Movidos por la fe, cientos de mineros capitalinos participaron en la ultima peregrinación hacia la Basílica de Guanajuato para agradecer y pedir a la Virgen que los proteja en sus labores.
Desde muy temprano, a las inmediaciones del Jardín del Cantador fueron llegando las impresionantes máquinas que por un día dejaron de extraer la riqueza de las entrañas de la tierra para ser adornadas con flores para la celebración.
Al redoblar de los tambores de las bandas de guerra comenzaron su andar con la Virgen a cuestas y acompañados por el Abad Rubén de la Cruz Martínez.
Los peregrinos partieron desde la glorieta Unesco hasta la Plaza de la Paz, escoltados por el tradicional torito y los danzantes.
Algunos mineros ataviados con su ropa de trabajo, overoles, botas y cascos con lámparas participaron en esta tradición que lleva ya más de 30 años.
Al repicar las campanas, los guanajuatenses escucharon la tradicional misa para después participar en la verbena popular en honor a la Patrona de los cuevanenses.

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