Para Lizbeth Villalvazo Millán, de 42 años, ser madre es uno de los mayores logros como mujer, a parte de su carrera como gerente de una agencia de seguros y fundadora de una asociación de ayuda a niños con autismo en Irapuato.
Después de perder a dos bebés, la llegada de su hija Regina, la mayor de dos hijos, fue una gran alegría, al verla llena de vida, a parte del ángel que tenía al interactuar con la gente.
Los miedos de los dos abortos anteriores se resolvieron con terapia, mientras esperaba la llegada de Regina, comprometiéndose a disfrutar el embarazo el tiempo que durará para no esperanzarse y que doliera la pérdida, si se llegaba a presentar.
“…Fue así como llegó mi niña mayor, me encomendé mucho a la Virgen y a Dios, y ahora con el tiempo me he dado cuenta de que esos bebés no nacieron porque seguramente venían con alguna discapacidad, y Dios nos da lo que podemos cargar”, comentó.
Sebastián, su hijo menor, fue otro milagro, aunque en esta ocasión le tocó sortear, en compañía de su marido y Regina, un nuevo reto, que fue descubrir que su hijo tenía un trastorno, autismo.
“No sabíamos qué pasaba con él, ahora sabemos que tiene autismo fue difícil, pero ha traído muchas cosas buenas, nos ha hecho valorar más lo que tenemos, por ejemplo Regina no tiene una discapacidad, pero igual necesita atención y que reconozcamos sus habilidades y todo lo que realiza”, confesó.
Sortear el cuidado de los dos pequeños, que se ganan con casi dos años de diferencia es una tarea complicada, que todavía no se puede equilibrar y la que todos los días le enseña algo nuevo a Villalvazo Millán.
“Prácticamente tenía yo gemelos, hubo algo difícil, en lugar de que Sebastián pudiera avanzar gracias a su hermana, Regina fue la que estuvo retrocediendo (…) con Sebastián vivimos una etapa de miedo, de duda, de dolor, porque no sabíamos qué estaba pasando, y luego el diagnóstico que nos dieron fue fatal, porque nos dijeron que no iba a poder hacer nada en la vida”, recordó.
La fundación de Clima (Clínica Mexicana de Autismo) fue una manera de no sólo dar las primeras terapias para Sebastián y comprender el trastorno que padecía, también fue una forma de apoyar a las familias que pasaban por medio de una situación similar o igual.
“Las primeras terapias con Sebastián me ocasionaban mucha angustia pero, también me pasaba que no me quería entusiasmar ni esperanzar, cuando empezamos a ver el avance fue cuando empezamos a entender, qué se tenía que hacer, cuándo, cómo, era una confusión de ideas al inicio, pero después todo se fue acomodando”, explicó.
Lizbeth es aparte, directora de operaciones de una aseguradora para Guanajuato y Querétaro, además de ser esposa, hija, amiga y mujer, trabajos que a veces cuesta trabajo atender y darse un espacio para respirar.
“A veces se llega a complicar pero al final del día, resuelves, este 10 de mayo festejaría que mi madre sigue conmigo, las experiencias que he tenido me han enseñado a valorarla más, como mujer pienso que somos mamás todo el año, es padre que nos chiqueen ese día pero debería ser todo el año, la satisfacción de ser mamá es ver el resultado de lo mismo, de ver cómo se están desarrollando y ver cómo serán como adultos, porque de alguna manera es todo lo que tú hiciste por ellos, lo que invertiste”, finalizó.
Ser mamá, el mejor trabajo
Para Alejandra Granados de 38 años de edad, ser mamá es el mejor trabajo del mundo.
“El ser mamá es una gran satisfacción que no se puedo describir, pero es importante que se nos reconozca un día porque somos un complemento para la ciudadanía”.
Alejandra, celebra este 10 de mayo, vigilando las instalaciones del Centro DIF Vasco de Irapuato.
A cuatro meses de trabajar como vigilante, la caseta de policía que se encuentra a la entrada del Centro DIF se ha convertid en su espacio para desempeñar su labor, como muchas de las mujeres que sirven al país en una profesión que décadas atrás estaba reservada para los hombres.
Es por ello, que en el marco del día de la madre, Alejandra festeja su día velando por la seguridad de la ciudadanía.
“Para mí como mujer es de suma importancia, creo que nosotras hemos hecho un gran avance a través de los años, nos hemos profesionalizado, hemos hecho cosas que antes no se hacían y hemos aportado en mucho a este país” dijo Alejandra.
Quien día a día, es una mujer que se supera y a pesar que su trabajo es riesgoso ella está feliz de poder apoyar en los estudios de sus hijos “Es una labor muy difícil, tengo mucha responsabilidad, me encargo de controlar los ingresos y estar monitoreando llevando a la gente a las diferentes áreas”.
Alejandra tiene 21 años de estar casada con J. Guadalupe González, es mamá de Abraham, Alejandra y Juan Israel González Granados de 20, 16 y 6 años respectivamente.
Y aunque asegura que combinar su trabajo con ser mamá es complicado, se da el tiempo para platicar con sus hijos, procurarlos y compartir momentos con ellos.

Nadie como ‘Doña Lety’, mujer cabal

María Leticia Ortiz Jiménez es una mujer fuerte, emprendedora y luchona, quien día con día trabaja arduamente en el negocio familiar, una tienda de abarrotes que atiende junto a su esposo Juan y su hija Perla quien es su mayor motivación y llena de alegría su vida.
Doña Lety, como la llaman sus conocidos se define como una mujer trabajadora, sincera, alegre, cabal y amigable aunque de carácter fuerte, pues le gusta ejercer autoridad, cuestión que le ha otorgado respeto.
“Para mi ser mamá significa todo, porque es levantarse temprano todos lo días, porque una lucha diario para sacar adelante a sus hijos, es lo mejor que me ha pasado en la vida”, señaló.
Hace algunos años, Leticia estuvo enferma de una fuerte infección en los pulmones, por la que duró 2 meses en el hospital y necesito de mucho tiempo de terapia para volver a sentirse sana y fuerte, siendo su familia el principal motor para mejorarse.
“Pensé que ya nunca iba a ver a mi familia, y a mi gente que tanto quiero, sentía que no iba a salir de eso, pero gracias a Dios que me dio fuerza ahora estoy bien”
Ella es creyente de la Virgen de Guadalupe, a quien cada año le organiza rosarios y una fiesta, ya que “La Morenita”, como la llama por cariño, le ha dado fuerzas para salir de múltiples problemas que ha enfrentado a lo largo de su vida.
“He hecho sacrificios por mi hija igual que todos los padres, trabajo arduamente para que a ella nunca le falte nada, para que el día de mañana sea una persona que tenga suficiente valerse por si misma”, dijo.
Ha llevado una vida llena de satisfacciones, cuando era joven siempre se divirtió, con su pasatiempo favorito el baile, actividad que realiza hasta hoy, en fiestas familiares.

Es madrey soprano

Monserrat Rivas es una mamá que además de educar con empeño a su pequeña hija se ha superado y tiene un talento en su voz que le permite ser soprano.
Monserrat Rivas Franco de 27 años de edad, estudió bachillerato y licenciatura trunca de Cantante de Ópera y Concierto en el Conservatorio Nacional de Música, es maestra de canto en la casa de la cultura, recepcionista y apoya a su mamá en un negocio para salir adelante junto a su pequeña.
“Soy mamá de una pequeña de 2 años 9 meses, se llama Elizabeth, estoy trabajando para darle un futuro sólido y luego no batallar, también impulso un pequeño negocio de mi mamá”, dijo Monserrat Rivas.
Para impulsar a su hija, la joven soprano desarrolla las múltiples ocupaciones que tiene a fin de guardar tiempo para la pequeña Elizabeth a la cual a futuro, le gustaría que fuera soprano, que se dedique a las artes aunque también considera que su hija podrá dedicarse a otra profesión.
“Si fuera soprano mi niña, yo sería muy feliz, me encantaría que las 2 cantáramos juntas”, resaltó.

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