Historia 041

Esta es la historia 041 de 450 que te contaremos sobre León

María Eloísa Jiménez Gutiérrez, considerada por críticos de arte como la más grande Miniaturista de América, nació en León el 30 de agosto de 1908, en una casa ubicada en la entonces calle de Guanajuato, hoy Madero. 

Fue hija del filarmónico Celestino Jiménez Herrera y de María Gutiérrez Andrade.

Eloísa creció en un entorno profundamente sensible al arte y a la música, rasgo que marcaría de manera definitiva su destino creativo. Su bisabuelo y su abuelo tenían gran afición a la pintura y la escultura.

De acuerdo con testimonios recogidos en diversas fuentes documentales, hemerográficas y orales -entre ellas del historiador Mariano González Leal y una biografía del exdirector del Archivo Histórico Municipal de León, Arturo Navarro Valtierra; entrevistas periodísticas de la época y narraciones familiares-, Eloísa mostró desde los ocho años una inclinación natural hacia la pintura. 

Jugaba con lápices y pinceles como si fueran muñecas”, recordaría el doctor Miguel Nájera Gutiérrez de Velasco, amigo cercano de la familia y uno de sus principales biógrafos y admiradores de su arte.

Sus estudios

Sus primeros estudios los realizó en casa con una maestra particular. Más tarde, siendo una niña, recibió lecciones de pintura en Guadalajara. A los doce años, tras ser descubierta por su madre dibujando bajo la cama a la luz de una vela, su padre comprendió la intensidad de su vocación y decidió llevarla con el maestro Antonio Segoviano, en León.

Eloísa Jiménez. Foto: tomada del libro Eloísa Jiménez y su obra

De él aprendió las bases técnicas de la mezcla de color, el sombreado y la composición, aunque la propia Eloísa solía afirmar que su verdadero maestro era la belleza: “No hay mejor maestro”, decía con convicción.

Ese mismo año obtuvo su primer reconocimiento internacional, cuando su padre envió varias de sus obras a un certamen en España. En Madrid fue premiada la pintura El viejito del sombrero ancho, hecho que marcó el inicio de una trayectoria artística precoz y constante.

Su arte en tres etapas

La vida artística de Eloísa Jiménez puede dividirse en tres grandes etapas, como lo ha señalado el historiador Navarro Valtierra. La primera, hacia finales de la década de 1930, estuvo dedicada al retrato de formato tradicional. La segunda, entre 1940 y 1950, la consolidó como una figura excepcional en la miniatura al óleo, técnica que dominó con precisión extraordinaria y que la llevó a ser considerada pionera en este género.

Las miniaturas requieren un control absoluto del pincel, un manejo delicado de la luz y la definición de rasgos en tamaños extremadamente reducidos, habilidades que Jiménez desarrolló con maestría singular.

Y la tercera etapa fue a partir de 1950, cuando retomó obras de mayor formato, sin abandonar el rigor técnico adquirido.

Exposiciones y reconocimientos

En 1939 se realizó la primera exposición de su obra en México, organizada por un grupo de damas junto con la periodista Rosario Sansores, en el Club Internacional de Mujeres. El éxito la llevó, tres años después, a exponer en la sala Ras-Martín de la Ciudad de México, donde la prensa nacional elogió su trabajo. 

En 1956, la Asociación Mexicana de Arquitectos presentó nuevamente su obra en la capital del país; varias piezas fueron adquiridas y llevadas a Estados Unidos y Europa, donde recibió nuevos reconocimientos.

Durante esa exposición, Eloísa expresó una de las frases que mejor resume su vida: “Mi vida es la paleta y los pinceles, el Iris con todos sus colores… Mi mamá recuerda los disgustos que me llevaba cuando los ojos o las bocas de las caras que pintaba no quedaban como yo quería”.

Sus frecuentes problemas respiratorios le impidieron viajar al extranjero, por lo que desarrolló su carrera en León.

Le rinden homenaje

En 1956, el Club Sembradores de la Amistad le rindió homenaje con motivo de sus bodas de plata como pintora, entregándole una medalla de oro en el Hotel León. En 1980, el Ayuntamiento de León le otorgó la Constancia al Mérito Ciudadano, reconociéndola como una de las figuras culturales más destacadas de la ciudad.

Especialista en el retrato -humano, íntimo y profundamente expresivo-, Eloísa Jiménez trabajó principalmente al óleo sobre masonite y tela. Sus miniaturas, comparadas por críticos con la obra del pintor francés Eugène Isabey, le valieron calificativos como “Auténtica poetisa del pincel” y, de manera definitiva, el reconocimiento como “La Miniaturista de América”.

Retrato al óleo del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt. Foto tomada del libro Eloísa Jiménez y su obra

A pesar de haber recibido ofertas relevantes por sus pinturas, entre ellas un retrato al óleo del presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt, Eloísa conservó siempre su producción. No accedió a vender el retrato.

En la etapa final de su vida, la disminución de sus facultades visuales la llevó a abandonar la miniatura y canalizar su ímpetu creativo en el retrato y el bosquejo con crayón.

De carácter reservado, humilde y silencioso, rehuía hablar de sí misma. Regalaba muchas de sus obras a amistades, al punto de que, como recordaría su hermana María de la Luz, “medio León tiene cuadros de ella”.

Murió ‘silenciosamente’

El doctor Miguel Nájera Gutiérrez dio a conocer el fallecimiento de Eloísa, ocurrido la madrugada del 28 de octubre de 1990, a la edad de 84 años, en la casa que habitaba en la calle Gante.

La esquela decía: 

Señorita Eloisa Jiménez Gutiérrez

Murió silenciosamente como fue en su vida,

León, su tierra natal, México y América sentirá la pena de saber que sus manos ya no se moverán, pero conservaremos el orgullo de saber que Dios la hizo la más grande miniaturista y retratista que nos dejó su obra eternamente.

Descanse en paz la gran pintora.

Algunas de sus obras

En su casa, Eloísa conservaba un centenar de obras: rostros de niños, ancianos, hombres y mujeres, todos marcados por una serenidad. 

Después de la muerte de la artista, su hermana María de la Luz, dijo que Eloísa fue silenciosa y reservada, “rehusaba hablar de sí misma;  Ni a nosotros nos permitía saber muchas cosas de ella”.

El historiador Mariano González Leal ha compartido su cercanía con Eloísa y sus hermanas María de la Luz y María, en “La Casa Eléctrica”, negocio propiedad de su padre Don Celestino Jiménez, donde se ofrecían los pianos marca Weinsenbach. La tienda estaba en la Plaza Principal.

Las hermanas mostraban afecto hacía el joven Mariano, quien frecuentemente acudía a La Casa Eléctrica. El historiador ha sido fundamental para reunir obras de la artista que forman parte del patrimonio cultural de León.

Hoy, su legado forma parte de colecciones privadas y públicas. Aunque en León existe una galería que lleva su nombre en la Casa de la Cultura Diego Rivera, sus obras pueden apreciarse en el Museo de la Ciudad ubicado en Pedro Moreno a unos pasos del Teatro Doblado.

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