Lo que inició como una visita familiar al santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos, en el Estado de Jalisco, en 1981 se ha convertido en una tradición que lleva 37 años.

El señor Macario García y su esposa Ofelia Vázquez han visitado a la Virgen de San Juan de los Lagos en peregrinaciones de caminantes salmantinos.

La peregrinación del Tío Max fue por muchos años una tradición que se organizó en la calle Padre Marocho, en la Zona Centro de la ciudad y que reunía a decenas de feligreses Salmantinos y de otros municipios para emprender en estas fechas una caminata de poco más de 150 kilómetros entré asfalto, rocas y piedras para poder llegar a su destino y agradecer los favores recibidos por la intercepción de la Virgen de San Juan de los Lagos.

“Nosotros nos preparábamos para salir entré el día 19 de enero, un viernes para caminar ese día, sábado, domingo, lunes ya estar en San Juan para el día martes ya hacer la visita a la Virgencita en la iglesia.” comentó el señor Macario.

Año con año a mediados de enero los caminantes que se unían a la peregrinación del Tío Max en honor al señor Maximiliano Trejo quién por muchos años fue peregrino salmantino, se alistaban para partir a finales del mes en curso y poder llegar a San Juan de los Lagos antes del 2 de febrero.

La hora de salida era alrededor de las 4 ó 5 de la madrugada para emprender el camino hacia Irapuato y tener como base lo que hoy es el monumento a la bandera, luego tomar la desviación para el municipio de Silao al ser la estación del tren un lugar para descansar y caminar horas más tarde hacia León para luego hacer estadía en una ranchería de Las Cruces o en Las Mesas lugares ya bien estudiados para transitar y no correr algún tipo de peligros para las mujeres y hombres que integraron está gran peregrinación salamantina.

“Cada año vas agarrando experiencia, vas viendo que sí y que no por dónde ir y siempre con la fé y el ánimo de todos los que vamos, ahí siempre nos unimos todos nos ayudábamos; Beto, Carlos, Esteban, el señor Cabal, Doña Lupe , Chole; ellos siempre nos ayudaron con los que se quedaban atrás”, dijo el señor Macario.

Para los peregrinos el participar en esta acto de esfuerzo y devoción cada año es un aprendizaje ya que el caminar por avenidas, a la orilla de la carretera, entre cerros y dormir en piso firme sobre “tendidos” de cobijas durante días no es fácil, ya que en estos trayectos una persona puede reflexionar, agradecer y servir al mismo tiempo mientras que su cuerpo refleja cansancio y sus pies sufren las consecuencias de largas horas de caminar con la exposición de ampollas.

“Es bonito mirar el cielo estrellado, y apoyar cuando el otro necesita, brindarle un taco a quién lo necesite y abrigo para quién tenga frío, es una experiencia muy bonita”, comentó la señora Ofelia.

Para la familia García Vázquez una peregrinación nunca fue correr para ganar una herencia o ver quién llega primero, siempre fue un acto de agradecimiento por los favores recibidos hacia la Virgen de San Juan de los Lagos y sobre todo más que en el trayecto se conoce hasta donde los seres humanos son capaces de llegar y dar sin recibir nada a cambio.

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