que Bartlett comparezca en parlamento abierto para que explique sus motivos reales y exhiba su profunda ignorancia y dogmatismo.

Es momento de que los liderazgos cupulares demuestren que tienen las agallas para enfrentar el momento que la historia les demanda. Basta ya de apocamiento y de pretextos.

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