La música de Marco Antonio Solís “El Buki” provenía del oloroso puesto de tacos de guisado junto al que esculpía sus diminutas figurillas de resina.
 

Con lija en mano, uno de los tantos escultores callejeros de la Bella Airosa tallaba una réplica de la Diana Cazadora de Ixmiquilpan, misma que vendería por 50 pesos para intentar sacar algunas monedas con su trabajo.
 

Sentado a un lado de sus nueve obras de arte, el escultor proveniente de Toluca, contó para AM Hidalgo que espera que el trabajo manual no sea remplazado por la tecnología.

Mientras el género regional mexicano ameniza su trabajo, el artista (que decidió omitir su nombre) dijo que su primera estatuilla fue un cisne que realizó en la secundaria.

“Mañana quiero que me traigan una esculturilla, háganla en moldes, dijo el maestro, pero yo casi no le ponía atención a las cosas. Hice un cisne de yeso, fui el alumno que sacó menos de calificación”.

Hacer esculturas no fue una actividad heredada por su familia, aun cuando su hermano mayor se dedica a pintar cuadros al óleo en Coyoacán, más bien “la necesidad te enseña muchas cosas”, dijo.

En la barda que ocupa para trabajar, hay esculturas de ángeles que previamente moldea, esculpe, lija y pinta.

“Haciendo una sola (pieza) me tardo como seis horas o hasta más, pero en realidad las figuras se hacen en dos partes, ahora tengo ángeles y otro día tengo otra cosa”.

Entre todas sus figuras resalta una por su color negro y forma inusual, al preguntarle sobre el tema del que trata la obra, contesta: “al hacer esas esculturillas, el significado sólo lo sé yo”.

 

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