El mapa político de Latinoamérica cambió radicalmente en poco tiempo. Argentina votó en contra del populismo peronista estatista; en Chile hubo un cambio tras las complicaciones que enfrentó el presidente Gabriel Boric debido a su inexperiencia. El candidato de la derecha, José Antonio Kast, prometió firmeza frente a la inseguridad y la inmigración descontrolada, y ganó. A Nicolás Maduro lo bajaron de la silla presidencial que había robado; hoy Venezuela parece ser un protectorado norteamericano, con todo y su gobierno “bolivariano”.
En Cuba, el dictador Miguel Díaz-Canel pretende salir del atolladero comunista abriendo las puertas al capitalismo y suplicando que regresen los empresarios de Florida, a quienes Fidel Castro y la “Revolución” les incautaron todo. Este tema merece una actualización más adelante. Bolivia y Honduras también abandonaron la nave de la izquierda, al igual que Perú con la llegada de Keiko Fujimori. Hasta el presidente de Brasil, Ignácio Lula da Silva, afirma que no es de izquierda. Pero lo más interesante fue lo que sucedió ayer en Colombia.
Los colombianos tuvieron los cabellos de punta durante la jornada electoral. La segunda vuelta para elegir presidente se fue cerrando entre el candidato de la derecha, Abelardo de la Espriella, y el representante del oficialismo de izquierda, Iván Cepeda. Al comienzo del conteo, De la Espriella tenía un 3% de ventaja, que se fue reduciendo poco a poco hasta quedar en menos del 1%, apenas unos 260 mil votos de diferencia en una votación de más de 26 millones de electores.
El periódico El Tiempo titula: “Abelardo de la Espriella, presidente tras ganar el preconteo; Registraduría refrenda su solidez”. Para el actual presidente de izquierda, Gustavo Petro, el resultado es inaceptable y seguro que lo impugnará, aunque las posibilidades de revertirlo son mínimas. Como dice El Tiempo, el organismo electoral llamado “Registraduría” es independiente del gobierno, algo similar a nuestro INE de antes.
Para Petro será un resultado difícil de digerir porque, desde la primera vuelta, había gritado “fraude” cuando el propio Iván Cepeda aceptaba el resultado. El presidente colombiano envió un mensaje en X, atribuyendo el resultado a la intromisión extranjera en el proceso. Cierto, Donald Trump apoyó al candidato derechista. Aunque Trump haya metido la cuchara con sus declaraciones, los colombianos merecen el respeto de cualquier persona adulta que sabe por quién vota.
Para la presidenta, Claudia Sheinbaum, es un resultado adverso porque siempre expresó simpatía por su amigo Petro y, en su historia de vida, compartió la lucha de la izquierda latinoamericana con él. México queda aislado y en conflicto con varias naciones hermanas debido a la ideología de Morena. Rompimos con Perú y Ecuador; nos llevamos mal con Argentina, donde Sheinbaum quiere que liberen a la expresidenta Cristina Kirchner, acusada y sentenciada por el robo de 500 millones de dólares. Nuestra relación con Colombia no será la de antes y, después de la liberación de Cuba, seremos una isla en el hemisferio.
Los fracasos de la izquierda no se deben a su ideología en sí, sino a la incompetencia de sus líderes. El denominador común de los derrotados de izquierda fue su mala gestión de los recursos públicos. La chabacanería de sus funcionarios se parece a las historias del realismo mágico de Gabriel García Márquez y la narrativa de Mario Vargas Llosa. Puro tercermundismo puro. ¿Qué tal, Clara Brugada?
Aún no sabemos cómo influirá este nuevo entorno en las elecciones de 2027 en el país, sobre todo debido a los conflictos que enfrentamos con Estados Unidos. Pero ese será un tema para otra perspectiva.