San Pedro Garza García, en el estado de Nuevo León, en México, es un municipio singular: pequeño, con menos de 150 mil habitantes y con el producto interno bruto (PIB) per cápita más alto de América Latina. Durante años fue gobernado por el Partido Acción Nacional (PAN), que lo consideraba su “joya de la corona” en cada contienda electoral. En 2018, sin embargo, hubo una ruptura inesperada: Miguel Treviño, un candidato independiente sin una trayectoria tradicional en el gobierno, logró, contra todos los pronósticos, la victoria. Fue un golpe al status quo político de la ciudad.

Sergio Fajardo V.
Fragmento del prólogo del libro Contracorriente escrito por Miguel Treviño.

En Contracorriente, Miguel Treviño de Hoyos comparte su visión de la política como una actividad noble. Su enfoque se centra en motivar a la próxima generación de mexicanos. 

Treviño afirma que el reto de México radica en que los jóvenes más íntegros y talentosos no ven el servicio público como un camino de desarrollo.

Con su libro basado en su experiencia como alcalde de San Pedro Garza García durante seis años  (2018-2024), pretende motivar a los jóvenes convencido que los gobiernos democráticos necesitan de las nuevas generaciones.

La propia historia del ex alcalde independiente de San Pedro Garza García rompe con la idea del político tradicional y demuestra que es posible transformar una ciudad desde fuera de los partidos.

El libro Contracorriente es una guía práctica para quienes aspiran a involucrarse a cambiar su comunidad. Plantea el rompimiento de inercias y demuestra  que la participación ciudadana sí produce resultados.

Treviño envía un mensaje directo: la política sigue siendo un camino válido y necesario para los jóvenes que quieren construir un futuro mejor.

AM reproduce fragmentos para nuestros lectores, fragmentos de la introducción a Contracorriente, que consta de siete capítulos. La sola introducción a Contracorriente es una muestra de que podemos ser una mejor sociedad.

Introducción a Contracorriente

“El universo conspira contra los resultados del gobierno”. Así describí, desde el inicio de mi gestión como alcalde de San Pedro Garza García en 2018, los desafíos que enfrenta una administración determinada a cambiar el rumbo de las cosas. Este relato es el testimonio de cómo, desde un gobierno independiente, decidimos enfrentarnos a esa fatalidad, demostrando que, incluso en entornos diseñados para perpetuar inercias, es posible transformar realidades con una visión clara, trabajo disciplinado y un equipo comprometido.

San Pedro Garza García, un municipio en el noreste de México, ubicado en Nuevo León, pasó de ser una comunidad rural en el siglo XX a convertirse en un referente nacional de progreso y calidad de vida en el siglo XXI. Sin embargo, en un país donde la pobreza urbana plantea problemas más urgentes que el rescate de espacios públicos, San Pedro suele ser visto como un caso de estudio poco relevante para otras urbes de México o América Latina, bajo la premisa de que “ahí hay dinero”. Este enfoque simplista ignora realidades más complejas que hacen de San Pedro un laboratorio clave para entender los retos urbanos.

Por un lado, este municipio también tiene zonas de marginación media, donde políticas sociales eficaces son cruciales para garantizar derechos, avanzar hacia la equidad en la calidad de los espacios públicos y mitigar el resentimiento y la polarización.

Por otro lado, la abundancia de recursos públicos y privados, junto con liderazgos políticos y económicos que tradicionalmente han respaldado el paradigma de la ciudad centrada en el automóvil, hace que el desafío de transformación sea aún más retador. Derribar ese muro implicó desafiar maneras de entender el espacio público profundamente arraigadas tanto en la política como en la cultura local.

Derribar ese muro implicó desafiar maneras de entender el espacio público profundamente arraigadas tanto en la política como en la cultura local.

Mi intención como exalcalde de San Pedro Garza García es demostrar que ese cambio fue posible y que las estrategias implementadas, los retos enfrentados y los aprendizajes generados, pueden ofrecer claves útiles para la gestión urbana en contextos diversos. Este libro busca documentar el proceso, los métodos y las decisiones que guiaron la transformación, mostrando que incluso las ciudades con más infraestructura y recursos enfrentan barreras significativas al cambio.

Estos retos y aprendizajes se traducen en decisiones, inversiones y acciones que definieron la transformación del municipio. A lo largo de estas páginas encontrarás el relato de cómo enfrenté este desafío junto con un equipo comprometido. En seis años invertimos más de 5 mil millones de pesos en infraestructura, más que en los 15 años anteriores. Sin embargo, ni un solo peso se destinó a puentes o pasos a desnivel, como es la costumbre en cientos de municipios urbanos.

Nuestra apuesta fue revitalizar los espacios públicos. Pasamos de un municipio con una vida social centrada en centros comerciales a una ciudad con parques llenos de vida, aceras caminables y paisajes despejados de cables que revelan la belleza de nuestras montañas. Transformamos un esquema de seguridad basado en acuerdos informales en una estructura evaluada como la más confiable del país, gracias a policías mejor capacitados y apegados a principios claros. A pesar del desgaste que implicaron estas decisiones, logramos la reelección por un amplio margen, aunque no sin detractores. Hoy, es imposible negar que el rumbo de la ciudad cambió.

Este relato no pretende ser un manual para ser el alcalde siempre querido, ni una crónica del político que evita conflictos para asegurar su próximo cargo. Es, más bien, un testimonio de cómo “hackeamos” un sistema diseñado para dificultar los cambios, enfrentando periodos cortos, trabas legales, inercias burocráticas, celos partidistas y constantes imprevistos. Al compartir estas experiencias, mi objetivo es ofrecer herramientas prácticas para otros gobiernos comprometidos con transformar sus comunidades. No se trata de pintar un camino idealizado; hubo momentos llenos de confusión, así como decisiones erráticas y procesos frecuentemente ineficientes. Pero también hubo innumerables aciertos que pueden ayudar a otros a acortar sus curvas de aprendizaje.

Decidí organizar el libro por temas y no de manera cronológica. Este enfoque tiene la desventaja de dejar fuera un número importante de crisis y coyunturas difíciles que enfrentamos, lo que podría dar al lector la falsa impresión de que las cosas caminaron con mayor claridad, orden y parsimonia de lo que realmente ocurrió. La realidad fue mucho más compleja. Para mitigar esta limitación, he procurado incluir ejemplos específicos de nuestros errores más graves, las crisis más complejas y los procesos de trabajo que no funcionaron. Creo firmemente que aprender del pellejo ajeno —en este caso, el nuestro— puede ayudar a otros gobiernos a enfrentar los retos con mayor preparación.

El primer capítulo, “Entrarle”, explora las dudas, dilemas y riesgos de un ciudadano que decidió involucrarse en la política y, además, hacerlo como independiente. Al final, comparto algunas estrategias que pueden ser útiles para quienes, como David, deciden enfrentarse a un Goliat político.

El segundo capítulo, “Visión”, me lleva de vuelta a mi infancia y adolescencia. La visión de un gobierno transformador no se desarrolla mirando hacia afuera, surge de los deseos más íntimos y de las añoranzas de la infancia. Al compartir estos anhelos con otros ciudadanos, logré que algunos partidarios se sumaran a la causa, enriquecieran la visión y la transformaran, de un sueño individual, en una misión compartida por todo un equipo. Este capítulo destaca los mecanismos específicos que usamos para garantizar que esa visión original guiara nuestro trabajo desde el primer día hasta el último.

El tercer capítulo, “Equipo”, aborda la conformación de un equipo excepcional. El equipo que tuvimos en San Pedro entre 2018 y 2024 fue único en su tipo, con una combinación de talento, integridad y pasión difíciles de encontrar. Aunque algunos factores quizá se deban a la fortuna que acompaña a los proyectos improbables y nobles, muchos otros se pueden entender y replicar. En este capítulo reflexiono sobre elementos fundamentales para el éxito de un equipo, como son el talento, la integridad y la pasión, pero también sobre aspectos menos valorados, como la tensión constante, los contrapesos y la incomodidad creativa. 

Este equipo nunca llegó a su zona de confort, pero desarrolló un estilo de trabajo único con un gran potencial transformador. Este estilo de juego es el tema del siguiente capítulo.

El cuarto capítulo, “Principios”, se centra en los principios que dieron forma a nuestra cultura de trabajo: los valores que reforzaron nuestra identidad, nos impulsaron a servir mejor, mantuvieron la cohesión del equipo y nos dieron la fuerza adicional para concretar proyectos ambiciosos. Cada principio está encapsulado en frases sencillas y memorables, las mismas que repetí durante seis años para que el equipo las interiorizara.

El quinto capítulo, “Rutinas”, es el más técnico y detallado del libro, diseñado para cualquiera que quiera liderar una organización eficaz. Aquí presento de manera sistemática la importancia de la persistencia, comenzando por el principio básico: si un reto es importante, dedícale tiempo una y otra vez hasta resolverlo. Estas repeticiones, combinadas con un método disciplinado, convierten las rutinas en herramientas poderosas. Como “gota a gota, el agua horada la roca”, en este capítulo comparto nuestra manera de perforar la dureza.

El sexto capítulo está dedicado a lo que considero nuestro experimento más relevante en términos de gestión: el trabajo transversal. Hasta antes de nuestra experiencia en San Pedro, no había vivido personalmente gobiernos que funcionaran de manera verdaderamente transversal, en los que funcionarios de distintas dependencias colaboraran de forma cotidiana, sostenida y en comunión en proyectos complejos. Este enfoque es crucial para escalar y profundizar las transformaciones en los cortos periodos gubernamentales, rompiendo la lógica de silos que caracteriza a muchas administraciones. 

En el séptimo capítulo, “Decisiones”, se aborda la tarea más solitaria y no delegable de quien recibe el mandato de gobernar: tomar decisiones. Pocas cosas son más peligrosas para una comunidad que un gobernante eficaz, pero mal orientado en sus decisiones.

Algunos intentan eludir esta responsabilidad, especialmente cuando se trata de decisiones impopulares, abrazando una idea equivocada de democracia en la que se consulta a la ciudadanía qué hacer y qué no hacer. 

Sin embargo, esta práctica no es más que una forma de populismo. El gobierno democrático que necesitamos reivindicar es aquel que asume la responsabilidad de tomar decisiones difíciles, guiado por una visión clara presentada en campaña y el compromiso de cumplir las promesas hechas.

Frente a esta trampa, de la que nadie está exento, es crucial contar con mecanismos claros que nos mantienen conectados a la realidad. En mi caso, esta conexión provino de mi familia, mis aliados y los integrantes del equipo quienes me ayudaron a conservar (o recuperar cuando la perdí) la sensatez en momentos críticos.

En este último capítulo comparto tanto mis aciertos como mis errores al enfrentar el reto de tomar decisiones en contextos complejos.

Aunque no dediqué un capítulo completo a ello, considero esencial destacar el origen de la fuerza más profunda de este proyecto político; una brújula moral. Incluso en medio de decepciones -cuando los secretarios cuestionaron al alcalde y a sus compañeros, cuando los ciudadanos manifestaron su frustración con el gobierno o cuando mis principales aliados externos discreparon con algunas de mis decisiones- hubo un pegamento que resistió las crisis y los desencantos. Este pegamento fue una ética del servicio público que definió a quienes formamos el gobierno.

Desde la campaña de 2018, reiteré en cada reunión la importancia de un gobierno que navegaría junto con los ciudadanos: un gobierno transparente, libre de corrupción y sin agendas ocultas. Muchos ciudadanos han perdido la confianza en los gobiernos y en los políticos; esa confianza sólo regresará cuando perciban que las decisiones están guiadas por una brújula moral clara y consistente.

Me entusiasma la idea de que este libro llegue a manos de jóvenes que están buscando su llamado. Quiero que encuentren aquí un ejemplo concreto de cómo es posible transformar desde el gobierno. Que sepan que la política es una actividad honorable desde la que se puede mejorar la vida de muchas personas. Que vean que es posible convertir nuestras ciudades en lugares más habitables y humanos.

Esta es la historia de ciudadanos comunes que, sin experiencia previa en el gobierno ni afiliación a partidos políticos, asumieron el principio de que, en democracia, todos tenemos derecho a gobernar. Esta es nuestra experiencia y podría ser también la tuya.

AAK

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