“A mí no me van a doblar y sí, los voy a sacar del poder a patadas. Conmigo se equivocaron y hoy esto no se acaba; inicia”. 

Ricardo Salinas Pliego

La sentencia es clara: el Grupo Salinas tendrá que pagar 33 mil millones, más una cantidad aún desconocida de recargos. Eso solo a primera vista. El desencuentro político y no económico tendrá repercusiones. ADN, la televisora de noticias de Salinas Pliego, anunció para el domingo información sobre Adán Augusto López, el “hermano” de Andrés Manuel López Obrador. Algo explosivo.

Antes de la sentencia de la Suprema Corte, sospechábamos que Salinas no estaba “manco”, que lucharía con información exclusiva sobre los actores de la 4T. El problema para el empresario va más allá de la deuda que le imputan y del dinero que tendrá que pagar.

Personas informadas dicen que cuenta con las reservas para cubrir los impuestos y seguir adelante con sus empresas. El gobierno tiene muchas armas para atajar la buena marcha de TV Azteca, Banco Azteca y TotalPlay. Al Grupo Salinas puede causarle decenas de  complicaciones en su operación.

El poder de un empresario, por más rico que sea, es insignificante frente a la fuerza del Estado. Pero su fortaleza puede surgir de la convicción de perderlo todo a cambio de un liderazgo político en la oposición o en la “resistencia”, como lo llaman sus aliados. Como dijo el “Tío Richi”, tiene resuelto el tema económico de sus hijos, nietos y bisnietos. Debe contar con recursos fuera del país para seguir su vida e invertir en un proyecto político en contra de la 4T. En sus palabras notamos una actitud de “máscara contra cabellera”.

Lo más interesante será el destino de TV Azteca y ADN, sus medios que pueden difundir todas las contradicciones de un partido que se ha visto envuelto en gravísimas historias de corrupción. Pueden seguir los pasos de Adán Augusto, Noroña, Mario Delgado y del huachicol fiscal. Si el gobierno interviene en la concesión de la televisora, Salinas contará con las redes sociales; si le quitan Banco Azteca, puede trabajar desde el exilio.

En la memoria no recordamos un enfrentamiento de tal magnitud entre un magnate y un mandatario. Don Eugenio Garza Sada tuvo desencuentros con Luis Echeverría. Perdió la vida en un intento de secuestro. Aunque es improbable que Echeverría haya ordenado la agresión, lo cierto es que el clima de hostigamiento al empresariado nacional en esa triste época de los setenta fue propiciado por el tercermundismo socialista del entonces presidente. Garza Sada tenía mucho más liderazgo que Salinas Pliego y una autoridad moral que pocos empresarios, o ninguno, ha logrado en medio siglo. La diferencia la marcan los múltiples medios de comunicación, que pueden arrojar luz sobre la “resistencia” contra la 4T. 

En una guerra, todos pierden: unos más y otros menos. 

Salinas estuvo con Nayib Bukele,  presidente salvadoreño, crítico de la 4T y del método de “abrazos y no balazos”. Sus logros lo llevaron a ganar las elecciones presidenciales con más del 82 % de los votos. Si nuestro país no ve avances sustantivos en la pacificación de los estados más golpeados por el crimen organizado, es probable que la popularidad del empresario rebelde aumente. Por el contrario, si la economía crece y reducimos la violencia, las declaraciones y posturas radicales de Salinas serán una anécdota más en la vida política nacional. 

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