Es indígena, toda su vida ha vivido en la comunidad Cañada de Juanica, ubicada en Tierra Blanca, y hace poco fue seleccionada para viajar a Japón. La joven, estudiante del Centro Interdisciplinario del Noreste, jamás se imaginó que pudiera ir a un país tan lejano.
Hasta entonces, Mariana Ramírez Ramírez no había salido de su región, enclavada en la Sierra Gorda, donde aprendió a convivir con campesinos e indígenas de la etnia otomí, esto lo hizo al ser integrante de la asociación civil Pronatura; su historia ejemplifica lo que muchos indígenas viven en México.
Vence obstáculos
“En Juanica sólo viven unas 400 personas; para ir a la escuela primaria, tenía que caminar casi una hora hasta llegar a Cieneguilla, pero logré terminar mis estudios; luego, por falta de recursos económicos, antes de entrar a la secundaria, no pude estudiar durante un año pero mi familia hizo el esfuerzo y finalmente pude concluir ese nivel de estudios, después, la prepa, pero luego vino lo peor”.
Por ser mujer, pobre e indígena, Mariana tuvo que abandonar por 3 años su proyecto de estudiar la licenciatura “fue un tiempo muy difícil, desesperante, yo quería ser alguien en la vida y sólo encontraba obstáculos, entonces encontré a los amigos de Pronatura, cambió un poco mi situación, pude trabajar en proyectos de conservación y desarrollo sustentable, hasta que me inscribí en el Centro Interdisciplinario del Noreste; eso fue algo extraordinario, entrar a la universidad, un sueño”.
Apoyo familiar
“En Tierra Blanca, Doctor Mora, San José Iturbide, no había universidades para pobres; por eso, cuando supimos que la Universidad de Guanajuato abriría un plantel, la familia se reunió y dialogamos, entre todos decidieron apoyarme, teníamos que aprovechar esa oportunidad”.
Ahora, apenas cursa el segundo semestre de ingeniería ambiental y ya fue a Japón a presentar su proyecto con el que pretende ayudar a las comunidades rurales; la idea es incentivar a la gente a trabajar en equipo, para beneficiar a todos los integrantes de las comunidades y que la gente se olvide de estar esperando los apoyos externos, sino que esté preparada para dar, a veces nada más recibimos pero no somos capaces de dar, la idea es acabar con ese pensamiento y tomar conciencia de que somos una sola sociedad”.
Experiencia de viaje
“La verdad, superó mis expectativas, nunca creí conocer un país así, ha cambiado mi forma de pensar y reconozco que el verdadero potencial es el humano, y si todo está en concordia se podrá tener un mejor país y una mejor sociedad”.
Agregó haber cumplido su objetivo, porque “aprendí todo lo bueno de ese país y sé que este conocimiento me ayudará a ser mejor cada día; mi propósito ahora será renovarme, motivar a la gente a un cambio y volver a viajar a Japón”.
El ejemplo de Mariana es una muestra del interés de la Universidad de Guanajuato de ofrecer a sus estudiantes la oportunidad de estudiar en el extranjero.
El esfuerzo por ampliar los horizontes de los alumnos se refleja en los contactos con empresarios japoneses, para que tanto en plantas industriales instaladas en aquel país como en otras partes del mundo, los estudiantes adquieran experiencias.
El reciente diálogo del rector José Manuel Cabrera Sixto con la presidenta de la Universidad de California, Janet Napolitano, en la Ciudad de México, es otra muestra de la inquietud por el intercambio estudiantil.
Actualmente, 212 estudiantes extranjeros están inscritos en alguno de los 147 programas educativos que ofrece la UG, y el panorama es muy alentador porque se mantienen convenios con 120 universidades del exterior.