Guanajuato.- La quema de los Judas, tradición que marca el cierre del Domingo de Resurrección y con ello el fin de la Semana Santa, apenas se deja ver este año en la capital de Guanajuato, donde la costumbre ha ido desapareciendo con el paso del tiempo y hoy sobrevive de forma limitada en algunos puntos de la ciudad.
Aunque no es una práctica tan arraigada en Guanajuato capital como en otras regiones del estado o el país, en gran parte de México la quema de Judas representa un acto simbólico heredado desde la época colonial. Esta tradición consiste en la elaboración de figuras de cartón, que representan al traidor Judas Iscariote y que son explotadas como una forma de castigo simbólico, mezclando elementos religiosos con la sátira popular, ya que con el tiempo, en algunos lugares también se crean figuras de personajes políticos o públicos.
En la ciudad, esta práctica ha ido quedando en el recuerdo. Ciudadanos de mayor edad coinciden en que décadas atrás era común encontrar la venta de Judas en distintos puntos, así como ver su quema en calles y barrios. Sin embargo, hoy la escena es distinta.
A las afueras del Mercado Hidalgo apenas se pudieron observar tres o cuatro puestos con artesanía de temporada, principalmente de cartonería. Solo en dos de ellos destacan los tradicionales Judas de cartón, acompañados de piezas típicas de la cartonería de Celaya, como muñecas, máscaras y toritos. Los precios de estas figuras van desde los 90 hasta más de 300 pesos, dependiendo de su tamaño.
Don José, habitante de la capital, lamenta la pérdida de esta costumbre:
Desde hace mucho tiempo en mi familia se perdió la tradición, creo que ni siquiera mis hijos la vivieron como nosotros cuando éramos niños, y ahora que soy abuelo mucho menos. Entiendo que puede ser peligroso, pero con cuidado se puede hacer; sin embargo, las ocupaciones y otras actividades de la temporada nos impiden seguir con esto que lamentablemente ya se perdió”, comentó.
Algunos turistas señalaron que este tipo de artesanía resulta llamativa y representativa de la cultura mexicana, aunque reconocieron que desconocían el significado completo de la tradición. “Son muy coloridos, muy mexicanos, pero no sabíamos que se quemaban”, comentó una visitante.
Por su parte, otros habitantes coincidieron en que la tradición se ha ido apagando poco a poco. “Antes era más común, ahora ya casi no se ve nada”, mencionó un comerciante de la zona.
La escasa presencia de estos Judas de cartón en la ciudad da sentido a lo que muchos señalan: una tradición que, aunque sigue viva en otras partes del país, en Guanajuato capital se encuentra cada vez más cerca de desaparecer.
Incineran a Trump y a los “therians” en la quema de Judas de León
Como ya es una tradición desde hace más de un siglo, este Domingo de Resurrección en el Barrio de Santiago se llevó a cabo la quema de los “Judas”.

El coordinador Sergio Valentín Reyes Alvarado dijo que la coperacha entre vecinos sólo alcanzó para la compra de seis “Judas”; entre ellos, dos “misiles” que hacían alusión a la guerra en Medio Oriente y a Donald Trump, otro muñeco rosa de los “therian” y, sin faltar, la figura del diablo.
A Donald Trump por sus conflictos internacionales. Siempre con guerra, muriendo gente inocente; de ahí estos misiles. Por el caso de Jeffrey Epstein, abusador sexual y traficante de menores que involucró a figuras públicas de relevancia mundial”, se escribió en una cartulina.
Desde las 10 de la mañana comenzó a concentrarse una multitud de personas de La Llamarada y de barrios vecinos, como el Coecillo, Barrio Arriba y Santiago.
Por otro lado, en la figura de la cruz se leía: “Al delegado del IMSS, Dr. Marco Antonio Hernández, de la clínica 58, en el segundo piso; ya que cuenta con 100 camas, pero no cuentan con ningún monitor y como cardiólogo lo sabe”.
El evento se llevó a cabo en el crucero de las calles Hermanos Aldama y Amado Nervo, ocupando un primer sitio los clientes de la pulquería “La Llamarada”, quienes con bebidas espirituosas observaron la quema de los “Judas”.
Crescencio Sánchez Abundis, director de Protección Civil, dijo que para evitar accidentes se aplicaron todos los protocolos de seguridad, por lo que se colocaron vallas metálicas a 10 metros de distancia del área de la quema en cada una de las calles de acceso.




El funcionario municipal dijo que por el momento hay saldo blanco en el operativo de Semana Santa.
Este año decidimos quemar al “Judas” de los “therian” (personas que se identifican como un animal no humano) y los misiles, en protesta por la guerra en Medio Oriente”, dijo Valentín Reyes Alvarado, quien ya lleva 24 años al frente de la organización.
Mientras se iniciaba la quema, en la zona paseaban a los “Judas” con letreros diversos, al mismo tiempo que boteaban para pedir apoyo económico para los gastos, pues señalan que a pesar de ser una tradición, no tienen ningún apoyo de las autoridades municipales.
Poco después de las 12 del día, en medio de un sol abrasador, comenzó con la quema del primer “Judas”: un muñeco negro con un letrero donde se agradecía que la quema de “Judas” figurara en la historia de los 450 años de la fundación de León.
Con el fondo musical de “Caminos de Guanajuato”, el “Judas” quedó reducido a polvo en menos de 10 segundos, en medio de un estruendoso ruido que cimbró las viviendas de la zona y los oídos de los asistentes.
Unos 15 minutos después se quemó una cruz con fotos de vecinos fallecidos, con el fondo musical del recuerdo de “Mi Barrio”. Posteriormente se fueron quemando cada uno de los “Judas”, entre ellos los dos misiles de cartón cargados de pólvora y uno pequeño de Wendy Guevara.
En la zona, los vecinos pusieron un sonidero para seguir la pachanga con baile, y refrescantes cervezas para mitigar el intenso calor del mediodía, en medio de la vendimia de antojitos, micheladas y otras bebidas espirituosas para prolongar la fiesta hasta altas horas de la tarde.
El arzobispo de León, Jaime Calderón Calderón, al ser cuestionado sobre la quema de los “Judas”, se limitó a decir que era una tradición donde se quemaba un muñeco que representaba a Judas por traicionar a Jesús, pero que ya se ha distorsionado.
Sé que se queman otros muñecos que nada tienen que ver con la tradición, pero es respetable todo”, señaló monseñor.
Quema de los Judas
Según el instituto nacional de antropología e historia (INAH), la tradición de la quema de los Judas en México es un fenómeno sincrético que fusiona la fe cristiana con la sátira popular y el arte de la cartonería, teniendo sus raíces en la época de la Colonia. Esta práctica fue introducida por los evangelizadores españoles como una representación simbólica del triunfo del bien sobre el mal, personificado originalmente en Judas Iscariote, el apóstol que traicionó a Jesús según los textos bíblicos.
Aunque no existe un único creador individual, se sabe que la costumbre llegó a la Nueva España en el siglo XVI, derivando de los autos de fe de la Inquisición, donde se quemaban figuras en efigie de los condenados. Con el paso de los siglos, el pueblo mexicano transformó este rito en una celebración comunitaria el Sábado de Gloria o Domingo de Resurrección, donde la figura de Judas comenzó a adoptar formas de demonios coloridos con cuernos y lenguas bífidas, e incluso representaciones satíricas de personajes públicos, políticos o sociales que la comunidad considera “traidores” o responsables de algún mal social.
La técnica de elaboración es la cartonería tradicional, la cual utiliza papel periódico o de estraza, cartón y engrudo de harina para moldear las figuras que posteriormente se pintan con colores vibrantes y se decoran con pólvora y carrizos. En Guanajuato, esta labor ha sido preservada históricamente por familias de artesanos, especialmente en municipios como Celaya, cuna de la cartonería estatal, y la capital, quienes mantienen vivo el proceso de secado al sol y el pintado a mano.
El acto central de la tradición consiste en colgar estas figuras en plazas públicas o barrios populares para detonarlas ante los espectadores; las explosiones simbolizan la purificación de los pecados y el castigo al traidor, mientras que los trozos de cartón que vuelan por el aire suelen ser recolectados por los niños como trofeos de la festividad.
De acuerdo con el INAH, esta manifestación cultural no solo cumple una función religiosa, sino que sirve como una válvula de escape social donde el humor y la pirotecnia permiten a la colectividad expresar su descontento y renovar sus esperanzas ante el inicio del ciclo pascual.
A pesar de su riqueza visual y simbólica, factores como las restricciones de seguridad sobre el uso de pólvora y el cambio en las dinámicas familiares han provocado que esta artesanía efímera sea hoy menos común en los centros urbanos, quedando resguardada principalmente en los talleres de maestros cartoneros y en la memoria de los barrios antiguos.
LF