Para miles de madres buscadoras en Guanajuato, el 10 de mayo dejó de ser una fecha de celebración para convertirse en una jornada de lucha y dolor. En municipios como León, San Francisco del Rincón y Apaseo el Grande, las reuniones familiares han sido sustituidas por sillas vacías y la exigencia de justicia ante una Fiscalía que, denuncian, acumula años de omisiones y expedientes sin avances.
Casos como el de Carmen Lara en León o Patricia Torres en Apaseo el Grande —quien busca a dos hijos y a su nuera— evidencian la crisis de desapariciones en el estado. Estas mujeres relatan que enfrentan no solo la ausencia de sus seres queridos, sino también amenazas, desplazamiento forzado y el constante cambio de agentes ministeriales que reinician las investigaciones desde cero.
A pesar de la falta de pistas y el riesgo que corren al realizar búsquedas de campo con sus propias manos, las madres buscadoras mantienen su labor impulsadas por la fe y el amor. En este contexto, hacen un llamado a las autoridades de Guanajuato para que el mejor regalo este Día de las Madres sea la ayuda real para localizar a sus hijos y terminar con la incertidumbre que las mantiene “muertas en vida”.
Nada impedirá que siga buscando a su hijo
Nada impedirá a Carmen seguir buscando a su hijo Fernando Misael, desaparecido en León el 15 de octubre de 2021. Como las madres con hijos e hijas desaparecidos, está muy triste para celebrar el 10 de mayo, pero también está llena de amor y no se rendirá hasta encontrar su rastro.
Fernando Misael Díaz Lara tenía 27 años cuando una tarde salió a comprar pan y leche, cruzó un terreno baldío y ya no regresó. Desde entonces, se acabó el festejo del Día de las Madres.
Carmen Lara Sánchez no sabe si vive o no, pero no ha dejado de buscarlo.

“Todavía se me hace muy difícil (hablar de él)”, contó, conmovida. “Es una desesperación horrible que no se desea a nadie. Pero ¿qué más podemos hacer? La Fiscalía no nos echa la mano, nada más dice que busca, pero no busca. Estamos a la mano de Dios”.
Nadie sabe, nadie vio, no había cámaras. Un joven dueño de una motocicleta, a quien se vio en la zona esa tarde, presuntamente ya fue asesinado. Se han quedado sin pistas.
Carmen ha ido reconstruyendo poco a poco su vida; sigue trabajando y continúa acercándose a Dios, porque no quiere abandonar el apoyo espiritual.
También ha encontrado ayuda en el colectivo “Buscando con el Corazón”.
“Yo cuando la conocí a ella (a la fundadora del colectivo) pensé que de alguna manera lo íbamos a encontrar, pero ahora sé que eso no está en sus manos”.
Contó que a ella y a su esposo, también muy involucrado en la búsqueda, los han asesorado para acudir a preguntar a la Fiscalía sin miedo, pero que los resultados son los mismos: nada. Dijo que los cinco o seis agentes del Ministerio Público que han pasado por su carpeta afirman que están investigando, pero enseguida salen de la Fiscalía o dejan de responder porque los cambiaron. Y entonces tienen que volver a empezar con un agente nuevo.
“Todos dicen: sí, sí vamos a hacer que el caso se mueva, pero pasan los años y nada”.
Fernando tenía dos hijos, de 5 y 3 años. La menor aún recuerda a su papá. Carmen y su esposo los ven cada 15 días o en vacaciones, y los tratan con el cariño que quisieran darle a su propio hijo.
Dijo que aunque la familia nuclear no se ha separado, otros integrantes de la familia extendida ya no se acercan, porque “cada quién tiene sus problemas”. Más allá de las hermanas de Fernando, nadie la acompaña a las marchas o eventos conmemorativos en honor de las personas desaparecidas.
Hizo notar que hay mujeres “que tienen un familiar (esposo) desaparecido y ellas ya andan como si nada, y nomás están esperando su apoyo (económico), pero yo digo, eso no puede ser, porque uno lo que quiere es encontrar” a su ser querido.
“Yo en su momento no pensé que me iban a dar apoyo, pensé que me iban a ayudar a buscar a mi hijo, pero eso no ha pasado. Es desesperante”.
En ese contexto, llamó en especial a los jóvenes a cuidarse y evitar situaciones de riesgo.
“Estamos muy mal como sociedad, la gente piensa que no pasa nada. Y sí, sí pasa”, concluyó.
“Es un dolor que no se puede descifrar”

Mientras miles de familias se preparan para celebrar el Día de las Madres, para Yadira Arisbeth Martínez González el 10 de mayo se ha convertido en una fecha marcada por la ausencia y el dolor. Desde hace casi ocho años busca a su hijo, Jaime Adolfo Castro Martínez, desaparecido el 15 de noviembre de 2018.
“Es un dolor que no se puede descifrar”, expresó la madre buscadora al recordar que cada Día de las Madres la silla vacía de su hijo pesa más en casa.
Yadira recuerda a Jaime como un joven alegre, risueño y lleno de ocurrencias. Asegura que, aunque el tiempo pasa, mantiene vivos en su memoria su sonrisa y los momentos que compartieron juntos.
“Él me enseñó a ser mamá. Lo tuve muy joven, a los 16 años, y creo que en vez de yo enseñarle cosas, él me enseñaba a mí”, contó.
La madre recordó que uno de los gestos que más extraña era el abrazo y las palabras que su hijo le dedicaba cada 10 de mayo.
“Lo que más extraño es ese apretón de mano y que me dijera: ‘Feliz día mamá, te amo’”, señaló entre lágrimas.
Desde su desaparición, Yadira asegura que ella misma ha tenido que salir a buscar pistas en comunidades y calles donde Jaime fue visto por última vez.
“Yo me he salido a buscar a mi hijo con mis propias manos, con mis pies. Hasta hoy no he tenido respuestas”, reclamó.
Este 10 de mayo, la madre buscadora dice que su mejor regalo es hacer una petición a las autoridades, la misma qeu hace desde hace 8 años, la cual es tener ayuda para encontrar a su hijo.
“Que me ayuden a buscarlo, que me ayuden a encontrar a mi hijo”, pidió como el mejor regalo que la madre buscadara pide este 10 de mayo.
“Quiero dormirme el 9 y despertar el 11”

Por casi tres años y medio Ana Aldana ha vivido con una ausencia que no da tregua. Su hijo, Ángel de Jesús Becerra Aldana, desapareció el 29 de noviembre de 2022 en San Francisco del Rincón.
“Yo quisiera que este día brincara. Yo dije ‘me duermo el día 9 y me despierto el día 11’. Porque la incertidumbre de no saber dónde está es un dolor que no acaba”, confesó Ana.
Ángel era uno de sus tres hijos, “para mí es bien difícil, bien difícil los años que han pasado sin él este Día de las Madres”, compartió.
La última vez que vio a su hijo almorzó con ella en su casa, después la acompañó a comprar el mandado y antes de irse le pidió dinero. “Se fue y desde entonces no lo he vuelto a ver”.

“Pasaron los días y no venía, todos los días venía. Entonces el 4 de diciembre recibí una llamada de mi mamá y me dijo que uno de sus amigos le estaba preguntando por él”, relató.
La familia inició la búsqueda en hospitales, corporaciones policiacas y entre amistades, sin obtener resultados.
A casi cuatro años de distancia, aseguró Ana, no hay avances en las investigaciones.
“Estoy en cero desde el día uno hasta ya tres años y medio. No hay avances, no hay pistas, no hay nada. Nada, ni siquiera una línea de investigación”, lamentó.
Pero en medio del dolor, la fe en Dios es lo único que le ha permitido mantenerse de pie.
“Mi fuerza es la fe en Dios. Esa es mi fuerza. Digo: ‘Diosito, mientras tú cada día no olvides despertarme, yo voy a seguir buscando a mi hijo’.
Y por las noches, cuando el insomnio aparece, habla con Ángel en silencio y le pide señales para encontrarlo.
“A veces me agarran las noches de insomnio y digo: ‘Hijo, naciste de mí, conéctate con mi energía y dime dónde estás para encontrarte’. Yo no pierdo la esperanza, yo sigo”, relató.
“Presentes hoy y siempre”

“Es un día muy doloroso para una madre que no tiene a sus hijos presentes”, expresó Damiana Jiménez Arenas.
Desde hace más de tres años busca a sus hijas desaparecidas, y mientras otras familias celebrarán este Día de las Madres con reuniones, flores y abrazos para Damiana la fecha representa dolor e incertidumbre, pero también.
El 26 de febrero de 2022 sus hijas Ana Cristina y Alejandra Melendres Jiménez desaparecieron en circunstancias distintas.
“Y tristemente en el país somos miles y miles de madres buscando a nuestros seres queridos”, señaló.
“Muchas de las jóvenes y los jóvenes ausentes desaparecidos también son padres, también son madres. Madres que de la noche a la mañana se las llevan y dejan a sus niños sin ese amor”, lamentó.
El caso de las hermanas es revisado por instancias de la Organización de las Naciones Unidas, y eso da esperanza a Damiana de que las investigaciones continúen activas.
Explicó que la intervención internacional representa una posibilidad de que se mantengan abiertas todas las líneas de investigación y se dé seguimiento al expediente.
“Todo lo hacemos con una esperanza, porque ya interviniendo en la ONU, ya al caso se le pone más atención, todas las líneas de investigación se siguen”, comentó.
Pero esta espera le ha enseñado a ser paciente.
“El tiempo me ha enseñado a ser paciente… Confío en que seguirán trabajando, y más que en la Fiscalía, confío en la misericordia de Dios y en su justicia divina”.
La desaparición
De acuerdo con la familia, el 26 de febrero de 2022 Ana Cristina salió de su casa para hacer pagos en una tienda de electrodomésticos, pero ya no regresó. Tampoco Alejandra, luego de salir de un centro de rehabilitación ubicado en la comunidad El Maguey.
Desde ese día su madre las busca incansablemente.
Dejó de celebrar el 10 de mayo

El 10 de mayo desde 2017 dejó de celebrarse en la casa de Blanca Patricia Torres Arredondo.
Por la desaparición de sus dos hijos y su nuera, las flores y los festejos fueron sustituidos por una lona con sus rostros, una pala para remover la tierra y tres sillas vacías en la mesa.
Patricia, representante del colectivo de búsqueda “Siguiendo tus pasos Guanajuato” en Apaseo el Grande, vive la pesadilla de buscar a sus seres queridos.
El 21 de mayo de 2017 Jesús Abel Jiménez Torres, de 23 años, salió de su casa en Apaseo el Grande para comprar pañales para su hija de tres meses. Esa fue la última vez que lo vieron.
Hoy esa bebé tiene 9 años y envía audios al teléfono de su padre con la esperanza de que algún día los escuche regrese y regrese, para conocerlo.
“Ha sido algo muy difícil. Ella me dice: ‘Mamá, si yo le mando un mensaje a mi papá, estoy segura de que a mí sí me va a escuchar y va a regresar’. Le manda audios, le dice: ‘Papá, regresa, yo te quiero conocer, yo quiero verte’. Ha sido muy, muy difícil vivir esta situación”, expresó.
Cuando Patricia creía que no podía haber más dolor, el destino la golpeó de nuevo. En noviembre de 2024, su segundo hijo, Óscar Iván Jiménez Torres, y su pareja, Alejandra Lara Cárdenas, desaparecieron también en Apaseo el Grande.
Los jóvenes salieron a ver a un primo y, de regreso, Óscar recibió una llamada que lo hace salir nuevamente con su pareja. No volvieron, y su camioneta fue hallada abandonada poco después.
“Muerta en vida’”
La historia de Patricia no solo es de ausencia, sino también de omisiones oficiales. Según relató, tras la primera desaparición las autoridades se negaron a recibir la denuncia de inmediato, decía que su hijo “se había ido de parranda”. Años después, la situación no ha cambiado.
“No hay nada. No hay línea de investigación”, lamentó Patricia.
Incluso, la búsqueda se ha vuelto un riesgo mortal. Patricia aseguró haber sido víctima de desplazamiento forzado. Tuvo que huir de su hogar junto con su hijo menor tras recibir amenazas y exigencias para que deje de buscar.
“Me tuve que salir de aquí con él, con mi hijo menor, con mi esposo y la niña. Nos salimos. Vinieron a amenazarme, a decirme que parara de buscar a mis hijos, que porque se iban a llevar al otro… Yo tenía mucho miedo. Tengo el mecanismo federal, pero fue algo terrible estar lejos de aquí, encerrada”, contó.
Denunció además sentirse acosada por la misma Policía Municipal, cuyos elementos detienen constantemente a su hijo menor, el único que le queda, bajo pretextos administrativos.
AAK




