Fue un motivo de reunión familiar, de gozo, pero sobre todo, de devoción. La peregrinación de los trabajadores mineros logró lo que cada año produce: disfrute entre quienes forman parte, y gusto entre los miles de capitalinos que se volcaron a la calle para ver las danzas de “toritos”, a los concheros , y a los trabajadores de la mina en sus poderosas máquinas.
Y es que familias enteras salieron para ver a los hombres adustos, huraños, con la piel y el carácter curtidos en las entrañas de la tierra. No importó la final de futbol, el frío, la amenaza de lluvia, ahí estaban llenando las banquetas y las calles, niños hombres y mujeres del pueblo.
Miles de guanajuatenses, desde Los Pastitos hasta la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato estuvieron presenciando el paso de máquinas y danzantes que se conjugaron para hacer vivir con gusto y agrado una tradición muy guanajuatense.
Al frente, las danzas de “toritos”, más atrás, los concheros, con sus danzas prehispánicas, luego, los trabajadores junto con sus familias.
El trayecto fue lento, un recorrido que normalmente se realiza en 40 minutos; ellos lo culminaron en casi 2 horas, tuvieron que detener sus pasos para darle continuidad al camino de todo el contingente: Entre mineros, danzantes y bandas de guerra, participaron en la peregrinación, unas 2 mil personas. Y del público, la cifra es incalculable, muchos, muchos se dieron cita para ver de cerca a la virgen, a los trabajadores, a las máquinas que ellos utilizan; a pesar de todo, gente de todas las edades, disfrutó del ambiente festivo.

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