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La mujer de Guajes de Ayala, en Coyuca de Catalán, lo dijo con claridad en el programa de Azucena Uresti: “Nos están dronando”. Un grupo del crimen organizado rodeó a los habitantes para, presuntamente, quitarles sus tierras. En Michoacán sabemos que el uso de drones es una nueva forma de ataque de los cárteles locales.

Las nuevas armas teledirigidas aparecen en conflictos tan grandes como la invasión de Rusia a Ucrania o en la lucha contra el crimen en todo el mundo. Vivimos la infancia o la adolescencia de un arma de guerra desarrollada en Ucrania para resistir y atacar al invasor. Por coincidencia, ayer se publicaron dos reportajes de interés sobre el tema. En el periódico Reforma, la comentarista, periodista y maestra del ITAM Denise Dresser reporta, desde Kiev y sus alrededores, sobre la estrategia que permite a Ucrania sostenerse en pie.

Pasaron cuatro años y cinco meses desde que Vladimir Putin enfiló sus tropas hacia su vecino. Todos pensábamos que era cuestión de días para que llegara a Kiev, como había hecho con la anexión de Crimea en 2014. La guerra sigue y Dresser cuenta la historia de la resistencia y la resiliencia. Recordemos que solo el excanciller Juan Ramón de la Fuente denunció, desde su puesto como representante de México ante la ONU, la invasión como una agresión y un rompimiento de las leyes internacionales. El entonces presidente Andrés Manuel López Obrador tuvo una postura ambigua, por decir lo menos. Incluso aceptó el incremento de funcionarios rusos —espías— en el territorio nacional. Una violación de la soberanía nacional.

En Ucrania, los jóvenes civiles se incorporaron a la lucha con capacidades distintas a las de los artilleros tradicionales y a las de los soldados. Programadores, expertos en IA y en diseño de drones salieron a luchar por su país y han tenido éxito, tanto que su tecnología se exporta a los países del Golfo Pérsico para que se defiendan de Irán.

El periódico canadiense The Globe and Mail también publica un reportaje de su reportero gráfico Goran Tomasevic. Desde el frente ruso, registra en fotografías el otro rostro de la guerra, con soldados experimentados y de gran disciplina que aprenden a defenderse y atacar con drones. The Globe and Mail dedica toda su portada sabatina a un soldado ruso que recupera material explosivo de granadas y misiles para armar drones. A Tomasevic le permitieron ir al frente de guerra porque es un conocido fotoperiodista, porque su periódico es de los más prestigiados del mundo y también porque quieren mostrar a una tropa decidida a seguir con su invasión.

Los drones que usa Rusia son invento de Irán y ahora también de su propia manufactura; los drones de Ucrania son fruto del ingenio de civiles y empresarios. Esos artefactos voladores pueden marcar la diferencia en el futuro de muchas guerras. En México se han usado desde hace más de 10 años para observar desde el cielo el movimiento de los cárteles y de los grupos armados. En Guanajuato se usaron —no sé si se sigan usando— para identificar también a miembros de los cárteles en pugna dentro del territorio.

La fase siguiente será usar drones para cuidar regiones y ciudades, para la vigilancia inmediata, como se hace en la ciudad de Chula Vista, California, o en muchas ciudades del mundo. El trabajo importante para el Gobierno será tener drones contra drones, como sucede hoy en Ucrania y en la guerra en el Golfo Pérsico. Al menos, cuando un dron robot lucha contra otro dron robot, no hay pérdidas humanas.

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