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a. Sabe que miente b. Porque no sabe, miente

Cuando López Obrador compara a los mexicanos educados en el exterior con Michael Corleone, marca una línea clara de su ideología provinciana o de su populismo pestilente.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Cuando López Obrador compara a los mexicanos educados en el exterior con Michael Corleone, marca una línea clara de su ideología provinciana o de su populismo pestilente. La endogamia intelectual es pensar que sólo valen nuestras ideas heredadas. 

Miente el Presidente cuando dice que Vito Corleone, “El Padrino” en la novela de Mario Puzo, envió a su hijo Michael a educarse fuera. El personaje representado por Al Pacino no fue a Sicilia a estudiar, sino a refugiarse del crimen cometido en contra de sus adversarios. 

Comparar a un prófugo de la justicia en la novela con los miles de mexicanos que aspiran a ser mejores mediante una educación superior en el extranjero es un engaño y un insulto. Luego dice que esos estudiantes fueron responsables de un desastre imaginario. Es una gran mentira. Si fuera así, la mayoría de sus secretarios de Estado no deberían estar en su cargo. Desde Olga Sánchez Cordero hasta Arturo Herrera, pasando por una docena más de ellos.  

¿Por qué el Presidente está en contra de la educación superior en el extranjero? Sus detractores en las redes sociales dicen que obedece a un complejo muy grande. A él le duele no conocer el mundo. Sufre por una formación académica limitada. Otra versión, más compleja, sería que pretende separar a los miles de científicos, académicos y empresarios con estudios superiores en el extranjero, de los mexicanos sin la oportunidad de esa formación. 

“Miren, ellos que estudiaron fuera, son responsables de la corrupción, la desigualdad y todas las desgracias del país”. Una vena populista para dividir y enfrentar. El problema es jugar con mentiras, falsear la realidad. Hasta el más humilde de los mexicanos sueña que sus hijos tengan una buena formación. Y si es en una universidad de prestigio internacional, mucho mejor. 

Si el Presidente realmente creyera que el conocimiento trae desgracias al país, jamás hubiera enviado a su hijo a estudiar a España. Quienes le salvaron la vida cuando tuvo un infarto, son doctores especializados en las mejores universidades de Estados Unidos. Vive gracias a ellos. 

Así que la retórica es perversa: sabe que todos los países aspiran a educar a sus mejores estudiantes en las universidades de primer mundo. El conocimiento nunca será el enemigo. La ignorancia, la endogamia cultural y el autoctonismo son muestra de la peor ralea. Esa que pide abrazos frente a la pandemia.

Después de que dijo que la pandemia “le venía como anillo al dedo” a su transformación, no le habíamos escuchado algo tan nefasto. Si el proyecto político de Morena pone sus cimientos en lo que dice López Obrador, perderá el rumbo y el poder al tiempo. 

La ignorancia, la incompetencia y el resentimiento son peores que la corrupción. La mayoría estamos de acuerdo en erradicar esos cuatro males, lo que no podemos aceptar es un gobierno que responsabiliza a la más alta preparación académica como origen de nuestros males. 

El T-MEC que tanto presume, se origina en el TLC, idea original de Carlos Salinas de Gortari, educado en Harvard. La apertura comercial con el mundo, que tanto beneficio trajo al país, fue promovida por el Gran Zedillo, el mejor presidente que ha tenido México en una centuria. Zedillo fue un muchacho humilde que llegó a la cúspide de la educación en la Universidad de Yale gracias a programas de Gobierno. Su silencio y prudencia hablan suficiente de su sabiduría. ¿A quién puede ocurrírsele que estudiar en Oxford o en el MIT es una condena para México? (Continuará)

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