Tomando en cuenta los ires y venires que ahora circundan el acontecer de la comunicación y su cambio tecnológico rampante, sabemos que lo que antes se escribía para páginas impresas del diario, nuestro muy familiar a.m., ahora ocupará espacios virtuales y novedosos para enriquecer la agilidad de la comunicación ciudadana. Algo inmediato a esperar sobre la medida tomada es que se cuente con un mayor número de lectores. Y, para quien lee, se sugiere hacer crecer la facilidad del reencuentro deseado con toda aquella nota que en un primer momento resultó ser interesante. Este segundo aspecto anotado vendría a equivaler a la conservación de una biblioteca, claro, sin la observancia física de lomos informativos ni el encanto de rehojear por antojo cualquier interesante página antes disfrutada. Bueno, y, por porqué no decirlo, una ventaja de la modernidad la constituye el bastar de un clic para hacer desaparecer lo intrascendente sin tener que recurrir a la proximidad física de un recipiente cóncavo captador de basura.

Es obvio que la nueva condición sobre la que se mueve la noticia virtual y su recepción pública ocupa un espacio más etéreo que el de antaño. Vamos, a sabiendas que los números y las letras han invadido hasta los más recónditos espacios siderales, el intelecto humano requiere de un razonamiento seguro y firme sobre lo que se decida conservar como importante o vaciar al fondo de un agujero negro todo aquello que cae en el calificativo de lo superfluo.

Cabe en este momento hacer unas pequeñas reflexiones: el hábito de la lectura no es precisamente una de las fuertes virtudes de nuestra población, y se aplaude, claro, cualquier intento de crecimiento; también, se sabe que, el leer, de por sí, tiene mundialmente sus dificultades. En días pasados, leyendo el libro “Encantos” de Oscar Wilde supe que desde el panteón de escritores consagrados se dice que, paradójicamente, la entronización de Oscar Wilde en ese espacio llegó a perjudicar la escritura de sus obras y que, cuanto más ensalzado resultó ser el autor, más desconocida parece haber quedado su obra.

Total, que bajo las condiciones imperantes de lo que se vive, el manejo cierto y particular del ciber-espacio, deberá avalar de forma práctica la larga historia del leyente bajo una definitiva ausencia del papel y el lápiz

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