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Imágenes sensibles | Pretendía vender gelatinas, se acercó para atacarla con ácido; hoy busca recuperar su vida

Los ataques con ácido crecen en México, un delito que afecta principalmente a mujeres; la historia de esta joven de 23 años prende alertas y busca prevenir posibles ataques.

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Por: Redacción AM | Ciudad de México.

Imágenes sensibles | Pretendía vender gelatinas, se acercó para atacarla con ácido; hoy busca recuperar su vida(Especiales.)

Imágenes sensibles | Pretendía vender gelatinas, se acercó para atacarla con ácido; hoy busca recuperar su vida | Especiales.

Helena Saldaña Aguilar creyó que moriría en la entrada de su casa en la alcaldía Iztacalco, al oriente de Ciudad de México.

De acuerdo con la información del portal de noticias Excelsior, un ardor incontrolable le carcomía la cara, el pecho y los brazos. La piel de la joven de 23 años se deshacía con la misma fragilidad que tiene el plástico sobre el fuego y el ardor se metía hacia sus músculos y huesos. Mientras gritaba con toda la potencia de su voz, alcanzó a ver que la sustancia que la quemaba había salpicado sus llaves y el metal estaba burbujeando.

 Si eso le está pasando al acero, ¿qué está pasando en mi rostro?

Cada año, se registran unos mil 500 ataques con ácido en el mundo.

¿Cómo sucedio el ataque? 

Momentos antes, era un lunes normal. Helena se levantó con el amanecer, hizo su rutina en el gimnasio de siempre, fue a su trabajo, después a clases en la universidad y dio por terminado el día. Manejó unos 20 minutos hasta el portón de su calle y estacionó el auto frente a su casa. Tomó su bolsa, ropa, papeles del trabajo, las llaves de la puerta principal y, para tener las manos libres, se puso un chaleco rojo para no tener que cargarlo.

Entonces, apareció ella. Una vendedora de gelatinas que esperó a que Helena bajara de su auto para ofrecerle insistentemente un postre.

"Por favor, cómpreme una, vea todas las que traigo", repetía la mujer delgada y de mediana estatua, cada vez que Helena le decía que no, que muchas gracias, que ojalá terminara pronto sus ventas porque ya eran casi las 8 de la noche.

Guardaba el acido en un recipiente para gelatinas

Cuando Helena abrió la puerta, Mila, su golden retriever, salió disparada. Se plantó entre ambas y gruñó a aquella joven. Nunca, en sus dos años de vida, había mostrado los dientes a alguien y se había erizado de ese modo. La falsa vendedora se desconcentró y dio unos pasos hacia atrás creyendo que Mila la atacaría. Cuando supo que ya no podría acercarse más a Helena, le aventó un recipiente abierto que escondía en la bolsa donde supuestamente guardaba gelatinas.

Un líquido incoloro que salió disparado y abofeteó el cuerpo de la joven. Era un ataque con ácido. Inmediatamente, un intensísimo ardor recorrió el cuerpo de Helena.

"Como si te consumieras por dentro o tus poros se cerraran llevándose tu piel... como si te derritieras, pero sin fuego".

Así quedó el chaleco de Helena.

Giró y, para su sorpresa, la vendedora seguía ahí. A pesar de los gritos de Helena que comenzaban a llamar la atención de los vecinos, ella no se había movido y la miraba fijamente. Entonces, Helena distinguió algo en la mano de su atacante. Aquella señora cargaba con un segundo recipiente.

¿Quién es Helena?

Tiene el ánimo de una sobreviviente, no de una víctima.

Quienes conocen a Helena suelen usar tres adjetivos para describirla: activa, feliz y responsable. Tiene energía suficiente para dormir poco y hacer mucho. Por las mañanas era una empleada trabajadora; por las tardes, una dedicada estudiante y en sus tiempos libres es una amiga leal que disfruta pasar tiempo con su familia.

Yo no quiero venganza. Mi energía está enfocada en recuperar mi ojo derecho. Eso quiero: volver a ver con ese ojo, pero si no se puede, está bien. Lo aceptaré.

Desde el ataque, a Helena no le puede dar el sol directamente. Ahora, la mayor parte de sus días los pasa en la cocina, la sala o su recámara. Para alguien tan vital como ella, el encierro es, a ratos, insoportable, pero necesario para su recuperación.

Pensó que había muerto

Helena recuerda ese día con una memoria excepcional: cuando vio a la falsa vendedora sosteniendo un segundo recipiente, cerró los ojos, sintió el persistente ardor y pensó, en un microsegundo, "esto es ácido"

Tenía que llegar rápido al hospital o el daño se extendería. 
Inmediatamente, se imaginó a esa señora parada junto a ella y vertiendo el resto del líquido como si fuera acero fundido. Pero el ardor no aumentó. Cuando abrió los ojos, pudo ver a la falsa vendedora desisitir de hacerle más daño y huir con un hombre que usaba un cubrebocas y que la esperaba a lo lejos.

Helena se imaginó muerta ahí mismo. En minutos, creyó,  que su cuerpo no aguantaría y su vida habrá terminado. Pero la idea de que su abuela de 80 años (quien dos semanas antes había tenido complicaciones cardiacas) encontrara el cuerpo de su nieta en la puerta de su casa le pareció más insoportable que el ácido. Su abuela podría morir de un infarto. Así que eligió vivir: acumuló fuerzas y entró tambaleando a su casa luchando por no desmayarse.

Sus abuelos fueron los primeros en darle auxilio

La abuela corrió hacia el baño de la planta baja detrás de Helena, cuando escuchó a su nieta gritar frente al lavabo y la vio aventarse agua frenéticamente. No le importó quemar sus propias manos con tal de empaparla para neutralizar el ácido. El abuelo también corrió, descalzo, hacia ellas y en el pasillo se le deshicieron los calcetines cuando pisó el líquido que escurría de la cara de Helena.

Fue hasta entonces, ya estaba empapada frente al espejo del baño, que vi por primera vez todo el daño causado: tenía la oreja derecha negra, como carbonizada, la frente con los músculos expuestos, los labios blancos como si me hubiera untado crema, el cutis verde, el cuello café, los brazos y piernas rojas... La cara ya la tenía deforme, muy, muy hinchada.

Dos certezas más la golpearon: ya no tenía visión en el ojo derecho y si no llegaba pronto a un hospital, el daño se extendería.

Se han registrado más ataques de este tipo

Los ataques con ácido en México no tienen cifras oficiales. Tienen, apenas, espacios en las secciones de nota roja de algunos medios locales. Pero una búsqueda hemerográfica da cuenta de que es un crimen en expansión y que ha pasado desapercibido frente a otras expresiones de violencia extrema que utiliza el crimen organizado.

Por ejemplo, veinte días después del ataque a Helena, dos mujeres, madre e hija de 43 y 24 años, fueron el blanco de un hombre que les arrojó ácido en la cara en Cuautlancinango, Puebla. Y nueve meses antes, el cuerpo de Kenny Finol, una escort de 26 años, fue hallado en Ecatepec, Estado de México, con el rostro carcomido por el ácido que le aventó su asesino.

Días después del ataque a Helena, dos mujeres fueron el blanco de un hombre que les arrojó ácido.

A raíz de su ataque, Helena conoció los casos de tres mujeres mexicanas que recientemente fueron heridas gravemente con ácido: una vive en Toluca, otra en Puebla y una más en una ciudad que no puede revelar. Está casi segura que ninguno de esos casos llegó a los medios de comunicación ni ante las autoridades. El Sistema Nacional de Seguridad Pública, que publica estadísticas mensuales de delitos en los estados, no tiene un apartado para este delito. Es como si no existiera.

"Una hora antes te estás quemando y la siguiente te estás ahogando"

La ambulancia que llamaron los vecinos tardó más de 40 horas en llegar. Demasiado tiempo perdido. Un tío de Helena llegó hasta ella con el acelerador al fondo y la llevó, junto con su abuela, a un hospital privado al sur de Ciudad de México. En cuanto llegó al área de Urgencias, la joven bajó del auto y corrió hasta los doctores. De inmediato, la ingresaron a una sala privada y la bañaron con agua salina.

Para asegurarse que el ácido no siguiera activo y alojado dentro de mis fosas nasales o garganta, me aventaron con chorros de agua salada por la nariz y la boca. Imagínate: una hora antes te estás quemando y la siguiente te estás ahogando".

Helena necesita una reconstrucción de párpado y diferentes tratamientos quirúrgicos para intentar revertir su parcial ceguera

Su familia pide ayuda para costear cirugías 

Para lo que sigue necesitará unos 400 mil pesos que hoy no tiene: una reconstrucción de párpado y diferentes tratamientos quirúrgicos para intentar revertir su parcial ceguera. Para pagar por esa cirugía, la familia de Helena abrió una campaña en la página Donadora para la gente que quiera apoyar a la causa puede donar desde 100 y 500 pesos para los servicios médicos de la joven.

Yo tengo paz interior. Sé que no le hice daño a nadie, que esto que me hicieron no es consecuencia de una mala acción mía. Y aunque hubiera cometido un error, esto no se le hace a nadie.

Al mismo tiempo, la mamá y un amigo de Helena, ambos abogados, llevan el caso judicial: la carpeta de investigación CI-FIZC/IZC-1/UI-3S/D/01891/11-2018 está abierta en la Procuraduría General de Justicia de la Ciuad de México contra los autores materiales y el autor intelectual del crimen. Por cuestiones legales, Helena no puede nombrar al principal sospechoso, pero asiente cuando le pregunto si el presunto responsable sería un conocido. 

Helena se muestra optimista sobre su futuro

Pero de esta me voy a levantar. A mi esto no me va a arruinar la vida. Con ayuda de mi familia, mis amigos y la gente, estoy segura que pronto volveré a estudiar y a trabajar. Yo le pediría a todas las mujeres que están pasando por esto que no tengan miedo y denuncien. Esto no puede seguir pasando.

Las cicatrices son parte de su historia...

"Tampoco me obsesiona quitármelas. Ya son parte de mi historia", dice y enseña otra marca permanente en su piel, ahora en el brazo izquierdo, el que no recibió tanto daño. Un tatuaje que dice, en tinta negra, "Patience".

"Pero de esta me voy a levantar. A mi esto no me va a arruinar la vida", comenta entusiasmada,

"Paciencia, paciencia. Todo va a estar bien", susurra Helena y vuelve a sonreír, confiada en que vendrán tiempos mejores.
Si quieres ayudar a Helena a pagar por el tratamiento médico que podría devolverle la vista, entra a la campaña de Donadora haciendo clic aquí y elige cuánto quieres aportar a su proceso de recuperación.

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