Historia 060
Esta es la historia 060 de 450 que te contaremos sobre León
En noviembre cumplirá 95 años. A esta edad, sigue disfrutando pasar tiempo en su oficina, rodeado de objetos que narran su vida: figuras de bronce de Francisco Villa y caballos, fotografías de su padre y de su hijo Fernando, pinturas y libros.
Desde ahí participa activamente como presidente en los consejos de las empresas de transporte urbano Francisco Villa y GrupoTaxitel, hoy las más grandes de León, cuyos proyectos inició a principios de los 60s y consolidó a fines de los 90s.
Hablar con Don Fernando García Murguía es hablar de transporte. Se entusiasma cuando explica lo que este oficio significa para él:
El transporte siempre es movimiento. Está uno libre. Nunca está uno parado”.
Para García Murguía, el éxito de cualquier empresa radica en la capacidad de evolucionar. Lo explica con un ejemplo:
“Si vendes cacahuates en la plaza con cáscara, luego hay que vender cacahuates sin cáscara, luego bolsitas de cacahuates y después, dulce de cacahuate y así sucesivamente”.
Esa idea ha guiado su trayectoria. Incluso hoy, se mantiene atento a los cambios tecnológicos. “Ya no pensamos en la gasolina, sino en la electricidad”, afirma, convencido de que el transporte exige adaptación constante. Actualmente los transportistas “prueban” unidades eléctricas.
No todo es fácil en el negocio del transporte, advierte, “si lo haces bien, es noble; si lo haces mal, sobrevives nomás. Cuando una empresa no reinvierte y se gasta el dinero mientras el parque vehicular se deteriora, termina fracasando”.
Orígenes y formación
Fernando García Murguía nació en el seno de una familia trabajadora. Su padre Fernando García Ávila fue ingeniero mecánico, estudió en Detroit y allá trabajó en Overland Willys. Al volver a su tierra fue contratado por Celanese Mexicana. Su madre, María del Carmen, fue el eje de una familia con cinco hijos.
La familia García Murguía vivía en Tangancícuaro, Michoacán, cerca de Uruapan. “Vivíamos bien, teníamos una buena casa”, recuerda Fernando.
Su abuelo, nacido en los Altos de Jalisco, vivió unos años en León y después migró a Uruapan en donde fue dueño de un aserradero.
Desde joven, Fernando prefirió el trabajo que los estudios. Al terminar el primer año de preparatoria, abandonó la escuela. Con el tiempo, se arrepintió.
“Fue una tontería no estudiar; después quise hacerlo, pero ya no se pudo, había otras responsabilidades”.
El primer camión y la obra
Tenía 17 años cuando dio el primer paso en el transporte. Pidió dinero prestado a su padre y a amigos para comprar su primer camión de volteo, aprovechando el auge de la construcción.
“Yo mismo lo manejé un tiempo, trabajando principalmente para la ICA, la empresa Ingenieros Civiles Asociados, de Bernardo Quintana… me gustaba ver las obras”.
Ese contacto cotidiano con la ingeniería despertó su interés por aprender. Mientras transportaba materiales, pidió que le dieran trabajos “a destajo”. Leía, tomaba cursos y se preparaba sobre la marcha.
“Había obras en todo el país”, cuenta. Pronto comenzó a recibir contratos para ejecutar partes de proyectos, revestimientos. Utilizaba su camión, rentaba maquinaría y contrataba lo que no tenía. Iba de ciudad en ciudad, tras el trabajo.
Recuerda que participó como contratista en la hidroeléctrica El Infiernillo y con las utilidades compró otra tolva, luego un trascabo y formó una pequeña empresa.
El encuentro con León
La llegada a León fue inesperada. Acompañó a su novia María Irene -quien más tarde sería su esposa- a una boda a mediados de los 50s.
“Me gustó mucho León”, dice Don Fernando quien aprovechó para visitar familiares de sus padres y saludó a empresarios, entre ellos José Ramírez, de la panificadora La Central.
La ciudad lo impactó por su dinamismo. León ya era un centro industrial. Había casi 450 mil habitantes. “Tenía mucho movimiento, a diferencia de donde yo vivía. Se me metió León en la cabeza”.
De regreso a Uruapan, no dejaba de pensar en establecerse en León, así que exploró oportunidades de negocio.
Los negocios antes del transporte
Eduardo, hermano de su novia, tuvo la misma idea que Fernando. Abrió en León la tienda de ropa “Eduardo”, en Portal Guerrero No. 10.
A Fernando se le ocurrió un negocio de maquinitas tragamonedas que instaló en la Miguel Alemán, a fines de los 50s, con el nombre Diversiones Modernas. Un año antes, trabajó en México en la distribuidora de las máquinas para aprender a repararlas y así ahorrarse el costo de las reparaciones.
Muy pronto se arrepintió del negocio debido a las críticas de padres de familia que se publicaban en periódicos, “entendí que tenían razón, las maquinitas distraen del estudio a niños y jóvenes”.
Decidido a cerrar Diversiones Modernas, Fernando siguió el ejemplo de Eduardo. Fue a la Ciudad de México a buscar proveedores de ropa y conoció a Simón y Pepe Zaga, fabricantes de camisas, quienes lo dejaron usar la marca como nombre de la tienda. Abrió Camisería Zaga en la calle Hidalgo No. 10 y acabó con las tragamonedas.
En 1959 se casó. Ambos atendían la camisería hasta que Fernando inició un nuevo negocio con apoyo de un primo de Zamora que distribuía vidrio plano. Abrió Vidriería Arco Iris en 1975 en la esquina de Miguel Alemán y Pino Suárez. La vidriería prosperó.
García Murguía, desde la vidrieria, observaba los taxis y así conoció a un conductor apodado “El Polaco”. Se hicieron amigos y aprendió el oficio, “le dije que cuando supiera de un taxi en venta, me dijera”.
Muy pronto compró su primer taxi y a partir de entonces, cada peso que ganaba, “su destino era ahorrar para comprar otro y otro”.
La Vidriería Arco Iris cerró en 1994 tras la muerte de su primo y la devaluación. Tuvo una crisis económica que superó gracias a los taxis.
En los 90s, García Murguía ya figuraba como un líder del transporte en León. Organizaba a propietarios y choferes, a veces como trabajador y otras como concesionario. Igual se reunía con dirigentes de CTM y CROM que con gobernadores.
Los taxis pronto lo introdujeron al transporte colectivo y compró su primer camión, un microbús Chevrolet 1985, que recorría la Miguel Alemán y llegaba al centro de la ciudad.
Sorteando buenas y malas épocas, Fernando García sentó las bases de las empresas que hoy son referentes en esta ciudad.
García Murguía tuvo un despegue económico definitivo en el 2000 con la línea de transporte Francisco Villa, al asignársele la Ruta 8, con el recorrido Centro-Blasito-Deportiva y miles de usuarios.
Además del éxito económico, García Murguía fue reconocido por gobiernos estatales y municipales, priistas y panistas, como portavoz de transportistas en programas de modernización, distribución de concesiones de autobuses y taxis y asignación de rutas.
En 1993, García Murguía creó Taxitel y el primer call center de taxis en México.
En 1990, apoyó la creación de la Coordinadora del Transporte, hoy Transportistas Coordinados de León. Está unión, actualmente de 19 empresas, fue fundamental para concesionarios y gobiernos al ser el primer paso del Sistema Integral de Transporte -SIT- en 2003.
En el 2000, instaló los primeros contadores de pasajeros en México y hasta el día de hoy, siguen vigentes.
En el 2001, tomó la iniciativa, en conjunto con el gobierno estatal, para crear el primer sistema de prepago en México, y en el 2017 propuso instalar aire acondicionado en las orugas.
Actualmente, los transportistas prueban dos autobuses eléctricos en las calles de León. “hay que ir con lo que el mundo ha hecho, hay que ir con la modernidad”, afirma Don Fernando García Murguía.
Charro de corazón
Don Fernando García Murguía muestra su afición a los caballos en todos los muros de su oficina, “en la casa de mis padres había caballos, en la casa de mis abuelos también”.
En León fue presidente de la Asociación de Charros y ha sido impulsor de este deporte. En este ambiente conoció grandes amigos, recuerda.
Ha montado caballos toda su vida, incluso, recientemente ha mostrado su destreza a su familia y amigos.

“Aún es charro”, preguntó AM a García Murguía.
Respondió de inmediato: “Sí, cómo no… mi aspiración siempre ha sido mi caballo de rienda, un caballo bonito. Me gusta promover las suertes de la charrería, el deporte mexicano por excelencia”.
Su suerte favorita es el paso de la muerte, pero prefiere las “calas”, porque en ellas se aprecia la educación, destreza y la belleza de los caballos.
Orgulloso de su capacidad física, Fernando García muestra videos y fotografías de una reciente reunión con amigos durante la cual montó uno de sus caballos favoritos, “tordillo”.
Este año, Don Fernando García Murguía cumplirá 95 años y con una sonrisa se despide, “voy a vivir más de 100 años”.
DAR
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