Historia 171

Esta es la historia 171 de 450 que te contaremos sobre León

En el Barrio del Coecillo, donde los oficios se aprendían en casa y el trabajo se forjaba con las manos, comenzó hace más de un siglo una historia que hoy sigue presente en miles de cocinas mexicanas.

Ahí, en 1912, don Félix Vilches Zúñiga inició un pequeño taller de cuchillería dentro de su hogar, sin imaginar que aquel oficio artesanal se convertiría, con el tiempo, en una empresa con presencia nacional.

El origen: fuego, metal y oficio

El trabajo era completamente manual.

Don Félix utilizaba una fragua —un fogón de carbón—, un ventilador manual para mantener el fuego y un marro con el que, a golpes, daba forma al acero.

Taller de don Félix, en la calle Herreros. Foto: Cortesía de la familia Vilches

Los primeros cuchillos fueron fabricados para clientes de la curtiduría y el comercio del Coecillo, en una época en la que cada pieza requería tiempo, precisión y fuerza.

Hace más de 100 años, comenzaron a salir de ese taller los primeros cuchillos “Vilches”, que hoy siguen presentes en cientos de hogares en México.

Heredar el oficio

Don Félix murió en 1940. El negocio quedó en manos de sus hijos, Donato y Alberto Vilches Ríos, quienes continuaron con el trabajo en el mismo taller.

Con el paso de los años, la demanda creció.

La familia comenzó entonces la construcción y el equipamiento de una fábrica, marcando el paso de lo artesanal a lo industrial.

Al principio, todo el trabajo era manual. Foto: Cortesía de la familia Vilches

El salto a la fábrica

Para 1990, tras el fallecimiento de Donato y Alberto, los hermanos Jaime y Joel Vilches Mares, hijos de Alberto, tomaron el control del negocio.

Ese mismo año inauguraron la fábrica de cuchillos “Vilma”, ubicada en la calle San Cayetano, lo que implicó el cierre del antiguo taller en la calle Herreros, donde había comenzado la historia familiar.

Materiales que cuentan historia

Joel Vilches recuerda que su abuelo trabajaba con recursos limitados, pero con gran ingenio.

Joel Vilches Mares, nieto de don Félix Vilches Zúñiga. Foto: Luz Elena Escobar

Utilizaba acero proveniente de autopartes, conocidas como muelles, mientras que los mangos se elaboraban con hueso de res, aluminio o bronce.

Mi abuelo fabricaba cuchillos, sables y machetes. En aquel entonces el material lo conseguía de una pieza de los coches, para el mango del machete compraba cuernos de res en el rastro, para los cuchillos y sables el mango era de aluminio y bronce, entonces eran muy baratos los metales… y todo lo hacía a mano”, contó Joel.

Comentó que el machete dejó de fabricarlo por la escasez de cuernos de res e incluso una temporada consiguió cuernos en el rastro de Morelia; sin embargo, el traslado y la espera era muy costoso, por lo que dejó de fabricarlo.

“Luego de que murió mi abuelo, mi padre Alberto y su hermano Donato, comenzaron con la construcción de la fábrica y la compra de maquinaria, pues los cuchillos ya no se hacían a mano, ya había máquinas y equipo que podía hacer el proceso”, compartió.

De 24 cuchillos a miles

En sus inicios, Don Félix fabricaba en promedio 24 cuchillos al día.

Hoy, la producción alcanza los 30 mil al mes, es decir, cerca de mil piezas diarias.

El proceso también cambió.

Ahora comienza con la compra de acero, que se corta en tiras rectangulares para formar el molde del cuchillo. Después se perfora, se templa, se pule, se coloca el mango —actualmente de plástico—, se afila, se limpia y finalmente se empaqueta.

Diversificación y mercado

Además de cuchillos domésticos, la empresa fabrica herramientas especializadas para la agricultura, como cuchillos para la cosecha de lechuga, apio y mango, así como espátulas y picahielos.

Sus productos se distribuyen en León, Irapuato, Celaya y San Francisco del Rincón, y también llegan a empacadoras en Mazatlán, San Blas, Culiacán y Zamora.

Tenemos clientes en todo el país e incluso mi abuelo Félix viajó varias veces a Tepito a vender sus cuchillos. En Guadalajara tenemos un cliente que le fabricamos espátulas y él las exporta a Estados Unidos, hacemos cuchillos para los agricultores de mango en Sinaloa”, relató Joel.

Un negocio que se expandió

Además de la fábrica, la familia cuenta con seis ferreterías en León.

Cinco de ellas están enfocadas a la venta al menudeo, mientras que una, ubicada en el libramiento José María Morelos, opera únicamente con venta al mayoreo.

En todas se comercializan sus propios productos.

Un legado que sigue cortando historia

Para Joel Vilches, el crecimiento del negocio se debe a la calidad de los materiales, la seguridad en el ensamble, el filo y el diseño de cada pieza.

Juan, Joel Vilches y Octavio, en la fábrica de cuchillos Vilma. Foto: Luz Elena Escobar

Pero, sobre todo, al trabajo y la constancia heredados por su abuelo.

El cuchillo, dice, es una herramienta indispensable desde siempre.

Y también, una forma de contar la historia de una familia que, desde el Coecillo, logró transformar un oficio en industria.

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