Con información de Gabriel Rangel / Crítico musical.
Monterrey.- Después de 221 años de su creación, el único trabajo escénico-vocal de Ludwig van Beethoven, “Fidelio”, tuvo ayer su estreno en Monterrey, teniendo al tenor mexicano Ramón Vargas en el rol masculino principal.
La coproducción de Conarte en conjunto con las secretarías de Cultura de Nuevo León y Guanajuato, y con la participación del Coro de la Compañía de Ópera de Saltillo, brindó una función única anoche ante un Teatro de la Ciudad lleno.
En el apartado vocal, el bajo barítono Hernán Iturralde destacó como Rocco con un timbre redondo y de gran resonancia que superó fácilmente el sonido de la orquesta. Por su parte, la soprano Dhyana Arom, en el rol de Fidelio, mostró un registro amplio, particularmente en las notas graves; durante su aria principal “Abscheulicher! Wo eilst du hin?”, lució en las notas altas y fue clara en las dinámicas, aunque en otros momentos era deseable más proyección.
La técnica de Ramón Vargas y el elenco
Desde las primeras líneas de “Gott! Welch Dunkel hier!”, Ramón Vargas dejó clara su sólida técnica, emisión depurada y fraseo de alto nivel, sumando así exitosamente el rol de Florestan a su repertorio. De igual manera, el tenor interpretó con una aparente facilidad el dueto con Leonora en el segundo acto, sin mostrar señales de fatiga y dominando toda la difícil línea vocal.

El resto del reparto ofreció un buen soporte: el barítono Jorge Lagunes aportó histrionismo, mientras que la soprano coreana So Ri Kim dejó escuchar una voz muy musical, pero de proyección media.
Completaron el elenco el tenor Enrique Guzmán y el bajo Rafael Blásquez en los papeles de Jacquino y Don Fernando, respectivamente.
Propuesta escénica y dirección magistral
La propuesta escénica de Rodrigo Cervantes, con escenografía de Matías Otálora y codirección artística de José Wolffer y Ricardo Marcos, concibe un buen uso del espacio y crea perspectiva mediante la iluminación de Roberto López Rodríguez.
La dirección escénica, original de Marcelo Lombardero, aprovecha bien la amplitud de espacio haciendo moverse a los intérpretes tanto al frente como al fondo. El vestuario de Luciana Gutman evoca las décadas de los sesenta y setenta, situando la obra de Fidelio de Ludwig van Beethoven en una época de desapariciones forzadas.
La dirección concertadora de Guido Maria Guida al frente de la Orquesta Sinfónica de la UANL fue notabilísima, logrando un sonido depurado desde la obertura. Destacó también Ernesto Zaleta en los solos de trompeta y la inclusión de la obertura Leonora 3 previo al final.
Por otro lado, los 40 integrantes del Coro de la Compañía de Ópera de Saltillo, dirigidos por Alejandro Reyes Valdés, se escucharon afinados. Finalmente, la producción incluyó los diálogos en alemán, respetando el formato de singspiel, lo que provocó una larga ovación de la audiencia.
DMG