¿Por qué vemos a color?

Una fruta madura, las flores en primavera, las plumas de un pavorreal: el color además de sernos útil, nos da gusto. Sin embargo, los humanos cuando nacemos no vemos a color.

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Por: Dr. Gonzalo Páez Padilla

Imagen de LhcCoutinho en Pixabay

Imagen de LhcCoutinho en Pixabay

CDMX.- Una fruta madura, las flores en primavera, las plumas de un pavorreal: el color además de sernos útil, nos da gusto. Sin embargo, los humanos cuando nacemos no vemos a color. Paulatinamente empezamos a distinguir el color rojo y se acepta que por el quinto mes vemos todos los colores. Con el paso del tiempo, en la vejez, se va perdiendo capacidad para distinguir los azules de los verdes.

En el fondo del ojo se forma la imagen de lo que vemos. Ahí tenemos células receptoras especiales que convierten la luz en impulsos eléctricos que viajan al cerebro. En noches de luna no vemos color porque la iluminación es baja y solo se activan células muy sensibles llamadas bastoncillos. Cuando la iluminación es más brillante, vemos color con otras células que se llaman conos. Tenemos más de 6 millones de estos detectores de color, 64% son más sensibles al color rojo, 32% al verde y el resto al azul, porque tienen tres tipos de pigmento.  Cuando centramos la vista distinguimos más detalles, pues ahí se concentran gran parte de esos receptores.  Alguien con visión normal puede ver detalles de un milímetro a 3.5 metros de distancia. Si fijamos la vista en una lectura a una distancia de 40 centímetros, la zona de alta definición es alrededor de un centímetro y medio, en 2 centímetros la definición cae a la mitad, y más alejado de esa zona la imagen nos parece cada vez más borrosa.

Los colores que podemos ver con los receptores de color de nuestros ojos son los del arcoíris, del rojo al violeta. Los millones de colores que percibimos son la combinación de esos colores del arcoíris. Por ejemplo, combinando diferentes intensidades de verde con diferentes intensidades de azul veremos diferentes tonos de turquesa. Si iluminamos un objeto con luz blanca, y lo vemos color turquesa, significa que refleja más los tonos azules y verdes, y poco los rojos. También llega un límite cuando hay dos colores distintos y nuestro ojo no percibe la diferencia, así que no podemos distinguir un número infinito de colores.  Se estima que se pueden distinguir entre 1 y 10 millones de colores. Como dato curioso, el color que vemos de un objeto se ve diferente al medio día, o al atardecer, en un día nublado, o si usamos luz artificial.

En ocasiones alguno de los receptores de color del ojo (el sensible al rojo, o al verde o al azul) puede estar ausente o tener un pigmento alterado.  Entonces dos colores distintos se observan muy similares, es decir, se distinguen menos colores. Por ejemplo, si falta el cono rojo, los colores púrpuras no se distinguen de los azules.

Por otro lado, en el mundo animal hay peces y aves que pueden ver más colores que los humanos. Esto se debe a que tienen no tres, sino cuatro receptores, condición conocida como tetracromacia. Es interesante señalar que se han generado hipótesis que un porcentaje de mujeres pudieran tener un cuarto tipo de receptor sensible principalmente en el naranja.  Incluso, diversas pruebas muestran que las mujeres distinguen diferencias sutiles de matiz, y que utilizan un vocabulario de color más elaborado y consistente. En fin, este intrigante mundo de la visión a color tiene explicaciones que van desde las fisiológicas, las culturales y hasta las genéticas, y aún con la vasta información que tenemos en la actualidad, quedan muchos misterios por develar.

El Dr. Gonzalo Paez es investigador titular en el Centro de Investigaciones en Óptica, A.C. (CIO). Sus áreas de interés son los sensores ópticos, la biofotónica y las pruebas ópticas no invasivas. También ha colaborado con otras instituciones para la aplicación de la óptica en el patrimonio cultural.


 

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