Historia 008
Esta es la historia 008 de 450 que te contaremos sobre León
En el corazón del Barrio Arriba, Roberto Solís Castillo atendía personalmente a zapateros y curtidores. La empresa K.J. Quinn ofrecía acabados para todo tipo de pieles y pegamentos para el calzado. Los empresarios ya no tenían que importar estos insumos de Estados Unidos.
Desde la década de los años 50, Roberto forjó con esfuerzo y tenacidad K.J. Quinn en esta ciudad cuando repartía en bicicleta químicos para la industria curtidora y del calzado.
Roberto conocía a los productores por su nombre, su conversación favorita era el equipo León y aprovechaba las entregas para discutir las jugadas. De pronto cantaba ópera.

Para curtidores y zapateros, de toda la ciudad, siempre fue un amigo. Daba crédito y esperaba pacientemente si los industriales enfrentaban problemas.
Al dejar K.J.Quinn, se cerró el ciclo de una de las empresas más emblemáticas de León, que logró competir con las grandes trasnacionales químicas, no sólo en México, sino también en el extranjero, pues Quinn vendía sus productos en China, Italia, España y Brasil. En ésta última nación llegó a tener una planta de producción.
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Al decidir su retiro, Roberto vendió la empresa a Grupo Taurus del Bajío S.A de C.V., propiedad del empresario leonés Alejandro Leos Ruiz.
Taurus se dedica también a la producción de químicos, tales como acabados para cuero y calzado, adhesivos, emulsiones para piel sintética, y especialidades de poliuretano para la industria automotriz, metalmecánica y de alimentos.
La venta de K.J.Quinn
En una entrevista realizada por AM en 2014, el ingeniero Fernando Solís Castillo, hermano de Roberto, confirmó que la empresa había sido vendida a Taurus.
Mencionó que él laboró 55 años como Director General Comercial y Técnico de Quinn, por lo que le dolió la decisión de vender la empresa.
Me encajaron un cuchillo en medio del corazón, la vida es así, ya nada más quedan los recuerdos, del trabajo y del esfuerzo”.
Relató que cuando inició la empresa, y durante muchos años, su hermana Olga Solís fue la directora financiera. En ese periodo hubo estabilidad.

Del trabajo realizado en la empresa, dijo que se queda con los recuerdos, experiencias, y los logros de tener laboratorios, oficinas modernas e ingenieros altamente capacitados.
Reconoció que para la familia fue una gran tristeza desprenderse de la empresa.
“Fue un trabajo de toda una vida, una vida empresarial llena de logros”.
Los inicios
La historia de K.J. Quinn inició en 1955, cuando el padre de Roberto Solís Castillo se convirtió en distribuidor exclusivo para México de los productos fabricados por una empresa química que tenía su sede en Massachussets, Estados Unidos.
A la muerte de su padre, Roberto pidió la concesión para seguir distribuyendo los productos de la empresa estadounidense.
De ser distribuidor exclusivo de la empresa americana, don Roberto dio el salto a la producción de productos químicos, pero especialmente en la curtiduría y el calzado.
En 1962 se inauguró su primera planta en el Estado de México y su crecimiento se mantuvo por las siguientes cuatro décadas. En 1974 se constituyó K.J. Quinn de León.
Los hermanos Roberto, Olga Elena, Fernando y Ricardo Solís Castillo, así como Jorge Enrique Coello Castillo, fueron los socios fundadores de la empresa.
La empresa tenía sus instalaciones y oficinas en la Avenida San José esquina con Camino al Potrero del Fraccionamiento Industrial Las Cruces de León.
También fundó en el año 2009 las empresas RSC Industrial SA de CV y Mar Quinn Industrial SA de CV, ambas con sede en León.
En el año 1996 la planta ubicada en León sufrió un incendio que destruyó una buena parte de las instalaciones. El dueño de Quinn superó aquel momento amargo y reconstruyó su fábrica.
Una vez que se reinauguraron las instalaciones, reunificó las plantas del Estado de México y la de León.
La maquinaria se trasladó a León, y en el Estado de México sólo quedaron las oficinas para la distribución.
El auge de K.J. Quinn
Antes de entrar en crisis, Quinn llegó a tener ventas promedio mensuales de entre 10 y 12 millones de pesos.
Su planta tenía cinco divisiones básicas: adhesivos, acabados para calzado, tenería, industrial y recubrimientos.
En León llegó a tener capacidad de producir mil toneladas mensuales, contando con reactores para la fabricación de sus propios químicos que se utilizaban como base para sus adhesivos, recubrimientos y pinturas.
La empresa también llegó a tener un área de desarrollo de moda, así como un departamento de investigación, para crear nuevos productos y mejorar los ya existentes.
Su labor de investigación le permitió desarrollar poliuretanos termoplásticos para fines industriales, como inyección, moldeado y adhesivos.
Proveedor de Pemex
Aunque su principal mercado era el sector del cuero y del calzado, K.J. Quinn incursionó como proveedor de otras industrias como la automotriz y la petrolera. Fue incluso proveedor de Pemex.
A través de su división de recubrimientos industriales desarrolló productos para protección anticorrosiva, que son ideales para utilizarse en plantas petroquímicas, refinerías y plataformas petroleras, donde se requieren sistemas con alta resistencia por el riesgo de salpicaduras y derrames de químicos.
Quinn fue de las primeras empresas en comercializar una pintura para barcos.
Con el retiro de don Roberto Solís Castillo, León perdió a un líder empresarial. El fundador de Química Quinn impulsó proyectos como la exposición internacional de ANPIC, la Asociación de Industriales de Guanajuato.
La marca Quinn sigue vigente, pero ahora en manos de Taurus del Bajío.
Ahora se promueve como Quinn-Taurus, con las fórmulas originales de la empresa creada hace casi 60 años.
Seguiremos siendo Quinn”, dijo un antiguo empleado de la planta en una entrevista.
El autor de las semblanzas de grandes industriales que han hecho grande las industrias zapatera y curtidor de León, Ramón Ascencio, describe cualidades de Don Roberto como que era tolerante con la cobranza en los momentos de crisis.
También la capacitación permanente a su personal aplicando la filosofía del Just in time, además de que fue un ejemplo para las empresas del gremio zapatero en la aplicación de las 5 S japonesas, orden y limpieza y el primero en instalar el sistema japonés KANBAN para mejorar la eficiencia y la productividad, utilizando columnas que representan las etapas del trabajo y tarjetas que representan las tareas individuales. El término “kanban” significa “tarjeta que se puede ver” en japonés.
Colaboración con universidades
Su hijo Roberto, colaboró en las universidades. Muchos de los encargados de las empresas de sus clientes, aprendieron de Quinn a aplicar en sus procesos los aportes tecnológicos establecidos en la planta de León y en Brasil.
Roberto Jr. fundó la primera empresa de asesoría tecnológica, mediante la preparación de alumnos de los planteles del CONALEP, del Instituto Tecnológico de León y de las carreras de Ingeniería de las universidades de la región.
Fueron verdaderos pioneros de la Ingeniería Industrial pues su planta y sus sistemas de producción y entrega, revolucionaron la manera de trabajar de sus clientes y conocidos.
DAR
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