Las ruinas incas y la arquitectura prehispánica destacan por los alrededores. Mientras que por las calles del centro se observa la diversidad colonial y la iconografía religiosa. Pero es bajo cada techo y en cada esquina de Cusco, donde diversos personajes edifican las particularidades de este destino.
Ubicado a 3 mil 399 metros sobre el nivel del mar, Cusco obliga a recorrerla con calma. Necesariamente, el viajero tiene que recurrir a un té de muña o a una píldora de Sorochi para evitar los mareos y sobre llevar el mal de altura.
Poco importa si las mañanas son invernales o primaverales, por lo general suelen ser bastante frescas. Al encontrarse en la región sur-oriental de la Cordillera de los Andes, esta población se ha convertido en uno de los principales destinos turístico de Perú por ser la conexión directa a Machu Picchu.
Los incas la llamaron “casa y morada de los dioses”. La historia cuenta que fue capital de uno de los grandes imperios precolombinos llamado Tahuantinsuyo y su nombre, en quechua, significa “ombligo del mundo”. Esto último, quizá, obedece a que de aquí partía una vasta red de caminos que unían prácticamente a toda Sudamérica.
Arquitectura de gran nivel
Cusco es una urbe mestiza y colonial. A vista de pájaro, parece un tapiz de tejabanes donde sobresalen cúpulas de iglesias y altos techos de casonas.
La Catedral de Cusco, ubicada en la Plaza de Armas, marca el pulso de este destino al ser la mayor atracción para el viajero. Lugareños y peregrinos llegan a rezar o santiguarse en algún momento del día.
Al caminar unas cuantas cuadras se aprecia el complejo de Koricancha, una iglesia y convento dominicanos construidos sobre las bases de la principal edificación religiosa inca dedicada al sol. Claro ejemplo de la mezcla entre creencias católicas e incaicas que predominan en la región.
Una oportunidad para observar el fervor religioso de este rincón peruano se halla con la celebración eucarística del Corpus Christi, a los 60 días del Domingo de Resurrección. Los feligreses realizan una procesión en la que santos y vírgenes van acompañados por muñecos y momias. Toda una experiencia resulta notar cómo a la virgen le llaman “Mamacha” y luego de persignarse ante su imagen, voltean al cielo para saludar al dios sol.
Tras observar una dosis de vida cotidiana hay que ir hacia el Parque Arqueológico de Saqsaywaman, una amplia fortaleza inca que es la sede del Inti Raymi, que cada 24 de junio -en su mes jubilar- celebra por todo lo alto el mayor festejo de la tradición incaica y religión andina. Se rinden honores al dios sol; asisten cientos de personas quienes, ataviadas de blanco, presentan ofrendas como orquídeas o muñecos de trapo.
No muy lejos, también en la periferia de Cusco, se encuentran Kenko, un centro arqueológico ubicado en el Valle Sagrado de los Incas que también fue un anfiteatro, y el monumental Tambomachay, un complejo también conocido como “los baños del inca”.
Para obtener un itinerario arqueológico más completo, obligado es pasar por Puca Pucara, una fortaleza compuesta por grandes muros, terrazas y escalinatas que fueron parte del conjunto defensivo de Cusco y del Imperio inca.
Más tarde habrá que visitar el Museo de Arte Precolombino, el del Convento de Santa Catalina, el Museo Histórico Regional y el Museo de Arte Religioso. Sin embargo, para hilvanar los episodios de la historia de este destino y empaparse de los temas del día a día, será necesario pararse a conversar -en alguna esquina- con los amables nativos.
A llenarse con un ‘chiriuchu’
Con la abundancia de materia alimentaria, la gastronomía de este sitio presume una composición con productos andinos, como el choclo (maíz), las papas y el ají combinados con carne y cerdo, introducidos por los españoles.
Su platillo estrella es el chiriuchu que se sirve como un minibufet en porciones similares y consta de cuy (conejillo de Indias) asado al horno, ají de gallina (caldo semipicante), torreja de maíz (especie de gordita de masa), chalona (cecina), queso, morcilla y rocoto (una especie de pimiento).
Incluso, existe la Asociación Civil de Chiriucheras del Cusco, integrada por 180 madres de familia quienes tienen como misión promover este manjar, el cual es obligado durante la celebración del Corpus Christi.