Historia 031

Esta es la historia 031 de 450 que te contaremos sobre León

Ricardo Alaniz Posada, fundador de una empresa leonesa con presencia en 23 países de Latinoamérica, Europa y Asía, está convencido de que el secreto de su éxito fue siempre el mismo: “pararme frente al mostrador”.

El mostrador es la mayor tecnología que hay en el mundo. Nunca voy a despreciar la Inteligencia Artificial ni otras tecnologías, pero el trato directo con el cliente es insustituible”, dijo Alaniz Posada al repasar su trayectoria empresarial.

A sus 88 años de edad, y al frente de Grupo León -antes Elásticos León, con 66 años en el mercado-, don Ricardo se prepara para incursionar en el sector médico, luego de consolidar producción para diez diferentes sectores de la economía.

Sus hijos y algunos de sus nietos participan activamente en la empresa, que hoy cuenta con tres sedes internacionales: México, Estados Unidos (Houston) y Australia.

Sin titubeos, Alaniz resume sus tres principios del éxito: 

“Saber qué quiere el cliente, hacer lo correcto y generar confianza”.

Tenía 18 años cuando descubrió una verdad clave del negocio zapatero: los fabricantes siempre necesitaban elástico para fabricar botines y calzado deportivo.

 “Los zapateros me pagaban los grandes pedidos por adelantado… todo lo demás como tachuelas, piel, pegamentos, era fiado… y a ver cuándo pagaban”.

Primer taller de Ricardo Alaniz. Foto: Cortesía de la familia Alaniz Posada

Orígenes familiares

En 1954, su padre, Ricardo Alaniz Rodríguez, radicado en la Ciudad de México, fue contratado como administrador de una fábrica alemana de elásticos y agujetas que se llamaba Barmenia (una antigua ciudad alemana) propiedad del empresario Alberto Hanne.

Ricardo era aún niño. Asistía a la primaria y, por las tardes o durante vacaciones, ayudaba en la fábrica, “barría el patio o acomodaba cajas en el almacén”.

La empresa prosperó gracias a la maquinaría alemana y a dos técnicos extranjeros encargados de la producción, además de la capacidad administrativa de su padre.

Las dificultades

Sin embargo, Barmenia enfrentó dificultades durante la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno mexicano -primero con Lázaro Cárdenas y después con Manuel Ávila Camacho– revisó las inversiones alemanas en el país.

Para proteger la empresa, Alberto Hanne decidió ponerla a nombre de Ricardo Alaniz Rodríguez. La fábrica cambió su razón social a La Laguna y se expandió a Puebla con plantas de hilo y calcetines.

Tras la muerte de Hanne, La Laguna enfrentó conflictos. 

En ese contexto, Ricardo Alaniz Rodríguez formó una sociedad con el empresario Miguel Araujo Valdivia, con quien abrió peleterías en Guadalajara, Ciudad de México y León.

Ricardo Alaniz en su empresa. Foto: Arcelia Becerra

Barmenia cambió por La Laguna y continuó expandiéndose en Puebla con fábricas de hilo y calcetines.

Al morir Alberto Hanne, La Laguna y los herederos (6 hijos) enfrentaron problemas.

Ricardo Alaniz Rodríguez formó su propia sociedad con el empresario Miguel Araujo Valdivia con quien abrió peleterías en Guadalajara, México y León. 

Infancia y juventud

Ricardo Alaniz Posada tenía 10 años cuando conoció la empresa Barmenia. Vivía en la Ciudad de México y era el único varón de tres hijos.

En 1951, su papá lo envió a una escuela militar en Estados Unidos, a unas 200 millas de Washington.

“Aprendí a bastarme por mi mismo. A veces lloraba pero no había un hombro para apapacharme… para  hablar con mis papás había que iniciar el trámite una semana antes”.

Al regresar a México, ingresó al Instituto México donde conoció a jóvenes como Carlos Slim y Miguel Alemán, entrenó basquetbol con Jorge Alemán Velasco y fue testigo de la vida social de figuras como María Félix quien acudía ocasionalmente por su hijo Enrique acompañada de Jorge Negrete.

La peletería en León estaba en Justo Sierra 130 esquina Belisario Domínguez.

La encomienda

En 1954, tras concluir la secundaria, su padre le pidió trasladarse a León para administrar la peletería con una encomienda clara: 

“Tú vas a cuidar que no me roben”, le ordenó ante los constantes desfalcos del contador.

Sin experiencia, el joven comerciante se enfrentó a un mundo desconocido.

Me hablaban de tachuelas y pieles y no sabía qué hacer”.

Vivió un año en una habitación del Hotel Capri y comía en el restaurante Fausto.

Un día, al pararse frente al mostrador, entendió el negocio: los clientes pedían crédito en todo, excepto en el elástico. 

“Importábamos elástico de Alemania, Inglaterra e Italia. Todo bajo pedido y pagado por adelantado. Los zapateros chillaban por el elástico… cuando llegaba ya estaba vendido todo”.

Empresa en crecimiento

En poco tiempo surtía a las empresas más grandes de la región. Al año, la peletería se trasladó a la esquina de Rayón y 27 de Septiembre en la planta baja del edificio de Raúl Durán. El negocio cada vez vendía más.

Bien afianzado en León, Ricardo invirtió su herencia en un telar adquirido en Alemania y contrató al técnico mexicano Melchor Segovia, figura clave de la antigua.

Juntos buscaron un inmueble y rentaron una construcción en 5 de Mayo 515, donde nació Elásticos León.

Para 1962, la empresa vendía en diversas ciudades del país, operaba las 24 horas en tres turnos, contaba con unos 100 obreros, hombres y mujeres. Aumentó el número de telares traídos de Alemania y Melchor se volvió parte fundamental de Elásticos León. 

Cuando Ricardo cumplió 26 años, Elásticos León ya tenía registro en Canacintra. Años después ocupó cargos directivos en la iniciativa privada. Actualmente Grupo León cuenta con más de mil trabajadores.

Luego incursionó en la política desesperado por indiferencia de las autoridades a las necesidades de las empresas. Fue Alcalde de León y senador por Guanajuato.

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