En México podría comenzar a quedar atrás una práctica que durante años se volvió casi normal: recibir mensajes de trabajo a cualquier hora del día —o de la noche— como si el horario laboral no existiera. La reciente aprobación en la Cámara de Diputados de la llamada ley de desconexión digital busca justamente poner un límite a esa cultura de la disponibilidad permanente.

La reforma a la Ley Federal del Trabajo reconoce el derecho de las personas trabajadoras a no responder llamadas, correos o mensajes laborales fuera de su jornada, así como durante vacaciones o días de descanso. En términos simples: terminar la jornada debería significar exactamente eso, terminarla.

Aunque el concepto no es nuevo —países como Francia, España o Chile ya lo han incorporado en sus legislaciones—, en México llega en un momento donde el trabajo se mezcló cada vez más con la vida personal. Las plataformas digitales, los grupos de WhatsApp laborales y el teletrabajo terminaron por extender la oficina hasta la sala de la casa.

De acuerdo con la iniciativa aprobada por diputados, las empresas deberán establecer políticas internas para respetar los tiempos de descanso, y si un trabajador realiza actividades fuera de su horario, estas deberán considerarse horas extra conforme a la legislación vigente. Además, el derecho aplicaría tanto para quienes trabajan de forma presencial como para quienes lo hacen a distancia.

La medida responde a una realidad que diversos estudios sobre condiciones laborales han señalado: la hiperconectividad está relacionada con estrés laboral, agotamiento y afectaciones en la vida familiar. En México, donde la cultura de “ponerse la camiseta” suele confundirse con estar disponible las 24 horas, la discusión sobre el derecho al descanso comienza a ganar terreno.

Por supuesto, aprobar una ley es solo el primer paso. La verdadera prueba estará en su aplicación. En muchos centros de trabajo aún persiste la idea de que contestar mensajes a cualquier hora demuestra compromiso o productividad, cuando en realidad suele ser reflejo de una mala organización laboral.

La esperanza es que esta reforma ayude a cambiar esa mentalidad. Porque trabajar con responsabilidad no debería significar vivir pegado al teléfono esperando el siguiente mensaje del jefe.

Quizá todavía falte tiempo para que desaparezcan los “¿puedes revisar esto rápido?” enviados a las once de la noche. Pero al menos, si la ley se aplica correctamente, los trabajadores tendrán algo que hasta ahora parecía un lujo: el derecho a terminar su jornada… y realmente desconectarse.

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